La caridad de Jesús: «se saciaron»

REFLEXIÓN PARA EL XVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

La caridad de Jesús: «se saciaron»

 

La liturgia de este XVII Domino del Tiempo Ordinario interrumpe la lectura del Evangelio de Marcos, para comenzar la lectura del capítulo 6 del Evangelio de Juan. Dios es generoso. Durante cinco domingos seguidos se proclamará en el Evangelio el discurso de Jesús sobre el «pan de vida». Dios se vale del profeta Eliseo y de su criado para alimentar a su pueblo hambriento (1 lect.). La multiplicación de los panes y peces es el gran signo de la era mesiánica: Dios sacia el hambre de su pueblo (Ev.). Pablo exhorta a conformar la vida según la vocación a la que Dios llama (2 lect.).

Un gesto que podemos observar en el Evangelio de hoy es la caridad. Jesús hace de la caridad el mandamiento nuevo (cf Jn 13, 34). La caridad es definida como «la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas por él mismo y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor de Dios» [1]. Es más, la caridad es «fruto del Espíritu y plenitud de la ley, la caridad guarda los mandamientos de Dios y de Cristo» [2]. Y, gracias a la caridad, obtenemos «por frutos el gozo, la paz y la misericordia» [3].

Hay que subrayar como antes de multiplicar los panes, Jesús  los bendijo con una oración de acción de gracias (cf. v. 11).  «La Eucaristía aquí está como anticipada en el gran signo del pan de vida» [4].

«Se saciaron». Esa misma sensación de la muchedumbre tras comer el pan es la misma que se nos tiene que hacer presente a nosotros cada vez que nos acerquemos a la Eucaristía. «El encuentro con Jesús en la santa misa se realiza verdadera y plenamente cuando la comunidad es capaz de reconocer que él, en el Sacramento, habita su casa, nos espera, nos invita a su mesa, y luego, tras disolverse la asamblea, permanece con nosotros, con su presencia discreta y silenciosa, y nos acompaña con su intercesión» [5].

La orden de Jesús a los discípulos contiene en sí misma una orden de volver a la preciosidad de ese pan, que ha alimentado a la multitud. Recoger los pedazos es una operación que requiere mucho cuidado y, sobre todo, el reconocimiento de un valor. Esas sobras son la imagen física del hecho de que toda gracia concedida por el Señor, no se puede medir con la capacidad receptiva del hombre, puesto que la supera sin medida.

Aquellas doce cestas de sobras se hacen, de este modo, signo de la gran abundancia que proviene de Dios hacia el hambre. Que la Santísima Virgen, en cuyo seno fue vertida toda la abundancia, nos ayude a acercarnos al verdadero Pan celestial, porque «sin Ti, oh Dios, nada existe de valioso y de santo» (Oración Colecta).

Presurosos, salgamos al encuentro del Señor. Así sea.

Domingo 29 de julio de 2012

Iglesiaactualidad

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[1] Catecismo de la Iglesia Católica, 1822.

[2] Catecismo de la Iglesia Católica, 1824.

[3] Catecismo de la Iglesia Católica, 1829.

[4] BENEDICTO XVI, Ángelus Domini, 26 de julio de 2009.

[5] BENEDICTO XVI, Homilía en la Santa Misa en la Solemnidad del Corpus Christi (7 de junio de 2012).

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Liturgia para el

XVII Domingo del Tiempo Ordinario

Color verde. Ants. y oracs. props., Gl., Cr., Pf. dominical. Hoy no se permiten las Misas de difuntos, excepto la exequial.

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