Benedicto XVI reitera la universalidad de la santidad

21 de octubre de 2012.- Benedicto XVI celebró en la Plaza San Pedro el rito de canonización de siete mártires y confesores de la fe. Destaca la presencia de la primera santa indígena de América, Kateri (Catalina) Tekakwitha. También fueron caninizados el francés Jacques  Barthieu, el filipino Pedro Calugsod, el italiano Giovanni Battista Piamarta, la española María del Carmelo Sallés, la estadounidense (de origen alemán) Madre Marianne  (Barbara Cope) y la alemana Anna Schäffer.

Así, dijo, “la Iglesia escucha (esas palabras) con particular intensidad y reaviva la conciencia de vivir completamente en perenne actitud de servicio al hombre y al Evangelio, como Aquel que se ofreció a sí mismo hasta el sacrificio de la vida”, sea esto tanto para la misión ad gentes, como para la nueva evangelización en las regiones de antigua tradición cristiana.

E hizo ver cómo estas palabras fueron el programa de vida de los siete beatos hoy proclamados santos, quienes “gastaron su existencia en una total consagración a Dios y en un generoso servicio a los hermanos”. Recordó el papa que la santidad “tiene siempre su fuente en el misterio de la Redención”, por lo que la profesión de fe de estos discípulos de Cristo, es una “configuración al Hijo del hombre, (que) resplandece hoy en toda la Iglesia”.

Servir y no ser servido

En un recorrido por los pasajes más edificantes de la vida de los nuevos santos, el santo padre Benedicto XVI resaltó en Jacques Berthieu, nacido en 1838 en Francia, su gran amor por Cristo y cómo deseaba salvar las almas y recorrer el mundo en pos de ellas. Designado como jesuita a la isla de Santa María y después en Madagascar, “luchó contra la injusticia, aliviando a los pobres y los enfermos”, dijo el papa, recordando cómo lo malgaches lo veían “como un padre y una madre” para ellos. Fue en 1896 cuando encontró el martirio diciendo “Prefiero morir antes que renunciar a mi fe”. Lo presentó entonces, como modelo para los sacerdotes, invitándolos a ser como él, y señalándolo como ejemplo para los numerosos cristianos que hoy en día son perseguidos a causa de su fe.

Refiriéndose a Pedro Calungsod, nacido alrededor del año 1654, en la región de Bisayas en Filipinas, resaltó cómo su amor a Cristo lo llevó a prepararse como catequista y acompañar al presbítero jesuita también mártir, Diego Luis de San Vítores a las Islas Marianas, para evangelizar al pueblo Chamorro, donde encontró la muerte el 2 de abril de 1672. El papa quiso presentarlo como un testimonio valeroso y pidió que Pedro Calungsod inspire al pueblo filipino para anunciar con ardor el Reino y ganar almas para Dios.

Otra figura para nuestros tiempos fue Giovanni Battista Piamarta (1841-1913), sacerdote de la diócesis de Brescia, gran apóstol de la caridad y de la juventud. El santo padre destacó en él “su empeño en hacer progresar cristiana, moral y profesionalmente a las nuevas generaciones, con claras dosis de humanidad y bondad” Superó grandes dificultades para emprender obras apostólicas, cuyo fundamento fue siempre la oración y la confianza en Dios por medio de largas horas de oración.

Al referirse a la hoy santa María del Carmelo Sallés y Barangueras, religiosa nacida en Vic, España, en 1848, recordó cómo hizo progresar con mucho esfuerzo la congregación de Religiosas Concepcionistas Misioneras de la Enseñanza que había fundado en 1892, dedicada a la educación de la juventud hasta nuestros días.

Siguiendo con el recorrido de santidad, Benedicto XVI se refirió a la madre Mariana Cope, nacida en 1838 en Heppenheim, Alemania, aunque crecida en los Estados Unidos. Contó cómo la santa entró en la Tercera Orden Regular de san Francisco, en Siracusa, Nueva York en 1862 y más tarde, aún siendo superiora general de su congregación, fue a cuidar a los leprosos de Hawai. Cinco años después de haber fundado un hospital de Malulani en Maui y de haber abierto una casa para niñas de padres leprosos, fundó una casa para mujeres y niñas, esta vez en la isla de Molokai, donde aislada del mundo, tuvo la oportunidad de conocer y cuidar al ya famoso por entonces, padre Damián, hoy santo. Quiso la providencia que lo atendiera en su agonía, mientras continuaba su trabajo entre los leprosos “con amor, valor y entusiasmo inmenso”, señalándola como “un ejemplo luminoso y valioso de la mejor tradición de las hermanas enfermeras católicas y del espíritu de su amado san Francisco”.

Cambiando de un idioma a otro, según el origen de cada nuevo santo, Benedicto XVI se detuvo esta vez en inglés, y luego en alemán, en las dos últimas santas elevadas hoy a los altares.

Al hablar de Kateri Tekakwitha, nacida en el actual estado de Nueva York en 1656, de padre mohawk y madre algonquina cristiana, el papa recordó que fue bautizada a la edad de 20 años, encontrando la muerte a los 24 años cerca de Montreal. La “protectora de Canadá” y primera santa amerindia, fue fiel a las tradiciones de su pueblo, pero renunciando a las convicciones religiosas del mismo, llevando una vida sencilla, con oración y misa diaria. “Su deseo más alto –enseñó el papa–, era conocer y hacer lo que agradaba a Dios, carente de apoyos externos, y firme en su vocación”. La presentó como un testimonio donde fe y cultura se enriquecen, “sin renegar de lo que somos”.

Finalmente, al referirse a la joven alemana Anna Schäffer(1882-1925), de Mindelstetten, recordó que tuvo el deseo de entrar en una congregación misionera, pero no pudo hacerlo por un accidente laboral en el cual sufrió quemaduras incurables en los pies. Postrada en un lecho para el resto de sus días, ofreció su sufrimiento al apostolado misionero, siendo ella misma una “intercesora infatigable en la oración, y un espejo del amor de Dios para muchas personas en búsqueda de consejo”. Pidió el papa que su intercesión favorezca la pastoral de los enfermos en cuidados paliativos.

Antes de concluir su homilía, Benedicto XVI deseó que el testimonio de los nuevos santos, “hable hoy a toda la Iglesia, y su intercesión la fortalezca y la sostenga en su misión de anunciar el Evangelio al mundo entero”.

(Zenit)

ANEXO 1: Homilía del Santo Padre

ANEXO 2: Decreto de Canonización

ANEXO 3: Galería fotográfica

ANEXO 4: Biografía de Santa Mariana Cope

ANEXO 5: Biografía de Santa María del Carmen Sallés y Barangueras

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