«El neo-ateísmo nos lleva a un paso de la dictadura»

«Solo la metafísica garantiza la libertad»

14 de noviembre de 2012.– El actual neo-ateísmo, formulado según presupuestos pseudocientíficos (usando los descubrimientos de las ciencias naturales, de la biología y de la astrofísica), se puede convertir inevitablemente, por las mismas bases ideológicas absolutistas sobre las que se funda, en un proyecto político neo-totalitario. Es lo que afirmó hoy en L’Osservatore Romano Mons. Gerhard Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

«¿Por qué los libros del tipo “El gen egoísta” o “La ilusión de Dios” de Richard Dawkins, o “Dios no es grande” de Christopher Hitchens figuran en las listas de los bestsellers?», se pregunta el arzobispo. «Porque justifican de forma aparentemente científica el proceso de descristianización de la civilización europea y norteamericana, que comenzó en el siglo XVII, y promueven un estilo de vida hedonista orientado hacia lo útil y el provecho como índice de la moral filantrópica y humanitaria».

«El llamado “neo-ateísmo” –afirma Müller– no ofrece, para decir la verdad, ningún tipo de nuevas formulaciones que no se puedan encontrar claramente expresadas por David Hume y por todos los que desde entonces pertenecen a las filas de los empiristas y de los materialistas».

«Simplemente se esfuerzan, en el horizonte de la teoría evolucionista y de la neurofisiología –precisa el prefecto– para extender el enfoque típico de las ciencias naturales de tal manera que la astrofísica, la biología y las investigaciones sobre el cerebro determinen una visión del mundo científica y, como se pretende, objetiva, en la que no hay ningún lugar para el hombre, en calidad de persona como sujeto responsable de actos, ni para su relación personal con Dios».

«Una visión semejante del mundo, pseudocientífica y propagada por el neo-ateísmo –se lee en L’Osservatore Romano–, se exalta en nuestra época como un programa de opinión que hay que imponer a toda la humanidad, por lo que, si alguien cree en la existencia de un Dios personal, no se le debe conceder el derecho de existir ni mentalmente, por haber contraído un “virus divino” que debe ser aislado, ni físicamente, por lo que se le debe considerar un parásito».

«Haciendo un panorama retrospectivo sobre el ateísmo político, cultivado por el nacionalsocialismo en Alemania o en el programa stalinista de la extinción de la Iglesia que fue llevado a cabo en la Unión Soviética –afirma mons. Müller–, resulta mucho más evidente el carácter inhumano e intolerante de tal neo-ateísmo. Queda claro que el llamado ateísmo científico difícilmente puede oponer resistencia a su misma transformación en un ateísmo como visión global del mundo y, por lo tanto, como programa político-totalitario completamente inhumano».

Al contrario, revela el arzobispo, «para garantizar el proyecto moderno de la libertad del individuo, de la colectividad, de la consciencia personal con respecto a la ley meramente positiva, de la dignidad inalienable de cada hombre con respecto a la instrumentalización de intereses de grupo (clase, pueblo, capital, etc…), es indispensable una metafísica real, así como una antropología de la trascendencia del hombre hacia la fuente indisponible de toda la creación».

«La relación entre la producción absoluta del hombre y su libertad como obra de Dios –explica Müller–, y el auto-movimiento espiritual del hombre, que constituye su libertad, podría expresarse de esta forma: Dios no ejerce ninguna influencia físicamente cuantificable sobre la libertad creada; en cambio sale a su encuentro como motivo de sus acciones». «Dios, cuando sale a mi encuentro libremente en la palabra divina que le expresa, se actualiza siempre como realización de mi libertad: Dios y su libertad permiten que el movimiento dinámico de la libertad de las criaturas se realice plenamente más allá de sus límites. El hombre, para el que Dios es la causa de su acción y de su auto-proyectación en el mundo, sabe que es –para usar términos bíblicos– una especie de arcilla en las manos del creador que le plasma».

Sin embargo, al mismo tiempo, no se considera «privado de la propia libertad y personalidad. Al contrario, se percibe, más bien, con mayores habilidades para realizar la propia libertad. Mientras la realiza, sabe que solo gracias a la auto-donación de Dios como realización plena de su libertad puede actuar según el fin».

(Vatican Insider)

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