Vivir la Cuaresma en un ambiente eclesial, dejando de lado los individualismos

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13 de febrero de 2013.- Basta de individualismo. Las divisiones afectan el rostro de la Igleisa «basta de rivalidades». Joseph Ratzinger pidió que Pedro interceda en este momento difícil de la Iglesia. Los hizo en la Misa con la imposición de la ceniza celebrada en la Basílica de San Pedro.

La celebración comenzó a las puertas de la Basílica Vaticana donde se realizó un momento de oración penitencial. Seguidamente se realizó la procesión hasta el Altar de la Confesión mientras se invocaba la intercesión de todos los santos.

El Papa exhortó en su homilía a vivir la Cuaresma como un tiempo de “reflexión”, sobre cómo el rostro de la Iglesia es a veces enturbiado por «culpas en contra de la unidad de la Iglesia y divisiones del cuerpo eclesial». Superar «individualismos y rivalidades» puede ser un signo «humilde y precioso para los que están lejos de la fe». Su modelo es Jesús, que «denunció la hipocresía religiosa y a los que buscan el aplauso».

La última Misa pública de Benedicto XVI es un testamento de fe. «También en nuestros días, muchos están listos para rasgarse los vestidos frente a los escándalos y las injusticias, naturalmente cometidos por otros, pero muchos están listos para actuar en el propio corazón, en la propia consciencia y en las propias intenciones, dejando que el Señor transforme, renueve y convierta». Es una fuerte denuncia la que caracterizó esta última homilía de Benedicto XVI en una celebración pública.

El Miércoles de Ceniza, que inaugura la Cuaresma, representan el «momento propicio» para agradecer y para pedir al príncipe de los Apóstoles, San Pedro, «su intercesión por el camino de la Iglesia en este particular momento, renovando nuestra fe en el Pastor Supremo, Cristo nuestro Señor».

Este es el sentido de las palabras de Benedicto XVI, que comenzó su homilía de esta tarde en la Basílica vaticana llena de fieles.  El Papa hizo una referencia explícita a su decisión de dejar el Trono de Pedro. «siguiendo la antigua tradición romana de las ‘stationes quaresimali’, nos hemos reunido para la Celebración de la Eucaristía. Tal tradición –recordó el Pontífice dirigiéndose a los fieles– prevé que la primera “statio” se lleve a cabo en la Basílica de Santa Sabina en el Aventino. Las circunstancias –indicó– nos sugirieron que nos reuniéramos en la Basílica Vaticana. Esta tarde somos muchos alrededor de la tumba del Apóstol Pedro también para pedir su intercesión por el camino de la Iglesia en este particular momento».

Para el Papa ha sido también una ocasión para «agradecer a todos, especialmente a los fieles de la diócesis de Roma, mientras me preparo para concluir el ministerio petrino, y para pedir un particular recuerdo en la oración».

Tras la homilía, Benedicto XVI bendijo la ceniza y el Arcipreste de la Basílica de San Pedro, Card. Angelo Camastri, se la impuso al Papa y, posteriormente, éste la impuso a algunos cardenales, religiosos y fieles.

Tras la celebración de la Misa el Card. Tarcisio Bertone, Secretario de Estado, se dirigió al Santo Padre dirigiéndole unas palabras de agradecimiento por su Ministerio. El purpurado expresó como en “esta tarde nosotros queremos dar gracias al Señor por el camino que toda la Iglesia ha hecho bajo la guía de Su Santidad”. Y añadió que con sentimientos de gran conmoción y de profundo respeto no sólo la Iglesia, sino todo el mundo, han recibido la noticia de su decisión de renunciar al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor del Apóstol Pedro.

“No seríamos sinceros, Santidad – dijo Card. Bertone – si no le dijéramos que esta tarde hay un velo de tristeza en nuestro corazón. En estos años, su Magisterio ha sido una ventana abierta sobre la Iglesia y sobre el mundo, que ha hecho filtrar los rayos de la verdad y del amor de Dios, para dar luz y calor a nuestro camino, también y, sobre todo, en los momentos en que las nubes se adensan en el cielo.

Y finalmente agregó, en nombre de los Cardenales, que también querían decirle, desde lo más íntimo de su corazón, “con gran afecto, conmoción y admiración: gracias por habernos dado el luminoso ejemplo de sencillo y humilde trabajador en la viña del Señor, pero de un trabajador que ha sabido realizar en todo momento lo que es más importante: llevar a Dios a los hombres y llevar los hombres a Dios”.

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