La Iglesia y el compromiso con los pobres

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9 de mayo de 2013.- Es una evidencia que los datos hablan, dicen más que mil palabras. Pero la misma elocuencia de los datos es todavía mayor cuando detrás de esos números sabemos que hay rostros, hay personas de la misma dignidad y derechos que todos los seres humanos, a quienes el lugar, la vida, la raza, la cultura, las circunstancias han postrado en cualquier forma de marginación e injusticia.

La Iglesia, experta y maestra en humanidad, sabe que su fin no es ella misma, sino los demás. Sabe que conocer el amor de Dios es, lleva e impulsa a compartir ese amor –que es pan, educación, salud, consuelo y esperanza– con todos los hombres y mujeres, especialmente con los más necesitados. Esta es precisamente la señal distintiva de los cristianos: el amor que en Cristo y desde Cristo nos urge a la caridad, al servicio a los demás.

En 2011, último año auditado a la hora de redactar estas líneas, Manos Unidas recaudó 51.856.656 euros. Este dinero permitió financiar un total de 605 proyectos de desarrollo en 58 países. El 82% de los fondos tuvieron un origen privado mientras que el 18% fueron fondos públicos. El 85,1% del dinero fue destinado a proyectos educativos (207), sanitarios (112), agrícolas (98), sociales (118) y de promoción de la mujer (70). La mayoría de los proyectos fueron acometidos en África (240), Asia y Oceanía (217) y América (148). Lógicamente, las cuentas de la organización están notando también la crisis. En 2011, Manos Unidas recaudó 1,1 millones de euros menos que en la anterior campaña.

Vamos ya por cincuenta y cinco millones de euros, pero hay más, mucho más. Gracias a la generosidad de los católicos españoles se pudieron entregar a misiones 12.876.613,20 euros. Y, en conjunto, las ayudas que la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe (DOMUND) de las Obras Misionales Pontificias (OMP) envía a las misiones se dividen, según su destino, en dos grandes partidas: las ayudas ordinarias (24.664.076,92 euros) destinadas al sostenimiento de los territorios de misión; y las ayudas extraordinarias (40.799.767,66 euros), para construcciones, vehículos, emergencias y formación. A esto hay que añadir 17.118.440 euros destinados a seminarios y centros de formación de misioneros. La suma total destinada a los territorios de misión en 2011 fue de 82.582.284,58 euros. Y lo hermoso, lo más grande, superior incluso a las cifras, es otra cifra: 14.000 misioneros españoles en todo el mundo. El 70,8% de ellos ejerce su labor en América; un 13,8% lo hace en África; el 8,9% en Europa, el 6,2% en Asia, y el 0,2% en Oceanía. Perú (con 969 evangelizadores), Venezuela (968) y Argentina (666) son los países americanos con mayor presencia misionera española, mientras que la República Democrática del Congo (con 191), Guinea Ecuatorial (130) y Mozambique (125) encabezan la lista africana.

Por su parte, Cáritas Española ha pasado de cubrir las necesidades básicas de 370.251 personas en 2007 a 1.015.276 en 2011. La Iglesia católica en España, solo a través de Cáritas, ha invertido en los necesitados más de 250 millones de euros, traducidos en la ayuda a un total de 6.363.126 ciudadanos. Todo ello servido por los profesionales de la institución y por el ejército silencioso y pacífico de 64.200 voluntarios.

Y solo mediante los colegios católicos, la Iglesia ahorra a las arcas del empobrecido y endeudado erario público español 4.396 millones de euros. Y esto citando exclusivamente algunos datos, eso sí, bien elocuentes.

No tratamos de sacar “pecho”, ni, cual pavo real, extender y mostrar la belleza y la grandeza de nuestras plumas… Ni de entonar un autocomplaciente y hasta desafiante “¿hay quién dé más?”. No. Los datos hablan por sí solos. Sí. Pero todo esto –lo dijimos antes– es, en efecto, un gozo, pero es, ante todo y sobre todo, un deber: el deber de la caridad y de la misión.

Porque la evangelización y la caridad –dos caras de una misma moneda– son el sentido de la Iglesia, su realidad más cierta, su identidad más íntima, su razón de ser. Porque el tesoro de la fe, del vino nuevo, bueno y definitivo de Jesucristo, se ha de servir y de hecho se sirve en las vasijas y en los cántaros de la caridad.

(Jesús de las Heras Muela)

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