El camino misionero exige discernimiento, utopía, sueño y reconocer la voz de Dios

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24 de julio de 2013.- Ante medio millón de jóvenes, el Sr. Arzobispo de São Sebastião do Rio de Janeiro, Mons. Orani Joao Tempesta, abrió desde la playa de Copacabana la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud diciendo a los jóvenes que “sois la esperanza para una sociedad que espera que su crisis de valores tenga una solución”.

La tarde desapacible, lluviosa y con viento, sin embargo no desalentó a los ciento de miles de muchachos que han convertido a la ciudad en el centro mundial de la Iglesia católica. La ceremonia, a la que asistieron entre 500.000 y 600.000 jóvenes, según el portavoz del Vaticano, P. Federico Lombardi, comenzó con la entrada de la “Cruz de los Jóvenes” portada a hombros, así como un icono de la Madre de Dios, también llevado a hombros, en procesión.

En la homilía, el Arzobispo de Río de Janerio, ha llamado a los jóvenes a “contagiar” a todos con “la alegría y la paz” de Cristo que es “siempre actual, sobre todo para los que buscan la verdad, la justicia y la paz”, a transmitir su palabra “de un modo accesible y comprensible”, y a comprometerse para crear “un mundo nuevo, a la luz del plan de Dios”. Además, nada más comenzar la Misa, ha pedido por los jóvenes sin familia y por aquellos que sufren por su fe.

La JMJ, según ha precisado, se enmarca en el Año de la Fe que invita a “vivir profundamente la fe en medio de un tiempo plural y de tantos cuestionamientos”, en este “cambio de época”, aunque eso sí, “con entusiasmo y coherencia”. Les ha advertido de que hay “muchas barreras e injusticias que superar” y les ha instado a “construir puentes en lugar de muros y obstáculos” para así poder despertar “la confianza y la esperanza” en el mundo.

Esta semana, según ha añadido Mons. Tempesta, Río de Janeiro se convierte en “el centro de la Iglesia, viva y joven” y acoge “con gran responsabilidad” la elección de Benedicto XVI, hoy Papa Emérito, de la sede para la celebración de la XXVIII JMJ, que anunció en Madrid, en agosto de 2011. “Le agradecemos su elección, sus orientaciones, el tema de la JMJ y su aliento”, ha remarcado.

En cuanto al lema de la Jornada –‘Id y haced discípulos a los pueblos’–, el arzobispo de Río ha apuntado que la playa y el mar en el que se encuentran recuerda los barcos abandonados en la playa por aquellos que fueron llamados por Jesús para seguirlo. Y, en este sentido, ha subrayado que el camino misionero exige “discernimiento, utopía, sueño” pero también “auxilio de alguien que esté al lado, que ayude a la persona a reconocer la voz de Dios”.

Al finalizar la Misa, el Card. Stanisław Ryłko, Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, ha dirigido unas palabras a los jóvenes. En ellas ha confesado que “esta es una JMJ particular. Después de 26 años vuelve a América Latina, un continente joven, un continente de la esperanza” y recordó las palabras de Juan Pablo II en la cita de Buenos Aires, cuando dijo que tenía puestas sus esperanza en América Latina: “Sois la esperanza del papa, sois la esperanza de la Iglesia. América Latina, sé tú misma, fiel a Cristo, resiste ante todos aquellos que quieren ahogar tu vocación de esperanza”.

Card. Rylko resaltó que esta JMJ es muy “particular”, ya que la preparó Benedicto XVI, que tenía previsto asistir, pero renunció antes al papado, y la preside Francisco, el primer papa latinoamericano. “Los caminos del Señor son inescrutables”, precisó.

El cardenal destacó que la JMJ se desarrolla a los pies de la famosa estatua del Cristo Redentor del Corcovado, “con sus brazos abiertos, preparados para acoger a todos los seres humanos”. Rylko, en la misma línea que el papa Francisco, pidió a los jóvenes que se dejen abrazar por Cristo, le confíen sus deseos, sus proyectos de futuro, las alegrías más íntimas, las decisiones más difíciles, los miedos y las inquietudes. “Quien elige a Cristo no pierde nada, más, al contrario, gana todo, encuentra la felicidad verdadera y la vida plena”, subrayó.

Rylko añadió -tomando unas palabras de Francisco- que Cristo llama a los jóvenes a abandonar la vida cómoda y “derribar los muros del egoísmos e ir con valentía a las periferias geográfica del mundo llevando a Dios”. “Cristo os necesita, jóvenes. Necesita vuestra fe joven, llena de alegría y de entusiasmo misionero. Cristo cuenta con cada uno de vosotros”, destacó el cardenal.

(Agencias / Iglesiaactualidad)

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