En la vida consagrada se vive el encuentro entre jóvenes y los ancianos, entre observancia y profecía

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2 de febrero de 2014.– A las 10 horas de esta mañana, Fiesta de la Presentación del Señor y Jornada Mundial de la Vida Consagrada, el Santo Padre Francisco ha presidido, en la Basílica de San Pedro, la celebración de la Santa Misa con los miembros de los institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica. Al inicio de la liturgia, se han bendecido las candelas y se ha realizado la tradicional procesión.

El papa Francisco ha centrado la homilía en el sentido de esta fiesta como el encuentro de Dios con su pueblo: «en la liturgia, al inicio se dice que Jesús va al encuentro a su pueblo, es el encuentro entre Jesús y su pueblo. Cuando María y José llevaron a su niño al templo de Jerusalén fue el primer encuentro entre Jesús y su pueblo, representado por dos ancianos, Simeón y Ana». También quiso destacar otro tipo de encuentro, en este caso «entre los jóvenes y los ancianos: los jóvenes eran María y José, con el recién nacido; y los ancianos eran Simeón y Ana, dos personajes que frecuentaban siempre el Templo».

El Santo Padre resalto como José y María «tenían la alegría de observar los preceptos del Señor. Son dos esposos nuevos, han apenas tenido a su hijo y están animados del deseo de cumplir lo que estaba indicado. Esto no es un hecho exterior, no es para sentirse en orden, no. Es un deseo fuerte y profundo, lleno de alegría».

Y prosiguió describiendo las figuras de Simeón y de Ana: «de Simeón afirma que era un hombre justo y piadoso, que esperaba la consolación de Israel, y que “el Espíritu Santo estaba con él”. Dice que el “Espíritu Santo le había anunciado” que antes de morir habría visto a Cristo, el Mesías; y en fin, que se dirigió al templo “movido por el Espíritu”. De Ana dice que era una profetisa, o sea inspirada por Dios y que estaba siempre en el templo “sirviendo a Dios con ayunos y oraciones”. O sea, estos dos ancianos están llenos de vida, llenos de vida porque están animados por el Espíritu Santo, dóciles a su acción, sensibles a sus llamadas».

No quiso pasar por el alto el Santo Padre la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. A este respecto, dijo que «en la vida consagrada se vive el encuentro entre jóvenes y los ancianos, entre observancia y profecía. ¡No las veamos como dos realidades contrapuestas! Dejemos más bien que el Espíritu Santo las anime a ambas, y el signo de esto es la alegría de estar guiados por el Espíritu, nunca rígidos, nunca cerrados, siempre abiertos a la voz de Dios que habla, que abre, que conduce, que invita a ir hacia el horizonte».

Como ya ha hecho en otras ocasiones, Francisco volvió a defender la comunión entre jóvenes y ancianos, definiéndolos como el futuro de los pueblo: «les hace bien a los ancianos comunicar la sabiduría a los jóvenes, y les hace bien a los jóvenes recoger este patrimonio de experiencia y sabiduría y llevarlo adelante, no para cuidarlo en un museo, pero para llevarlo adelante enfrentando los desafíos que la vida nos presenta, llevarlo adelante por el bien de las respectivas familias religiosas y de toda la Iglesia».

(Iglesiaactualidad)

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