La familia cristiana y el matrimonio nunca fueron tan atacados como ahora

fran25102014

27 de octubre de 2014.- Se necesita una pastoral «cuerpo a cuerpo» –o sea, «un camino juntos, es decir, en la cercanía y en el acompañamiento de cada uno»– porque «la familia cristiana y el matrimonio nunca fueron tan atacados como ahora». Lo afirmó el Papa Francisco durante el encuentro con ocho mil miembros del movimiento de Schönstatt, que tuvo lugar el sábado 25 de octubre, por la mañana, en el aula Pablo VI.

Al responder espontáneamente en español a cinco preguntas, el Pontífice volvió a afrontar el tema de la familia que fue el tema del reciente Sínodo de los obispos. «Cuánta familia herida –constató–, cuánto matrimonio deshecho, cuánto relativismo en la concepción del sacramento del matrimonio, desde el punto de vista sociológico y de los valores humanos». Por lo tanto, no son suficientes los discursos y las declaraciones de principios; se necesita «perder tiempo» con las personas, como hizo Jesús. Sobre todo es necesario preparar a los novios, que confunden el sacramento con el rito y caen en la «cultura de lo provisorio» olvidando el «para siempre». Además, no se debe descuidar a los niños, primeras víctimas de las separaciones de los padres. En definitiva, se trata de «acompañar, no haciendo proselitismo. Una palabra hoy, una actitud mañana, para concientizar a los jóvenes».

Entre los otros temas afrontados por el Pontífice, está el de la pedagogía que tiene como modelo de educadora a la Virgen: a ella la definió como la «que sabe transformar una cueva de animales en la casa de Jesús». Sin su ayuda –advirtió– la Iglesia sería un orfanato. Al hablar luego a las nuevas generaciones el Papa Francisco relanzó la importancia del testimonio. Sobre todo recomendó «oración, misión, salir». Porque, dijo, una Iglesia que no sale se transforma en una élite reservada sólo a los pequeños grupos.

Al responder a una pregunta sobre la fe personal, el obispo de Roma reafirmó la necesidad de abandonarse a Dios en la oración. Se necesita orar con valentía, destacó, porque a veces somos débiles; y al hacerlo hay que mirar las cosas no desde el centro sino desde la periferia, porque así se percibe mejor la verdad.

Por último, sobre la necesidad de la renovación de la Iglesia pidió en primer lugar santidad. Que se consigue –explicó– con la libertad del espíritu, dejando claro que en el centro está siempre Jesús, mientras que el apóstol es sencillamente un servidor.

(L’Osservatore Romano)

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