«Sexo con alma y cuerpo», nuevo libro de Mons. D. José Ignacio Munilla Aguirre junto a Begoña Ruiz Pereda

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23 de abril de 2015.- ¿Por qué la Iglesia es tan tozuda con esto del sexo? ¿No se dan cuenta los curas y el Papa de que se han quedado solos? ¿Quién espera hoy hasta el matrimonio para tener una relación sexual? A todas estas cuestiones dan respuesta Mons. D. José Ignacio Munilla Aguirre, obispo de San Sebastián y la seglar consagrada Begoña Ruiz Pereda en el libro Sexo con alma y cuerpo (Freshbook).

«Hoy los jóvenes están muy solos frente al sexo», afirma Begoña Ruiz Pereda, coautora junto a monseñor Munilla del libro Sexo con alma y cuerpo (Freshbook) y responsable de la formación de monitores del proyecto Aprendamos a amar, de la Fundación Desarrollo y Persona. «En la Fundación damos talleres cada año a más de 11.000 jóvenes, y la mayoría cuenta que no tienen confianza para hablar de este tema en casa. Hay padres que facilitan que su hija pueda tomar la píldora, o que dejan preservativos a sus hijos en su mesilla de noche, pero eso no es educar: eso es abandonar. En casa, o no se habla, o lo que se habla es una irresponsabilidad», defiende.

Para ayudar a dar la vuelta a esta situación, Sexo con alma y cuerpo está orientado tanto a jóvenes como a sus educadores: sus padres, profesores, catequistas… «para que puedan acompañar a los jóvenes a entender la sexualidad en una clave humana y cristiana, porque es una cuestión humana que se ilumina con la fe».

Cuando cuerpo y corazón van por su lado

Para Begoña, el propósito del libro «es responder a una pregunta: ¿se puede proponer a los jóvenes de hoy una relación de amor en un marco que se llama matrimonio? Para ello, abordamos los fundamentos de la sexualidad: qué es, qué significa, para qué sirve… También nos adentramos en cómo se vive hoy la sexualidad, la cultura del rollo, que a la larga genera infidelidad y infelicidad, e incapacita para desarrollar nuestra capacidad de amar de forma adulta, en un amor comprometido».

Esta forma de vivir la sexualidad acaba pasando factura, pues «si mis gestos corporales no expresan nada en realidad, si no hay detrás un afecto maduro, entonces se desgaja cuerpo y corazón; y eso tiene consecuencias. Uno termina sufriendo mucho, te enrollas con uno y con otra, pero no sientes algo por alguien; o te enamoras pero si la cosa no perdura entonces lo pasas muy mal. Y luego te haces desconfiado, tienes relaciones pero no te muestras, no te entregas por no volver a sufrir una segunda vez… Te vuelves desconfiado, y al final te quedas más solo que la una».

Pero, ¿por qué parece que las únicas voces que dan la voz de alarma, las únicas que plantean una mirada positiva, salen desde la Iglesia? «Vivimos bajo el influjo de las últimas revoluciones sexuales –explica Begoña Ruiz Pereda–. El mundo intelectual parece que está cautivo. Nos presentan una alternativa falsa sobre la sexualidad: O represión y miedo, o libertad entendida como hacer lo que quiera. Pero hay una tercera vía, la de la libertad verdadera, que pasa por conocerse a uno mismo, madurar los afectos y, cuando llega el momento, usar el cuerpo como lenguaje y expresión de aquello que es verdad y que es para siempre».

(Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo)

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