La belleza de la fiesta de la Virgen del Carmen

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17 de julio de 2015.– La Parroquia de Santa Teresa y Santa Isabel celebró ayer, jueves 16 de julio, la festividad litúrgica de la Patrona de Chamberí, Nuestra Señora del Carmen, con una solemne Eucaristía. Presidida por el Arzobispo de Madrid, Mons. Carlos Osoro, la Misa fue concelebrada por el párroco, Fernando Fernández, y sacerdotes de la parroquia y del arciprestazgo.

En su homilía, el prelado madrileño reconoció la belleza de esta fiesta de la Virgen del Carmen, “celebrada en todos los rincones de la geografía de España. Siempre hay alguna ermita dedicada a la Santísima Virgen María”.

En alusión a las palabras del Salmo, afirmó que “nos sitúa en el lugar en el que tenemos que poner a la Virgen María. Lo hemos cantado: «Tu eres el orgullo de nuestra raza». De esta raza nueva, de esta novedad que trajo Dios, por Jesucristo, a esta historia. De esta familia nueva que Dios ha querido implantar con la vida misma de Dios en este mundo. Y María es el orgullo de nuestra raza porque Dios se sirvió de Ella para hacerse presente y tomar rostro humano aquí, entre los hombres. ¿Cómo no vamos a alabar y a bendecir nosotros a la Virgen María?”.

María, continuó, “nos trajo la luz por obra del Espíritu Santo, como nos decía San Pablo en la Carta a los Gálatas: por obra del Espíritu envió Dios a su hijo, nació de una mujer, bajo la ley pero para recatarnos de la ley, para entregarnos la libertad, para darnos la libertad de los hijos de Dios. No estamos atados por la ley sino por la gracia… María es el orgullo de nuestra raza. Sois hijos de Dios, tenéis patria, familia, origen, meta. Dios envió al Espíritu Santo para que podamos decir: Padre nuestro. No somos esclavos, somos hijos y herederos de la gracia y de la vida de Dios mismo. Y esto nos reúne aquí”.

A continuación, compartió con los presentes tres ideas. La primera, que la Virgen “es el orgullo de nuestra raza: una realidad nueva comienza, algo nuevo y distinto. El Evangelio nos sitúa en esa composición de lugar: Jesús en la cruz, dando la vida por amor; el justo muriendo como un malhechor, con el único arma del amor, dando la vida, y al lado su Santísima Madre, María la de Cleofás, María Magdalena y el discípulo amado, Juan, a quien tanto quería Jesús. María mirando a Jesús, deshaciendo su vida de dolor porque han matado al que es justo. Han matado a Dios. Pero ella, en el dolor, sabe que con ello regala la vida de Dios a esta tierra. Comienza una era nueva. Comienza algo nuevo con Cristo. Y María, la madre de Jesús, está de testigo”.

En segundo lugar, con María “comienza algo nuevo, nos hace un regalo el Señor en la cruz. No solo da la vida por nosotros, sino que nos da a su madre. Tenemos como madre a la Madre de Dios. ¿Cómo no nos va a regalar, quien ha dado la vida por nosotros, a su Madre como madre nuestra? ¿Cómo no vamos a tener seguridad de que invocando a la Santísima Virgen María, el Señor nos da todo lo que la pidamos? Lo hace siempre. María es nuestro consuelo. Este momento de la historia que estamos viviendo necesita de hombres y mujeres que digan, como la Virgen María: aquí nos tienes, Señor, dispuestos a mostrar el rostro de Jesucristo. La Virgen nos da el estilo evangélico en el que uno dice, con confianza absoluta: Señor, sírvete de mí”.

Y, en tercer lugar, María “nos da un título precioso: no solo hijos de Dios, sino también hijos de María. Todos estábamos al lado de la cruz, junto a Juan, y cuando a Juan le dijo «ahí tienes a tu madre» nos lo dijo a todos nosotros. Tenemos madre, y además es la Madre de Dios. Tenemos que proclamar, con nuestra vida, la grandeza de Dios. Él es nuestro tesoro, la meta final, quien da sentido a nuestra vida, quien nos da la originalidad que tenemos como seres humanos”. En este sentido, recordó que “la tragedia más grande que vive este mundo es que el ser humano está sin fotografía, no sabe quién es, es vagabundo… Y el ser humano tiene que ser peregrino, con metas. Su fotografía sólo la da Dios. Somos imágenes de Dios, semejanza suya. Por eso defendemos la vida y la dignidad de la persona”, aseguró.

Animando a los presentes a “encontrarse con Jesucristo, como se encontró María con Él”, concluyó su homilía con una oración a la Virgen: «Santa María, Madre del Carmelo: que esta tarde nos encontremos con tu Hijo como tú lo hiciste. Dijiste aquí estoy y proclama mi alma la grandeza del Señor, e hiciste lo que Dios te mandaba».

(InfoMadrid)

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