Homilía de Mons. D. Vicente Jiménez Zamora en la apertura del Jubileo de la Misericordia en la archidiócesis de Zaragoza

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Mons. D. Vicente JIMÉNEZ ZAMORA
Arzobispo de Zaragoza

S.I. Catedral del Salvador (La Seo), Zaragoza
Domingo 13 de diciembre de 2015

JUBILEO EXTRAORDINARIO DE LA MISERICORDIA
APERTURA DE LA PUERTA DE LA MISERICORDIA 

            “Abrid las puertas de la justicia, entraremos para dar gracias al Señor”

            Con este canto hemos abierto la puerta principal de nuestra Catedral del Salvador (La Seo), convertida en Puerta Santa en este Jubileo Extraordinario de la Misericordia, convocado por el Santo Padre el Papa Francisco con la Bula Misericordiae Vultus. El Obispo de Roma abría oficialmente este Año Santo para toda la Iglesia el pasado 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María y 50º aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II.

            En esta Misa Estacional damos gracias a Dios, que nos concede un año de gracia y bendición, para resaltar el rasgo de Dios Padre más evocado en el Antiguo y Nuevo Testamento: su Misericordia.  La misericordia no es una palabra abstracta; expresa más bien el rostro de Dios, rico en misericordia; la acción concreta y cotidiana de Jesús; y la forma a través de la cual se manifiesta de una manera convincente la credibilidad de la Iglesia.

            El lema de este Jubileo Extraordinario es “Misericordiosos como el Padre”, tomado del Evangelio de San Lucas 6, 36. Nos propone vivir la misericordia siguiendo el ejemplo del Padre, que es compasivo y misericordioso, que pide no juzgar y condenar, sino perdonar y amar sin medida (cfr. Lc 6, 37-38).

            Comenzamos un Año Santo para proclamar la misericordia de Dios como María en el canto del Magníficat  y como Zacarías en el canto del Benedictus; para acogerla en nuestras vidas;  y para testimoniarla a través de las obras de misericordia corporales y espirituales en gestos concretos a lo largo de año.

            En nuestro mundo aumentan las situaciones de precariedad y sufrimiento. ¡Cuántas heridas sellan la carne de los que no tienen voz porque su grito se silencia a causa de la indiferencia de los pueblos ricos! Todos estamos llamados en este Jubileo a curar esas heridas, a aliviarlas con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza, a vendarlas con la misericordia. No podemos caer en la indiferencia que humilla, en la rutina que anestesia el alma ni en el cinismo que destruye. Dejémonos interpelar por la Palabra de Dios, que se nos presenta como palabra y gesto de perdón, de apoyo, de ayuda, de amor (cfr. MV 15, 25).

            Providencialmente este Año Santo de la Misericordia coincide en nuestra Diócesis de Zaragoza con el estreno de nuestro Plan Diocesano de Pastoral 2015-2020, fruto del trabajo de comunión y participación de todos. Ambos acontecimientos eclesiales están llamados a fecundarse y complementarse entre nosotros. El Señor nos hace una llamada urgente, aquí y ahora, a una conversión pastoral, que pasa por la renovación pastoral de nuestra Diócesis, y por una renovación personal y comunitaria.

            Con motivo de este acontecimiento eclesial tan singular del Jubileo Extraordinario de la Misericordia he escrito para toda la Diócesis de Zaragoza una carta pastoral titulada Misericordiosos como el Padre, en la que ofrezco unas orientaciones pastorales, que nos motiven y ayuden a vivir con gozo el Jubileo de la Misericordia, en sintonía y comunión con toda la Iglesia, siguiendo las orientaciones del Papa Francisco en la Bula de convocatoria Misericordiae Vultus.

            Para este Año Santo he dispuesto que las Iglesias Jubilares de la Diócesis, donde se pueda ganar la Indulgencia Plenaria sean las siguientes. Catedral del Salvador (La Seo); Catedral Basílica del Pilar; Iglesia Basílica de Santa Engracia; Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús; Iglesia de San Antonio de Padua; Iglesia de Santa María la Mayor de Alcañiz e Iglesia del Salvador en Ejea de los Caballeros. 

Domingo III de Adviento (Ciclo C)
Conversión al amor, la justicia y la alegría

            La liturgia de la Palabra de este domingo III de Adviento apunta a los signos de una conversión auténtica: amor, justicia, y, además, alegría. El Adviento provoca  en los creyentes gozo y esperanza, porque el Señor está cerca, más aún está presente en medio de su pueblo (1ª y 2ª lectura).

            La gente del pueblo, publicanos y militares, después de oír proclamar a Juan Bautista el bautismo de conversión para el perdón de los pecados, se dirigen al Profeta para preguntarle: ¿qué tenemos que hacer? La respuesta de Juan Bautista no es un discurso altisonante, pero tampoco es una receta tranquilizante. Es la llamada a la conversión al amor y a la justicia, en el fondo, una exhortación apremiante a la misericordia a la que nos convoca este Jubileo. Amor y justicia, caridad y misericordia son las constantes de la predicación de los profetas. Juan Bautista no era un filósofo, ni un economista, ni un ideólogo, ni un político. Era un hombre de Dios con audacia de profeta y fortaleza de testigo.

            La alegría por la salvación es otra de las notas dominantes de este domingo III de Adviento, llamado también gaudete (cfr. Fil 4, 4). Así aparece en la primera y segunda lecturas, tomadas del profeta Sofonías y del Apóstol San Pablo respectivamente.

            La alegría cristiana no es un superficial entusiasmo o una pasajera jovialidad, es un fruto del Espíritu Santo; es alegría pascual, que nace de la oración y de la cruz, como signo de amor. A la alegría se opone la tristeza, no la cruz. El mundo actual ha logrado multiplicar las ocasiones del placer material, pero es incapaz de engendrar la verdadera alegría que es espiritual y nace en Dios, fuente del gozo verdadero. “La alegría del Evangelio  – dice el Papa Francisco en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium –  llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría” (EG 1).

            Hoy, Señor, inauguramos con tu gracia el Jubileo Extraordinario de la Misericordia. Un año para convertir nuestros corazones a la alegría del Evangelio, al amor, a la justicia, a la misericordia.

            En esta Misa Estacional, signo sacramental de reconciliación, de paz y de misericordia, oremos por toda la Iglesia, en especial por nuestra Iglesia particular de Zaragoza, para que sea buena Samaritana y Madre de misericordia para todos sus hijos, especialmente para los pecadores y los pobres. Recemos por el Papa Francisco para que goce de la misericordia divina y nos confirme en la fe y en la unidad.

            A Nuestra Sra. del Pilar, Madre de Misericordia y Estrella de Evangelización, confiamos los frutos de este Jubileo y los trabajos de la aplicación de nuestro Plan Diocesano de Pastoral. Amén.

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