Lectio divina para el Lunes de la IV semana de Cuaresma

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IV LUNES DE CUARESMA
La alegría cristiana

Hemos pasado la mitad del tiempo cuaresmal, se acerca la Pascua, las lecturas revelan la transformación de todo, gracias a la Redención, que en cada uno sucede por la apertura a la misericordia. La imagen de las flores simboliza la novedad y la alegría.

Texto bíblico: “Mirad: yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva: de lo pasado no habrá recuerdo ni vendrá pensamiento, sino que habrá gozo y alegría perpetua por lo que voy a crear. Mirad: voy a transformar a Jerusalén en alegría, y a su pueblo en gozo; me alegraré de Jerusalén y me gozaré de mi pueblo, y ya no se oirán en ella gemidos ni llantos” (Is 65, 17-19).

El papa Francisco ofrece a todos la posibilidad de la alegría: “Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él, porque «nadie queda excluido de la alegría reportada por el Señor” (EG 3).

Pensamiento: Es norma de discernimiento que lo que da paz, gozo, alegría en el hondón del alma tiene más posibilidad de que sea signo de obrar bien. Por el contrario, lo que angustia, entristece, agobia, suele denunciar alejamiento del querer de Dios.

ORACIÓN:

“¡Qué alegría cuando me dijeron: Vamos a la casa del Señor”! “Mi corazón se alegra y le canta agradecido”.

PROPUESTA

En lo que haces, o te propones realizar, ¿percibes alegría profunda y supone un beneficio para los demás? En este caso, continúa por ese camino del bien hacer. De lo contrario, será bueno que rectifiques.

AÑO DE LA MISERICORDIA

“Por ello añadió aún que había venido a buscar a la oveja que se había perdido, y que, precisamente, había sido enviado a las ovejas que habían perecido de la casa de Israel. Y, aunque no con tanta claridad, dio a entender lo mismo con la parábola de la dracma perdida: que había venido para recuperar la imagen empañada con la fealdad de los vicios. Y acaba: Os digo que habrá alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta” (San Máximo el Confesor).

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