Mons. D. Damián Iguacen Borau celebra sus bodas de brillante

DamianIguacen

17 de mayo de 2016.- El jueves 19, festividad de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, celebrarán sus bodas sacerdotales de oro D. Santiago Villacampa Acín, actual párroco del Perpetuo Socorro, y D. Antonio Santamaría Santolaria, párroco de Grañén, entre otras localidades. Este mismo día, también celebrará sus bodas de brillante Mons. Damián Iguacen Borau, Obispo emérito de Tenerife, por sus setenta y cinco años de servicio a la Iglesia.

La celebración comenzará con una Eucaristía en la iglesia del Seminario de Huesca-Casa diocesana, a las 11:30 de la mañana, en la que participará el Obispo de Huesca, Mons. D. Julián Ruiz Martorell, junto a los homenajeados y otros sacerdotes de la diócesis. Una hora más tarde, en el salón de actos del Seminario, Mons. D. Alfonso Milián Sorribas, Obispo emérito de Barbastro-Monzón, impartirá la conferencia “Se puso a caminar entre nosotros. (Ser y tarea de los laicos)”. Está previsto que la celebración termine con una comida fraterna en la que los homenajeados y sus hermanos sacerdotes disfrutarán de un tiempo de convivencia.

Antonio y Santiago se ordenaron el 15 de agosto de 1966, en Guayente, aunque sus caminos tomaron sendas muy diferentes. Ambos reconocen que no es fácil hacer un balance de estos 50 años al servicio de la Iglesia, pero para Santiago han sido y son unos años muy satisfactorios. “No puedo más que dar gracias, aunque siempre hay cruces, pero esto es lo que me ha dado felicidad. Estoy muy contento de ser lo que soy, con la llamada del Señor”. Antonio también reconoce que ha vivido “días luminosos y noches oscuras. Podría ser la crónica de un camino cada vez con menos certezas pero más determinantes. Setenta y cinco años de vida, de ellos cincuenta de cura, dan mucho que pensar: a esta edad tengo que preocuparme más por lo que soy. ¿Somos lo que buscamos?”.

Reconocen que al celebrar sus cincuenta años como sacerdotes sienten agradecimiento y en el caso de Antonio, también asombro porque “la misericordia de Dios abraza mi miseria. Cada día es un regalo para mí y rezo al despertar para que yo lo sea para los demás”. En cambio, Santiago confiesa que las celebraciones no van con su carácter, pero se siente alegre y agradece su apoyo a todas las personas que lo han ayudado en su trayectoria.

Con la mirada puesta en el futuro, Santiago asegura que su propósito es ir aceptando la debilidad que llega con la edad y, en la parroquia, promover un diálogo interconfesional, puesto que hay unas seis o siete confesiones religiosas distintas asentadas en el barrio del Perpetuo Socorro, de donde es párroco desde hace diecisiete años. Por su parte Antonio, es consciente de que su propósito “sigue siendo una utopía: tener la mirada de Jesús, un corazón misericordioso como el suyo y unas manos samaritanas. Sencillamente, ser verdaderamente humano”.

Delegación de Medios de Comunicación
Diócesis de Huesca

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