Jesús prolonga la eternidad de su ministerio a través de los sacerdotes

cristo sumo y eterno madrid

19 de mayo de 2016.- El claustro del monasterio de las HH. Oblatas de Cristo Sacerdote ha sido el escenario que ha acogido hoy, en la fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, la Jornada de Santificación Sacerdotal. El arzobispo de Madrid, monseñor Carlos Osoro, ha presidido esta celebración que, concelebrada por numerosos sacerdotes de la diócesis que peregrina en Madrid, ha aunado las intenciones de todos los presentes «para vivir con más intensidad» y «descubrir con más profundidad lo que significa esta fiesta tan sacerdotal convocada por la Iglesia», como ha aseverado el prelado. Así, en su homilía, ha comenzado agradeciendo a Dios «estar aquí, celebrando esta fiesta», así como a «la comunidad de las Oblatas, por ocuparlas este lugar en donde ellas están haciendo la ofrenda de su vida por todos nosotros, los sacerdotes».

Llamados a una misión excepcional

«Estamos llamados para una misión excepcional», ha señalado. «Tenemos que seguir asombrando a los hombres con Dios y con su misericordia», porque «este Dios, a través de nosotros, se sienta con lo hombres y se da a sí mismo para que todos tengan vida». De esta manera se ha dirigido a los sacerdotes presentes, animándoles a «prolongar lo que hoy celebramos, que el único sacerdote es Cristo, que es sumo y eterno». Así, recordando el Salmo proclamado, ha distinguido «las maravillas que ha hecho el Señor, los planes que ha hecho a favor de los hombres»; porque «no solamente vino a este mundo y se hizo hombre y estuvo con nosotros, sino que ha querido prolongar su sacerdocio a través de los tiempos hasta que Él vuelva».

Al mismo tiempo, les ha alentado a «prestar la vida para poder proclamar la salvación, para poder decir a todos los hombres la fidelidad que Dios tiene». Porque «Él es el único fiel, mientras que todos los demás, ante cualquier cosa que nos pasa o nos hacen, nos retiran», tal y como «hacemos nosotros mismos, que fácilmente retiramos a personas de nuestra vida, pero Dios no retira a nadie». Por eso, ha continuado, «nuestro ministerio tiene una fuerza excepcional siempre», pero «en momentos de cambio histórico, en una época nueva que estamos viviendo ya, requiere de hombres, de sacerdotes que no vivan de ideas», sino «de la persona misma del Señor, que nos hace entregarnos a todos sin distinciones, y a los que más lejos están, más».

El regalo de su perdón, su misericordia y su amor

Asimismo, monseñor Osoro ha señalado que no es fácil, pero «no podemos negar la misericordia y la lealtad que el Señor tiene con nosotros», porque «a nosotros mismos nos muestra que Él no nos pone condiciones, y a veces no somos leales con Él, pero sin embargo su amor no nos lo retira». Además, «debemos seguir asombrando a los hombres con Dios, que es misericordia». Por ello, «asombremos a los hombres con Dios mismo, seamos hombres de Dios», que «quizá no sabemos exponer la vida del todo, pero hacemos la ofrenda de nuestra vida para ponerla en el corazón de los hombres y hacerles descubrir la ley de Dios, sabiendo que es Cristo quien lo hace a través de nosotros».

Tenemos, ha dicho, «un regalo único», y «el Señor cuenta con todos los defectos y pecados que podamos tener». Sin embargo, «cuando uno descubre lo que nos ha dado, que mostremos la eternidad del sacerdocio manifestado en Cristo, que lo regalemos, que regalemos su perdón, su misericordia, su amor, la unidad que lo engendra… Todo lo demás, nos sobra». Jesús se sentó con sus discípulos, ha recordado, «y quiere que lo sigamos haciendo nosotros, quiere permanecer junto a nosotros, y es tremendo» Porque «cuando uno piensa lo que dentro de un momento vamos a hacer en el altar, delante de un trozo de pan, y decir las mismas palabras de Jesús –“Tomad y comed, que esto es mi cuerpo”–, ve la grandiosidad de nuestra vida. Es Jesús el que lo dice, somos prolongación de ese Cristo Sumo y Eterno Sacerdote, Él prolonga la eternidad de su ministerio y su sacerdocio a través de nosotros».

«No hagáis grupo estufa porque eso no es Cristo»

Finalmente, el arzobispo ha agradecido a Dios «que nos haya elegido» porque «aunque el Sumo Sacerdote es Él, ha contado con nosotros para que lo manifestemos hasta que Él vuelva, hemos sido agraciados con esta misión en nuestra condición»; así, «aunque nosotros no tenemos el rostro desfigurado quizá por las palizas que le dieron a nuestro Señor, lo tenemos desfigurado porque no somos santos», pero, aun así, «quiere asombrar a los hombres mostrando, a través de nosotros, la misericordia que Él tiene con todos». En esta fiesta, ha concluido, «sentaos con los hombres, con todos, no hagáis grupo estufa porque eso no es Cristo; la mesa del Señor no es grupo estufa, hay que convertir este mundo, tienen que reunirse los hombres alrededor de esta mesa y tiene que ser nuestra fuerza, porque nosotros no vivimos de nuestras fuerzas, sino de la fuerza del Señor».

(InfoMadrid)

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