Que los cristianos se miren al espejo antes de juzgar

fran_25112013

Lunes 20 de junio de 2016

Homilía del Santo Padre Francisco
Lunes de la XII semana del Tiempo Ordinario

El juicio pertenece solo a Dios. Por eso, si no queremos ser juzgados, tampoco nosotros debemos juzgar a los demás. Es la enseñanza del Evangelio de hoy (Mt 7,1-5). Todos queremos que en el día del juicio el Señor nos mire con benevolencia, que se olvide de tantas cosas feas como hemos hecho en la vida.

Por eso, si juzgas continuamente a los demás, con la misma medida serás juzgado. El Señor nos pide que nos miremos al espejo. Mírate al espejo, pero no para maquillarte y que no se vean las arrugas. ¡No, no, no, ese no es el consejo! Mírate al espejo para verte como eres. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: «Déjame que te saque la mota del ojo», teniendo una viga en el tuyo? ¿Cómo nos califica el Señor cuando hacemos eso? Con una sola palabra: Hipócrita; sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano.

Parece que el Señor se enfada un poco, y nos llama hipócritas cuando nos ponemos en su sitio. Es lo que la serpiente sugirió a Adán y Eva: Si coméis de esto, seréis como Él (cfr. Gn 3,5). Querían ponerse en el sitio de Dios. ¡Por eso es tan feo juzgar! El juicio solo para Dios, solo Él. A nosotros nos toca el amor, la comprensión, rezar por los demás cuando vemos cosas que no son buenas, y también decírselo: Mira, oye, yo veo esto; a lo mejor… Pero nunca juzgar. ¡Jamás! Si juzgamos nosotros sería hipocresía.

Cuando juzgamos nos ponemos en el puesto de Dios, y nuestro juicio es un pobre juicio, que nunca puede ser verdadero juicio. ¿Por qué el nuestro no puede ser como el de Dios? ¿Porque Dios es Omnipotente y nosotros no? ¡No! Porque a nuestro juicio le falta la misericordia. Y cuando Dios juzga, lo hace con misericordia.

Pensemos hoy en todo lo que el Señor nos dice aquí: no juzgar, para no ser juzgado; el modo, la medida con la que juzguemos será la misma que usarán con nosotros; y, tercero, mirémonos al espejo antes de juzgar. Pues esa hace esto… y aquel lo otro… ¡Espera un momento! Me miro al espejo y luego pienso. Al contrario seré un hipócrita, porque me pongo en el puesto de Dios y mi juicio es un pobre juicio: le falta algo muy importante que tiene el juicio de Dios, le falta la misericordia. Que el Señor nos haga entender bien estas cosas. Que así sea.

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