Palabras del Santo Padre Francisco al rezo del Ángelus, 07.08.2016

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A las 12 horas de hoy, el Santo Padre Francisco se ha asomado a la ventana del estudio privado del Palacio Apostólico Vaticano para recitar el Ángelus Domini con los fieles y peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro.

Estas son las palabras pronunciadas por el Papa introduciendo la plegaria marina:

Antes del Ángelus:
[Texto original: italiano – traducción de Iglesiaactualidad]

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En el pasaje del Evangelio de hoy (Lc 12, 32-48), Jesús habla a sus discípulos del comportamiento a seguir en vista al encuentro final con Él, y explica cómo la espera de este encuentro debe impulsar a una vida rica de obras buenas. Entre otras cosas dice «Vended vuestros bienes y dad limosna; haceos bolsas que no se estropeen, y un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni roe la polilla» (v.33). Es una invitación a dar valor a la limosna como obra de misericordia, a no poner confianza en los bienes efímeros, a usar las cosas sin apego al egoísmo, pero según la lógica de Dios, la lógica de la atención a los demás, la lógica del amor. Nosotros podemos ser muy dependientes del dinero, tener muchas cosas, pero al final no podemos llevárnoslas con nosotros. Recordad que “el sudario no tiene bolsillos”.

La enseñanza de Jesús continúa con tres breves parábolas sobre el tema de la vigilancia. Esto es importante: la vigilancia, estar atentos, el ser vigilantes en la vida. La primera es la parábola de los hombres que esperan en la noche el regreso de su señor. «Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela» (v.37): es la alegría de atender con fe al Señor, del estar preparados en una actitud de servicio. Se hace presente cada día, llama a la puerta de nuestro corazón. Y será beato quien le abra, porque tendrá una gran recompensa: es más el Señor mismo se hará siervo de sus siervos -es una bonita recompensa- en el gran banquete de su Reino pasará Él mismo a servirles. Con esta parábola, ambientada de noche, Jesús presenta la vida como una vigilia de espera laboriosa, que anuncia el día luminoso de la eternidad. Para poder participar se necesita estar preparados, despiertos y comprometidos en el servicio a los demás, en la consolante perspectiva que “desde allí”, no seremos nosotros los que sirvamos a Dios, sino que será Él mismo quien nos acogerá en su mesa. Pensándolo bien, esto sucede hoy, cada vez que encontramos al Señor en la oración, o también sirviendo a los pobres y sobre todo en la Eucaristía, donde Él prepara un banquete para nutrirnos de su Palabra y de su Cuerpo.

La segunda parábola tiene como imagen la llegada imprevisible del ladrón. Este hecho exige una vigilancia; es más Jesús exhorta: «Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre» (v.40). El discípulo es aquel que espera al Señor y a su Reino. El Evangelio aclara esta perspectiva con la tercera parábola: el administrador de una casa después de la partida del señor. En la primera imagen, el administrador sigue fielmente sus deberes y recibe su recompensa. En la segunda imagen, el administrador abusa de su autoridad y golpea a los siervos, por ello, al regreso imprevisto del señor, será castigado. Esta escena describe una situación que sucede frecuentemente también en nuestros días: tantas injusticias, violencias y maldades cotidianas que nacen de la idea de comportarse como señores en la vida de los demás. Tenemos un solo señor a quien no le gusta hacerse llamar “señor” sino “Padre”. Todos nosotros somos siervos, pecadores e hijos: Él es el único Padre.

Jesús nos recuerda hoy que la espera de la bienaventuranza eterna no nos dispensa del compromiso de hacer más justo y más habitable el mundo. Es más, justamente nuestra esperanza de poseer el Reino en la eternidad nos empuja a trabajar para mejorar las condiciones de la vida terrena, especialmente de los hermanos más débiles. Que la Virgen María nos ayude a no ser personas y comunidades conformistas con el presente, o peor aún nostálgicas del pasado, sino dirigidas hacia el futuro de Dios, hacia el encuentro con Él, nuestra vida y nuestra esperanza.

Después del Angelus:
[texto original: italiano – traducción de Iglesiaactualidad]

Queridos hermanos y hermanas,

Lamentablemente desde Siria  continúan llegando  noticias  de víctimas civiles de la guerra,  especialmente en Alepo. Es inaceptable que tantas personas inermes – también muchos niños –  deban pagar el precio del conflicto. El precio de la cerrazón de los corazones y de la falta de voluntad de paz de los poderosos. Estamos cercanos a los hermanos y a las hermanas sirios con la oración y la solidaridad, y los confiamos a la maternal protección de la Virgen María. Recemos en silencio y después el Ave María…

Os saludo a todos vosotros, romanos y peregrinos de varios Países. ¡Veo tantas banderas!

Hoy están presentes diversos grupo de chicos y jóvenes. ¡Os saludo con gran afecto! En especial, al grupo de la pastoral juvenil de Verona; a los jóvenes de Padua, Sandrigo y Brembilla; al grupo de chicos de Fasta, provenientes de Argentina. ¡Estos argentinos hacen bulla en todas partes! Saludo también a los adolescentes de Campogalliano y San Matteo della Decima, venidos a Roma para desarrollar un servicio de voluntariado en centros de acogida.

Saludo también  a los fieles de Sforzatica, diócesis de Bergamo.

Deseo a todos un buen domingo. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí.

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