Quirógrafo del Santo Padre a S.E. Mons. Vincenzo Paglia

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Querido hermano,

Con ocasión de la reforma de la Curia Romana, he considerado oportuno que las Instituciones puestas al servicio de la Santa Sede con la tarea de búsqueda y de formación sobre los temas relacionados con el matrimonio, la familia y la vida, inician una renovación y a un mayor desarrollo para inscribir sus valores siempre más claramente en el horizonte de la misericordia.

Para ello, conociendo tu sólida preparación y tu amplia experiencia en tal ámbito, adquirida durante estos años como presidente de Pontificio Consejo para la Familia con bastantes frutos espirituales y pastorales, he decidido confiarte el cargo de Gran Canciller del Pontificio Instituto Juan Pablo II para los estudios sobre el matrimonio y la familia, de acuerdo con el art. 6 de sus respectivos Estatutos, y de presidente de la Pontificia Academia para la Vida, encargándote así mismo de la dirección general de ésta misma.

Como es sabido, desde el Concilio Ecuménico Vaticano II hasta hoy, el Magisterio de la Iglesia ha profundizado y ampliado su conocimiento sobre estos temas. E incluso con el reciente Sínodo sobre la familia, con la exhortación apostólica Amoris laetitia, se ha ampliado y profundizado aún más el contenido. Es mi intención que los Institutos puestos bajo tu guía se empeñen de manera renovada para profundizar y difundir el Magisterio, confrontándose con los desafíos de la cultura contemporánea. El alcance de la reflexión son los límites; también en el estudio teológico no falte nunca la perspectiva pastoral y la atención a las heridas de la humanidad.

Por tanto, nombrándote Gran Canciller del Pontificio Instituto Juan Pablo II para los estudios sobre el matrimonio y la familia, quiero favorecer una adecuado desarrollo de la actividad de reflexión, investigación y enseñanza , de manera que se convierte en un campo privilegiado para ayudar a las familias a vivir su vocación y misión en la Iglesia y el mundo de hoy.

Como presidente de la Pontificia Academia para la Vida, te exhorto a hacer frente a los nuevos retos que afectan el valor de la vida. Me refiero a los diversos aspectos que conciernen el cuidado de la dignidad de la persona humana en las diferentes fases de la existencia, el respeto recíproco entre géneros y generaciones, la defensa de la dignidad de todo ser humano, la promoción de una calidad de vida humana que integre el valor material y espiritual, en la perspectiva de una auténtica ‘ecología humana’, que ayude a volver a encontrar el equilibrio original de la Creación entre la persona humana y el universo entero.

Para ello, será útil para promover las relaciones fructíferas entre la Academia y el Instituto Juan Pablo II, a fin de que las actividades de una y de otra, en la fidelidad a sus objetivos y métodos, se desarrollen en armonía y unidad de propósito. En esta perspectiva, te encargarás de favorecer el diálogo cordial y activo con otros Institutos científicos y Centros académicos, también en el ámbito ecuménico o interreligioso, ya sea de inspiración cristiana así como de otras tradiciones culturales y religiosas.

Inclinarse ante las heridas del hombre para comprenderlas, curarlas y sanarlas, es la tarea de una Iglesia confiada en la luz y en la fuerza de Cristo resucitado, capaz de hacer frente también en los lugares de tensión y de conflicto como como un ‘hospital de campaña’, que vive, anuncia y realiza su misión de salvación y de curación precisamente ahí donde la vida de los individuos está más amenazada por las nuevas culturas de la competencia y del descarte.

Las dos instituciones de las cuales tendrás que hacer frente estarán en unión con el nuevo Dicasterio para los laicos, la familia y la vida, con conciencia de que algunos temas se confiarán al nuevo Dicasterio que se ocupará de la pastoral sanitaria. Tu trabajo, entonces, deberá crear una armonía entre ambos Dicasterios, de acuerdo con sus respectivas competencias y en el espíritu de cooperación mutua que guía las actividades de los organismos al servicio de la Santa Sede.

Deseándole éxito en tu trabajo, porque el trabajo científico de investigación cultural y académico, con el encargo especial de estas dos instituciones, seguirá haciendo su propia contribución específica, en el contexto armónico de las múltiples actividades de los Dicasterios de la Curia Romana , te imparto la Bendición Apostólica .

Ciudad del Vaticano, 15 de agosto de 2016
Solemnidad de la Asunción de María Santísima

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