Covadonga, y dos niños que nos interpelan

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9 de septiembre de 2016.– Bajo la amenaza de lluvia, que finalmente no fue a más y permitió la procesión con la Santina hasta la Cueva, se desarrolló el día de Covadonga en el Santuario, este 8 de septiembre. La Novena se había centrado, como no podía ser de otra manera, en el Año de la Misericordia, y sobre ella habló el Arzobispo de Oviedo, Mons. Fr. Jesús Sanz Montes, en su homilía, en el transcurso de una Eucaristía repleta como es habitual de fieles, peregrinos y las autoridades del Principado.

TEXTO COMPLETO: Homilía de Mons. Fr. Jesús Sanz Montes en la solemnidad de Nuestra Señora de Covadonga

Las imágenes recientes, que dieron la vuelta al mundo, de dos niños, fueron la clave de la intervención de Mons. Sanz, concretamente, de Omran, el pequeño sirio rescatado de un bombardeo en Alepo, y Giuliana, de ocho años, rescatada de los escombros en el terremoto de Amatrice. Del primero, denunció el Arzobispo que “era su mirada, ausente y ciega, la que nos asomaba desde el balcón sus pequeños ojos inocentes, al mundo absurdo que estamos construyendo y les estamos heredando. Tras un inútil bombardeo donde caen personas inocentes, queda manifiesto el absurdo de una guerra que no sirve para nada y para nadie”. Respecto a Giuliana, Mons. Sanz recordó que “salió sin decir palabra, como quien ante tamaño sobresalto no sabría decir nada, conmocionada como estaba. Pero fue su silencio el que más nos gritaba. Los labios de una niña que sin pronunciar palabra nos gritaron la incoherencia de una sociedad sin entraña. Porque tas una tragedia natural como es un terremoto, aparecen las comedias de una corrupción política y financiera que mercadea con la seguridad de unos edificios para sacar tajada haciendo el agosto en sus bolsillos, aunque en agosto se caiga la ciudad entera llevándose por delante tantas vidas humanas”. Son, en definitiva, dos niños “que nos señalan lo que no quereos ver y nos balbucean lo que no queremos escuchar”.

Pero ante este “escenario” –subrayó el Arzobispo-, “que nos dibuja el panorama complejo y duro de tantas personas”, puede “sobrevenirnos una desazón rayana con el más cruel pesimismo”, y “no es esta la perspectiva cristiana”. “Podría parecer ingenuo lo que el Papa Francisco nos propuso en torno a una actitud y una palabra que están desterradas”, se trata de la “misericordia”, afirmó, o “cómo volver a lo que nos centra, nos concentra y nos encuentra en lo que es bondadoso, justo y bello”.

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