Inauguración de la Catedral de Albarracín

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9 de septiembre de 2016.- La restauración de la Catedral de Albarracín es ya una realidad, tras 6 años de trabajos, y que pone en valor uno de los monumentos emblemáticos de la Ciudad. Con esta inauguración la Fundación Santa María de Albarracín celebra sus primeros 20 años de trayectoria. La celebración estuvo presidida por el Arzobispo de Zaragoza, Mons D. Vicente Jiménez Zamora, acompañado por Mons. D. Antonio Algora Hernando, obispo emérito de Ciudad Real y quién inició en su episcopado la Fundación Santa María y Mons. D. José Manuel Lorca Planes, Obispo de Cartagena, que cuando estuvo en nuestra Diócesis se empezó la restauración de la Catedral.

TEXTO COMPLETO: Homilía de Mons. D. Vicente Jiménez Zamora en la inauguración de la restauración de la Catedral de Albarracín

Sin duda esta Catedral, junto con el Castillo principal de la ciudad, constituyen el compendio monumental más importante de Albarracín, asociado a su peculiar evolución histórica. Como se ha constatado claramente en su misma restauración, la actual catedral se construye en el siglo XVI, y se remodela dos centurias después, aunque también han aparecido importantes huellas precedentes que ratifican una primitiva edificación medieval. Su origen puede remontarse a la mezquita mayor de la primera medina islámica de los Banu-Razín.

La restauración de la catedral ha supuesto una evidente mejora arquitectónica y un impresionante enriquecimiento monumental. Se ha saneado todo el exterior del monumento desde la torre y su ábside, que constituyen la unidad frontal más visible, hasta el cuerpo del coro y las criptas que caen hacia el río, en el extremo opuesto. Sin embargo, ha sido la intervención interior la que ha deparado más sorpresas, con la aparición de determinados elementos arquitectónicos y decoraciones históricas de entidad, que enriquecen sustancialmente su fisonomía actual, recogiendo su largo proceso constructivo.

Casi nos encontramos con una nueva catedral. Los hallazgos encontrados primero en las bóvedas del coro, se han sucedido en toda la nave central, hasta la capilla mayor. Son decoraciones ocultas bajo el despiece grisáceo que homogeneizaba en oscuro el interior del monumento, y cuya eliminación ha supuesto uno de los trabajos más costosos de esta restauración. Se trata de la decoración del siglo XVIII, que es la que se ha rescatado en prácticamente todo el cuerpo central de la catedral.

En concreto es ésta una impactante decoración colorista y luminosa que afecta sobre todo al ámbito celeste de la edificación, desde la gran moldura que remata los muros laterales en todo el perímetro de la nave central. Los nervios de la bóveda estrellada que cubre esta nave se encontraron totalmente decorados, con sencillos y vistosos colores, de tonalidades diferentes que cambian según los tramos que separan los arcos fajones de esta techumbre abovedada. Este colorido es más rotundo, por extenso, en torno a los óculos, enmarcados por cortinajes abiertos de profusa decoración, con angelotes, lacerías, plumas, conchas, etc. en los que también se ha reinstalado el alabastro que tuvo en su origen. Desde el ancho entablamento perimetral, igualmente marmolizado en tonalidades anaranjadas dominantes, tan sólo las pilastras que enmarcan las capillas laterales se encontraron decoradas con sencillos encadenados geométricos, de tosca profundidad, que conectan con los zócalos también marmolizados, que se extienden incluso por los muros bajos de casi todas las capillas.

En la capilla de Santa Ana y en la del Bautismo, primera y última de la alineación epistolar derecha, se han encontrado los restos más antiguos de la catedral. Son restos medievales de naturaleza arquitectónica y pictórica respectivamente. Mientras en la capilla de Santa Ana se hallaron los sillares acuñados del monumento precedente al actual, un destacado arco solio y unos abocinados ventanales góticos, en la capilla del Bautismo, por el contrario, se halló una interesantísima decoración mural de muy buena factura en general. Se trata de una Piedad, cuya escena principal en torno a la figura de Cristo, se localiza a los pies de la cruz, limitada en el nivel superior de la representación, por la crucifixión de ambos ladrones a uno y otro lado, entre un minucioso escenario natural utilizado de fondo. Estas pinturas debieron cubrir casi la totalidad de la capilla primitiva, aunque con calidades diferentes a las descubiertas en su muro frontal.

En la capilla de acceso desde la Plaza de la Seo, nos encontramos con un abigarrado esgrafiado vegetal, entre algunas representaciones animales. Cubre parcialmente los muros, y la totalidad de su cúpula con linterna, en cuyas pechinas aparecen desgastados ángeles músicos. A la derecha del portón de entrada, bajo el sobrepuesto retablo de San Ignacio de Loyola, se localizó la hornacina original con remate moldurado, y la referencia escrita de la posible modificación del espacio: Joaquín Murciano Infanta que Dios guarde Muchos años, a 8 de Mayo del Año 1776.

Igualmente sorprendente es el hallazgo de toda una capilla del siglo XVI, con sus interesantes grisallas decorativas en bastante buen estado de conservación. Representan episodios diferentes de la vida de Cristo, parcialmente dañados por la apertura última de huecos. Con la retirada del relleno de escombros de su falso suelo, esta llamada capilla de la Circuncisión ha recuperado su integridad formal, incluido su reinstalado retablo, y también su acceso original desde el claustro.

También el claustro ha mejorado sustancialmente. Además de perfilar el acceso a otra capilla contigua a la anterior, se ha rescatado su color original, se han restaurado sus dos retablos y algunas imágenes del importante vía crucis que le circunda. Sin embargo, la obra de mayor entidad ha sido la restauración de la capilla de la Inmaculada, conocida como Parroquieta, también del siglo XVI, con impactantes grisallas alusivas, en este caso, a la vida de la Virgen. Junto con su ampliación lateral, las nervaduras de su techumbre se hallaron ligeramente policromadas, en atención a la gran reforma barroca del complejo catedralicio.

Se ha instalado una nueva iluminación, un nuevo sistema de sonido, y una adecuada calefacción radiante bajo el nuevo solado de barro cocido. Siguiendo los fragmentos de un antiguo pavimento que se encontraron bajo algunos retablos y bajo las cojoneras de la sacristía por ejemplo, se decidió reinstalar un nuevo suelo de barro, preservando, eso sí, el del presbiterio, dado su inmejorable estado de conservación. Siguiendo precisamente la disposición en damero de este espacio, se volvió a instalar en la nave central un barro artesano de fabricación actual, entre marrón chocolate y amarillo paja, que pasa a dibujo alfombrado en las primitivas capillas laterales. En el resto de los habitáculos colaterales se han pavimentado con baldosa rojiza, igualmente de barro cocido.

Con este concienzudo trabajo de restauración, nuestra catedral presenta hoy con una inmejorable semblanza actualizada, de reforzado valor histórico por los importantísimos hallazgos rescatados. La tarea, sin embargo, no ha concluido. Además de los sistemáticos mantenimientos, para anualidades sucesivas quedará la intervención en la impresionante capilla del Pilar, y la catalogación y conservación preventiva de los numerosos bienes muebles almacenados bajo coro, y en la sala capitular de la misma catedral, estos últimos parcialmente restaurados ya.

Diócesis de Teruel y Albarracín

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