Visita del Santo Padre Francisco a Asís para la Jornada mundial de oración por la Paz “Sed de paz, religiones y culturas en diálogo” (20 septiembre 2016) – Ceremonia de clausura

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20 de septiembre de 2016.-

DISCURSO DEL PAPA FRANCISCO EN LA CEREMONIA DE CLAUSURA DE LA JORNADA

A las 17.15 horas, todos los representantes de las distintas religiones se han reunido en la Plaza de San Francisco en Asís para la ceremonia de clausura. El Santo Padre ha llegado al palco junto al rabino Abraham Skorka, rector del Seminario Rabínico Marshall T. Meyer (Argentina); al profesor Abbas Shuman, vicepresidente de la Universidad Al-Azhar (Egipto) y al muy venerable Gijun Sugitani, consejero supremo de la Escuela Budista Tendai (Japón).

La ceremonia a comentado con los saludos de S.E. Mons. Domenico Sorrentino, arzobispo-obispo de Asís-Nocera Umbra-Gualdo Tadino, y del P. Mauro Gambetti, Custodio del Sacro Convento de Asís. Tras la introdocción del profesor Andrea Riccardi, fundador de la comunidad de Sant’Egidio, ha narrado su testimonio una víctima de la guerra en Siria, la señora Tamar Mikalli, fugada de Alepo; han intervenido después el Patriarca Bartolomé I; el profesor David Brodman, Rabino de Israel; el muy venerable Koei Morikawa, Patriarca del Budismo Tendai (Japón) y el profesor Din Syamsuddin, presidente del Consejo de los Ulema (Indonesia).

Posteriormente, el Papa Francisco ha pronunciado el discurso que ofrecemos a continuación:

Discurso del Santo Padre:
[texto original: italiano – traducción oficial]

TEXTO COMPLETO: Discurso del Santo Padre Francsico en la ceremonia de clausura de la Jornada mundial de oración por la Paz

LECTURA Y FIRMA DE UN LLAMAMIENTO POR LA PAZ

Terminado el discurso del Santo Padre, todos los presentes en la Plaza de San Francisco en Asís han guardado un momento de silencio en memoria de las víctimas de las guerras y del terrorismo. Después se ha leído el Llamamiento por la Paz 2016 que los jefes religiosos han entregado a niños, los cuales lo llevaran a los representantes de las naciones. Encendidas unas velas, los representantes de las religiones han firmado el Llamamiento y se han intercambiado el signo de la paz.

Terminada la ceremonia, el Papa se ha subido al helicóptero en el campo deportivo  “Migaghelli” de Santa María de los Ángeles para regresar al Vaticano.

Llamamiento por la paz:

Hombres y mujeres de distintas religiones hemos venido, como peregrinos, a la ciudad de san Francisco. En 1986, hace 30 años, e invitados por el Papa Juan Pablo II, Representantes religiosos de todo el mundo se reunieron aquí —por primera vez de una manera tan solemne y tan numerosos—, para afirmar el vínculo indisoluble entre el gran bien de la paz y una actitud auténticamente religiosa. Aquel evento histórico dio lugar a un largo peregrinaje que, pasando por muchas ciudades del mundo, ha involucrado a muchos creyentes en el diálogo y en la oración por la paz; ha unido sin confundir, dando vida a sólidas amistades interreligiosas y contribuyendo a la solución de no pocos conflictos. Este es el espíritu que nos anima: realizar el encuentro a través del diálogo, oponerse a cualquier forma de violencia y de abuso de la religión para justificar la guerra y el terrorismo. Y aun así, en estos años trascurridos, hay muchos pueblos que han sido gravemente heridos por la guerra. No siempre se ha comprendido que la guerra empeora el mundo, dejando una herencia de dolor y de odio. Con la guerra, todos pierden, incluso los vencedores.

Hemos dirigido nuestra oración a Dios, para que conceda la paz al mundo. Reconocemos la necesidad de orar constantemente por la paz, porque la oración protege el mundo y lo ilumina. La paz es el nombre de Dios. Quien invoca el nombre de Dios para justificar el terrorismo, la violencia y la guerra, no sigue el camino de Dios: la guerra en nombre de la religión es una guerra contra la religión misma. Con total convicción, reafirmamos por tanto que la violencia y el terrorismo se oponen al verdadero espíritu religioso.

Hemos querido escuchar la voz de los pobres, de los niños, de las jóvenes generaciones, de las mujeres y de muchos hermanos y hermanas que sufren a causa de la guerra; con ellos, decimos con fuerza: No a la guerra. Que no quede sin respuesta el grito de dolor de tantos inocentes. Imploramos a los Responsables de las naciones para que se acabe con los motivos que inducen a la guerra: el ansia de poder y de dinero, la codicia de quienes comercian con las armas, los intereses partidistas, las venganzas por el pasado. Que crezca el compromiso concreto para remover las causas que subyacen en los conflictos: las situaciones de pobreza, injusticia y desigualdad, la explotación y el desprecio de la vida humana.

Que se abra en definitiva una nueva época, en la que el mundo globalizado llegue a ser una familia de pueblos. Que se actúe con responsabilidad para construir una paz verdadera, que se preocupe de las necesidades auténticas de las personas y los pueblos, que impida los conflictos con la colaboración, que venza los odios y supere las barreras con el encuentro y el diálogo. Nada se pierde, si se practica eficazmente el diálogo. Nada es imposible si nos dirigimos a Dios con nuestra oración. Todos podemos ser artesanos de la paz; desde Asís, con la ayuda de Dios, renovamos con convicción nuestro compromiso de serlo, junto a todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

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