Frente a la debilidad de la enfermedad no puede haber distinciones de estatus social, raza o cultura

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24 de septiembre de 2016.- Las Hermanas Hospitalarias de la Misericordia han sido recibidas esta mañana por el Papa en coincidencia con el Jubileo. A las 130 religiosas presentes en la Sala  Clementina, que se dedican sobre todo al cuidado de los enfermos en los hospitales,  encabezadas por su superiora, la Madre Paola Iacovone, el Santo Padre ha agradecido su fidelidad al carisma originario de la orden y su atención a las nuevas formas de pobreza de nuestros tiempos.

Fundadora de ese Instituto  fue la sierva de Dios Teresa Orsini Doria Pamphili (1788-1829) una italiana de familia noble que ayudada por dos sacerdotes, como recordó Francisco, se dejó guiar por las palabras de Jesús: “Estaba enfermo y me visitasteis” porque  “frente a la debilidad de la enfermedad no  puede haber distinciones de estatus social,  raza,  lengua y la cultura: todos nos debilitamos y tenemos que confiarnos a los demás”.

“La Iglesia  siente como compromiso y  responsabilidad  la cercanía a los que sufren, para darles consuelo, ayuda y compañía –recordó el Papa- Vosotras dedicáis vuestra vida sobre todo al servicio de los hermanos y hermanas ingresados en los hospitales para que gracias a vuestra presencia y profesionalismo se sientan más sostenidos en la enfermedad. Y para esto no hacen falta discursos largos: una caricia, un beso, estar al lado en silencio, una sonrisa.. No os rindáis nunca en este servicio inapreciable a pesar de todas las dificultades que pueden surgir. A veces, en nuestros días, una cultura laicista apunta a quitar de los hospitales cualquier referencia religiosa, empezando por la presencia de las monjas. Sin embargo, cuando es así, va acompañado, no pocas veces, de dolorosas carencias de humanidad,  realmente discordantes  en los lugares de sufrimiento. No os canséis de ser amigas, hermanas y madres de los enfermos y que la oración sea siempre la linfa que alimenta vuestra misión evangelizadora”.

“Cuando os acerquéis a cada enfermo tened en vuestros corazones la paz y la alegría que son fruto del  Espíritu Santo. En ese lecho del hospital –subrayó e l Pontífice- yace siempre  Jesús, presente en aquella persona que sufre;  es él quien  pide ayuda a cada una de vosotras. Es Jesús. A veces uno puede pensar; ‘Algunos enfermos molestan”. Pero también nosotros molestamos al Señor y nos soporta y nos acompaña. ¡Que la cercanía a Jesús y a los más débiles sea vuestra  fuerza!. El cuarto voto que os caracteriza como  familia religiosa es más actual que nunca, sobre todo porque se multiplican las personas sin familia, sin hogar, sin patria y necesitadas de acogida. Viviendo con coherencia este voto en  particular, asumís en vosotras mismas los sentimientos de Cristo, que “siendo rico se hizo pobre”.  Os acompañe siempre la Santa Madre de Misericordia y os sostenga  en el servicio diario a los más débiles. Os bendigo de corazón y os pido por favor que recéis  por mí. Gracias.

Al final el Papa pidió a la Madre Superiora que hicieran juntos la consagración del Instituto a la Virgen Madre de la Misericordia.

VIS

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