Audiencia del Santo Padre al arzobispo de Canterbury y primado de la Iglesia Anglicana

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6 de octubre de 2016.- A las 10.15 horas de esta mañana, en la Sala de los Papas del Palacio Apostólico, el Santo Padre Francisco ha recibido en audiencia a Su Gracia Justin Welby, arzobispo de Canterbury y primado de la Iglesia Anglicana, con los primados de la Provincia Anglicana, reunidos en Roma con motivo de la conmemoración del 50º aniversario del encuentro entre el beato Pablo VI y el arzobispo de Canterbury Michael Ramsey y de la institución del Centre Anglicano de Roma que tuvo lugar en la tarde de ayer en la iglesia de Santi Andrea e Gregorio al Monte Celio de Roma.

Publicamos a continuación el saludo que el Papa ha pronuncia durante el encuentro:

Saludo del Santo Padre:
[texto original: italiano – traducción de Iglesiaactualidad]

Vuestra Gracia,
Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Gracias por vuestra presencia. Es un bellísimo signo fraternal ver a los primados de tantas provincias de la Comunión Anglicana junto a Su Gracia aquí en Roma. Hemos conmemorado solemnemente el 50º aniversario del histórico encuentro entre el beato Pablo VI y el arzobispo Michael Ramsey. Este ha traído muchos frutos: basta pensar en el nacimiento del Centro Anglicano en Roma, el nombramiento del representante permanente del Arzobispo ante la Santa Sede y el comienzo de nuestro diálogo teológico, del cual es signo el libro que contiene los cinco documentos de la segunda fase de la ARCIC (1982-2005). A la hora de compartir estos frutos pensamos que vienen de un árbol que hunde sus raíces en el encuentro de hace cincuenta años.

Pensando en la continuación de nuestro camino común me vienen en mente tres palabras: oración, testimonio, misión.

Oración: Ayer tarde celebramos las vísperas; esta mañana habéis rezado aquí, en la tumba del apóstol Pedro: no nos cansemos nunca de pedir juntos y con insistencia al Señor el don de la unidad.

Testimonio: Estos cincuenta años de encuentro e intercambio, así como la reflexión y los textos comunes nos hablan de cristianos que, por la fe y con la fe, se han escuchado y han compartido tiempo y fuerzas. Ha crecido la convicción de que el ecumenismo nunca es un empobrecimiento, sino una riqueza; ha madurado la certeza de que todo lo que el Espíritu ha sembrado en el otro produce una cosecha común. Atesoremos esta herencia y sintámonos llamados cada día a dar al mundo, como Jesús pidió, el testimonio del amor y de la unidad entre nosotros (cfr Jn 15,12; 17,21).

Misión: Hay un tiempo para cada cosa (cfr Qo 3,1) y este es el tiempo en que el Señor nos interpela, de forma particular , a salir de nosotros mismos y de nuestros ambientes, para llevar su amor misericordioso a un mundo sediento de paz. Ayudémonos unos a otros  a colocar en el centro las exigencias del Evangelio y a entregarnos concretamente a esta misión.

Y para pedir la gracia de crecer en la oración, en dar testimonio y en salir en misión, me permito invitaros a rezar juntos el Padre Nuestro.

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