Biografía del beato Segundo Alonso González, laico y mártir

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BEATO SEGUNDO ALONSO GONZÁLEZ
(1888 – 1937)

Laico y mártir

Nació en Cabo, parroquia de Nembra, el 13 de mayo de 1888. Era el quinto de seis hijos del matrimonio entre Manuel Alonso e Isabel González, que vivían de la agricultura y la ganadería. Tres de sus hermanos fueron religiosos.

Se casó, a la edad de 23 años, con María Lobo Alonso, el 21 de octubre de 1911.

25 años más tarde, justo el día de sus bodas de plata matrimoniales, era martirizado en esa misma Iglesia.

Tuvieron 12 hijos, y aunque comenzó trabajando en alguna finca, con el tiempo se ve en la obligación de pedir empleo en la Hullera española. Hacía diariamente siete kilómetros desde su casa al trabajo, y lo completaba con el trabajo en el campo y pequeños trabajos en casa de carpintería.

De los doce hijos, sobrevivieron siete. La última, María, falleció al nacer junto con su madre, en 1926. Dos de ellos, además, fueron sacerdotes.

Era profundamente religioso, mayordomo de la capilla de Enfistiella dedicada a Santo Domingo de Guzmán, y presidente de la Adoración Nocturna. Fue también presidente del Sindicato Católico de Mineros, así como de la Cofradía del Rosario.

Según el testimonio de su hijo Luis Alonso Lobo, el padre se encontraba en el puerto de La Espina días antes de su prendimiento. Le increpó por no haber huído a León, a lo que él alegó “nada malo he hecho y por tanto nada tengo que temer; aquí no van a venir a buscarme”. A las 5 de la mañana del día 20 de octubre, llegaron los milicianos a buscarle. No lo encontraron, pero a última hora de la tarde regresaron por fin con él preso, y con otros dos más. Tenían orden de que no podían volver sin él: “hemos cazado al pez gordo”, decían.

Una vez en el Comité, fue sometido a un largo interrogatorio, preguntándole por armas, imágenes escondidas y nombres de personas peligrosas para su causa. Sentían que habían cogido a alguien realmente importante, pues era el Presidente del Sindicato Católico y de la Adoración Nocturna.

Le encerraron en la Sala de Guardia de la Adoración Nocturna, que hacía las veces de cárcel, y Segundo les dijo a los que estaban allí ya: “Muchas veces hemos pasado aquí la noche para acudir el turno de vela ante el Santísimo; como ahora no podemos hacerlo, recemos el Rosario y hagamos un sincero acto de contricción, poniéndonos en las manos de Dios, ya que es posible que algunos de nosotros tenga los días contados”.

Durante los días en que estuvo preso, fue sometido a torturas y malos tratos.

A finales de julio fueron dando la libertad a los detenidos con cuenta gotas. Segundo e Isidro fueron los últimos.

A ambos les liberaron, pero con la condición de no ausentarse de la casa, porque tendrían que presentarse cuantas veces fueran llamados.

La liberación duró poco tiempo, ya que el día 11 de agosto por la tarde volvieron a prenderles.

Volvieron de nuevo las noches de interrogatorios y malos tratos, escarnios y burlas a su fe.

Los testigos que sobrevivieron narraron que a pesar de las palizas, especialmente a Segundo, cada vez rezaban más, y Segundo escribía en un papel con frecuencia que escondía en las bisagras de la ventana y que leía muy a menudo. Esas notas se perdieron pero según un testigo que llegó a leerla, afirmó que se trataba de una “hermosa comunión espiritual”.

La noche del 21 de octubre fue cruelmente martirizado en la iglesia, junto con su compañero, Isidro, y su párroco, don Genaro.

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