Las obras de misericordia, antídoto contra la indiferencia

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12 de octubre de 2016.– La Audiencia general de esta mañana se ha celebrado a las 10 horas en la Plaza de San Pedro donde el Santo Padre Francisco se ha encontrado con grupos de peregrinos y de fieles provenientes de Italia y de diversas partes del mundo.

En el discurso en italiano el Papa, continuando sus catequesis sobre la misericordia, ha centrado su meditación en el tema “Las Obras de Misericordia corporales y espirituales” (cfr. Mt 25, 31-36). El Santo Padre ha recordado que “no es suficiente haber experimentado la misericordia de Dios en nuestras vidas –observó el Pontífice- es necesario que cuantos la reciben sean también signo e instrumento suyo para los demás… No se trata de hacer grandes esfuerzos o gestos sobrehumanos. El Señor nos indica un camino mucho más fácil, hecho de pequeños gestos pero que a sus ojos tienen un gran valor, hasta el punto de decir que por ellos seremos juzgados…Jesús dice que cada vez que damos de comer a quien tiene hambre y de beber a quien tiene sed, cuando vestimos a una persona desnuda o acogemos a un forastero, cuando visitamos a un enfermo o a un prisionero, se lo hacemos a El. La Iglesia ha llamado a estos gestos “obras de misericordia corporales” porque socorren las necesidades materiales”.

Pero hay también, como recordó Francisco, otras siete obras de misericordia espirituales, que responden a otras exigencias, igualmente importantes “sobre todo hoy –recalcó- porque afectan a lo más profundo de las personas y a menudo hacen sufrir más. Todos nos acordamos de una que ha entrado a formar parte del lenguaje corriente: “Sufrir con paciencia los defectos del prójimo”. Podría parecer algo de poca importancia, algo que nos hace sonreír y sin embargo lleva aparejado un sentimiento de caridad profunda; y lo mismo pasa con las otras seis: dar buen consejo al que lo necesita, enseñar al que no sabe, corregir al que se equivoca, consolar al triste, perdonar al que nos ofende, rezar a Dios por los vivos y por los difuntos”.

“Es mejor iniciar por las más fáciles que el Señor nos indica como las más urgentes –añadió- En un mundo aquejado del virus de la indiferencia, las obras de misericordia son el mejor antídoto. Nos educan  a la atención hacia las exigencias básicas de nuestros hermanos más pequeños en los que está presente Jesús.Nos hacen estar alerta evitando que Cristo nos pase al lado sin que lo reconozcamos. Viene en mente la frase de san Agustín: “Tengo miedo de que el Señor pase” y no lo reconozca, de que el Señor pase a mi lado en una de estas personas pequeñas, necesitadas y no me dé cuenta de que es Jesús”.

Las obras de misericordia “despiertan en nosotros la exigencia y la capacidad de hacer viva y activa la fe mediante la caridad. Estoy convencido de que a través de estos gestos diarios tan sencillos podemos hacer una verdadera revolución cultural–aseguró Francisco- Si cada uno de nosotros, cada día hace una de estas obras, en el mundo habrá una revolución. Pero tenemos que hacerlas todos y cada uno.¡De cuántos santos nos acordamos no por las grandes obras que hicieron sino por la caridad que transmitieron! Por ejemplo, de la Madre Teres no nos acordamos por las muchas casas que abrió en el mundo sino porque se inclinaba sobre cada persona que encontraba en medio de la calle para devolverle la dignidad. ¡Cuántos niños abandonados ha estrechado en sus brazos! ¡A cuántos moribundos ha acompañado hasta el umbral de la eternidad teniéndolos de la mano!”.

“Estas obras de misericordia –concluyó- son los rasgos del rostro de Jesucristo que cuida de sus hermanos más pequeños para llevarles la ternura y la cercanía de Dios. ¡Que nos ayude el Espíritu Santo y encienda en nosotros el deseo de vivir con esta forma de vida: Por lo menos una obra al día!. Aprendamos otra vez de memoria las obras de misericordia corporales y espirituales y pidamos al Señor que nos ayude a ponerlas en práctica cada día y en el momento en que vemos a Jesús en una persona necesitada”.

Síntesis de la catequesis en español y saludo

Queridos hermanos y hermanas:

En las catequesis anteriores hemos reflexionado sobre el misterio de la misericordia de Dios, desde el actuar del Padre en el Antiguo Testamento hasta el de Jesús, quien a través de las narraciones evangélicas, se nos muestra, en sus palabras y en sus gestos, como la encarnación de la misma de la Misericordia.

No es suficiente haber experimentado la misericordia de Dios en nuestra vida, debemos ser su signo e instrumento a través de pequeños gestos concretos. Estos tienen valor a los ojos del Señor, hasta el punto de ser el criterio sobre el que seremos juzgados. La Iglesia ha llamado a estos pequeños gestos «obras de misericordia corporales y espirituales», que tocan las exigencias más importantes y esenciales de las personas.

En un mundo donde reina la indiferencia, las obras de misericordia son el mejor antídoto contra ella, porque nos educan a estar atentos a las necesidades más elementales de nuestros «hermanos más pequeños» y más vulnerables. En las próximas catequesis meditaremos sobre cada una de estas obras, que son el modo concreto de vivir la misericordia, y hacer nuestra fe viva y operosa con la caridad.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los provenientes de España y Latinoamérica. Que el Espíritu Santo encienda en nosotros el deseo de practicar las obras de misericordia, para que nuestros hermanos sientan presente a Jesús, que no los abandona en sus necesidades sino que se hace cercano y los abraza con ternura. Muchas gracias.

Saludos

En los saludos a los peregrinos procedentes de diversos países, el Papa recordó entre los de lengua árabe a los restauradores de la basílica de la Natividad en Jerusalén a quien acompañaba el vicario general de Tierra Santa, fray Dobromir Jasztal.

Entre los de habla portuguesa mencionó al grupo de Cabanelas y Cervaes de Sao Paulo y a los miembros de la Comunidad Shalom. También saludó a los peregrinos húngaros de Budapest, Lövete y Brasov, de la arquidiócesis de Alba-Iulia, venidos a Roma para la ordenación diaconal de los alumnos del Pontificio Colegio Germano-Húngaro.

En italiano dio la bienvenida a los organizadores y participantes en el “Partido por la paz y la solidaridad” que se juga esta noche en el estadio Olímpico de Roma y, al final, se dirigió, como es habitual, a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. “Ayer celebramos –dijo- la memoria de san Juan XXIII. Invocad su intercesión celestial, queridos jóvenes, para imitar la dulzura de su amor paterno; rezadle en los momentos de la cruz y el sufrimiento, queridos enfermos, para hacer frente a las dificultades con su misma mansedumbre; aprended de él, queridos recién casados, el arte de educar a los hijos con la ternura y con el ejemplo”.

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