Que el cristiano esté siempre en camino para hacer el bien

fran30102014

Jueves 13 de octubre de 2016

Homilía del Santo Padre Francisco
Jueves de la XXVIII semana del Tiempo Ordinario

Acabamos de leer en la Primera Lectura (Ef 1,1-10): Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. El cristiano es bendecido por el Padre, por Dios.

¿Cuáles son los rasgos de esa bendición para un cristiano? Ante todo, el cristiano es una persona elegida. El Padre nos ha elegido uno a uno, no como a una multitud oceánica. Hemos sido elegidos y esperados por el Padre. Pensemos en una pareja, cuando esperan un hijo: ¿Cómo será? ¿Y cómo será su sonrisa? ¿Y cómo hablará? Pues yo me atrevo a decir que también nosotros, cada uno de nosotros, ha sido soñado por el Padre como un papá y una mamá sueñan con el hijo que esperan. Y eso te da una gran seguridad. El Padre te ha querido a ti, no a la masa de gente, no: a ti, a ti, a ti. A cada uno. Es el fundamento, es la base de nuestro trato con Dios. Hablamos con un Padre que nos quiere, que nos ha elegido, que nos ha dado un nombre. Así pues, el cristiano es elegido, soñado por Dios. Y cuando vivimos así, sentimos en el corazón un gran consuelo, no nos sentimos abandonados, no se nos dice: “apáñatelas como puedas”.

El segundo rasgo de la bendición del cristiano es sentirse perdonados. Un hombre o una mujer que no se siente perdonado, no es plenamente cristiano. Todos hemos sido perdonados con el precio de la sangre de Cristo. Pero, ¿de qué he sido perdonado? Pues haz un poco de memoria y recuerda las cosas feas que has hecho, no las de tu amigo, tu vecino, tu vecina: ¡las tuyas! ¿Qué cosas feas he hecho yo en mi vida? Pues el Señor te ha perdonado esas cosas. Así pues, soy bendecido, soy cristiano. O sea, primer rasgo: soy elegido, soñado por Dios, con un nombre que Dios me ha dado, amado por Dios. Segundo rasgo: perdonado por Dios.

Y tercer rasgo: el cristiano es un hombre y una mujer en camino hacia la plenitud, al encuentro con Cristo que nos ha redimido. No se puede entender un cristiano quieto. El cristiano debe ir siempre adelante, debe caminar. El cristiano parado es aquel hombre que recibió un talento, y por miedo a la vida, por miedo a perderlo, por miedo al dueño, por miedo o por comodidad, entierra y deja allí el talento, y él se queda tan tranquilo y se pasa la vida sin avanzar. El cristiano es un hombre en camino, una mujer en camino, que hace siempre el bien, que procura hacer el bien, e ir siempre adelante.

Esa es la identidad cristiana: bendecidos, porque hemos sido escogidos, porque hemos sido perdonados y porque estamos en camino. Ni somos anónimos, ni somos tan soberbios como para no tener necesidad de perdón, ni nos quedamos quietos.

Que el Señor nos acompañe con esta gracia de la bendición que nos dio, es decir, con la bendición de nuestra identidad cristiana. Que así sea.

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