Un testigo de la fe para la Nueva Evangelización

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Adrián Ríos Bailón
Delegado de Medios de Comunicación
de la Archidiócesis de Sevilla

Cien años después de ser consagrado obispo, plenitud del orden sacerdotal, la Iglesia subirá a los altares al fundador, entre otras obras, de la Unión Eucarística Reparadora. El 16 de octubre es ya un día señalado para las cuatro diócesis que han acompañado su vida y llenado su corazón de pastor: Palencia, donde reposan sus restos bajo el sagrario de su Catedral; Málaga, que lo recuerda entre las galerías de “su sueño pastoral”, el Seminario; Huelva, de la que fue arcipreste y párroco de San Pedro; y Sevilla, que lo vio nacer y bailar como seise delante del Santísimo Sacramento, a quien consagró su vida y ministerio desde la experiencia ante Jesús Eucaristía en la parroquia de Palomares del Río.

En su obra “Aunque todos… yo no”, el Obispo de los Sagrarios Abandonados describe la fundación de su obra, publicada en el Granito de Arena de marzo de 1910, en un tiempo difícil para la Iglesia y la sociedad en general, muy triste, según sus propias palabras, «con todo el color negro y el sabor amargo que queráis poner a esa tristeza», insiste D. Manuel.

Hoy volvemos a vivir tiempos recios, que diría la santa abulense, por eso más que nunca debemos volver a las respuestas que la obra fundada por D. Manuel dio a aquella situación y que son de suma actualidad, casi en su literalidad me atrevería a decir. D. Manuel pide un compromiso «con el más abandonado de todos los pobres: el Santísimo Sacramento».

¿Ocurre o no hoy, y es una queja frecuente en la Iglesia, que la gente pasa por delante del sagrario sin reparar en la presencia real del Señor en el Santísimo Sacramento?

¿No es cierto que el Señor permanece sólo tantas horas en templos cerrados o, peor aún, en las horas en que permanecen abiertos pero tan solo entran turistas para contemplar el arte que encierran sus muros?

Todos podemos encontrar mil motivos para no asumir el compromiso que D. Manuel expresó como deseo en un primer viernes de Cuaresma. Pero también podríamos revitalizar esa misión de hacer compañía al Señor en el sagrario por grupos de Marías y discípulos de San Juan, y divulgar a través de los medios de comunicación social el lema del nuevo Santo: ‘Ningún Sagrario sin Marías como sucedió en el Calvario’.

Es cierto que, generalmente, hoy los sagrarios suelen aparecer relucientes, y no hay las telarañas de las que hablaba D. Manuel, pero quizás Jesús sigue pobre y abandonado por muchas horas en el Tabernáculo de cada iglesia.

Un apunte esperanzador es que entre los jóvenes de la Iglesia aparece un rebrote en los últimos años por la Adoración Eucarística, algo que está dando hondura a su espiritualidad. Es algo que debemos aprovechar como una ocasión para continuar la obra de san Manuel González. La divulgación de sus escritos, profundos pero con un lenguaje sencillo, puede ayudar a enriquecer los momentos de Adoración de los jóvenes y así llenar de contenido espiritual los “ratos de compañía”.

No nos encontramos con un santo histórico, sino con un testigo de la fe para la Nueva Evangelización, que ayuda a profundizar en el verdadero Misterio de Jesús Eucaristía y nos da ejemplo de como “eucaristizar” el mundo en una situación adversa como la que compartimos con él, y de la que nos podemos sentir, por tanto, casi contemporáneos.

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