Audiencia general: “Visitar al enfermo y al encarcelado”

francisco_audiencia

9 de noviembre de 2016.- La Audiencia general celebrada a las 10 horas de esta mañana en la Plaza de San Pedro donde el Santo Padre Francisco se ha encontrado con peregrinos y fieles provenientes de Italia y de distintas partes del mundo.

En el discurso en italiano el Papa, continuando con las catequesis sobre la misericordia, ha centrado su meditación en el tema: “Visitar al enfermo y al encarcelado” (cfr Mc 1, 30-34).

Después de haber resumido sus catequesis en distintos idiomas, el Santo Padre ha dirigido particulares expresiones de saludo a los grupos de fieles presentes.

La Audiencia general ha concluido con el canto del Pater Noster y la Bendición Apostólica.

Catequesis del Santo Padre
[texto original: italiano – traducción de Iglesiaactualidad]

Queridos hermanos y hermanas, buenos días.

La vida de Jesús, sobre todo en los tres años de su ministerio público, fue un encuentro incesante con las personas. Entre ellas tuvieron un lugar especial los enfermos. ¡Cuántas páginas del Evangelio narran estos encuentros! Los paralíticos, los ciegos, los leprosos, los endemoniados, los epilépticos e imnumerables enfermos de todo tipo… Jesús se acercó a cada uno de ellos y los sanó con su presencia y la potencia de su fuerza regeneradora. Por lo tanto, no puede faltar entre las obras de misericordia la de visitar y ayudar a las personas enfermas.

A esa obra se añade la de estar cerca de aquellos que se encuentran en la cárcel. De hecho, tanto los enfermos como los presos comparten condición que limita el don inapreciable de la libertad. Y precisamente cuando nos falta, ¡nos damos cuenta de cuánto es preciosa! Jesús nos brindó la posibilidad  de ser libres a pesar de las limitaciones  de la enfermedad y de las restricciones. Nos ofrece la libertad que nace del encuentro con él y del nuevo sentido que este encuentro aporta  a nuestra situación personal.

Con estas obras de misericordia el Señor nos invita a un gesto de gran humanidad: el compartir. Recordemos esta palabra: compartir. Los que están enfermos, a menudo se sienten solos. No podemos ocultar que, sobre todo en nuestros días, en la enfermedad se hace más profunda la experiencia de la soledad que atraviesa gran parte de nuestra vida. Una visita puede hacer que la persona enferma se sienta menos sola y un poco de compañía es una buena medicina. Una sonrisa, una caricia, un apretón de manos son  gestos sencillos, pero muy importantes para los que sienten abandonados a sí mismos. ¡Cuántas personas se dedican a visitar a los enfermos en los hospitales o en sus hogares! Es una obra inapreciable de voluntariado. Cuando se realiza en  nombre del Señor, también se convierte en la expresión elocuente y eficaz de la misericordia. ¡No dejemos solos a los enfermos! No impidamos que encuentren alivio, y nosotros así enriquecernos por la cercanía de quien sufre. Los hospitales son verdaderas “catedrales de dolor”, donde sin embargo se hace evidente también la fuerza de la caridad que sostiene y siente compasión.

Del mismo modo, pienso lo mismo de los que están encerrados en la cárcel.  Jesús tampoco se ha olvidado de ellos. Poniendo la visita a los presos entre las obras de misericordia, quería invitarnos  ante todo a no convertirnos en jueces de nadie. Por supuesto, si uno está en la cárcel es porque se ha equivocado, no ha respetado la ley y la convivencia civil. Por eso está cumpliendo su pena en la cárcel. Pero, no obstante lo que haya hecho un prisionero Dios sigue amándolo. ¿Quién puede entrar en lo más profundo de su conciencia para entender qué siente? ¿Quién puede comprender el dolor y el remordimiento? Es demasiado fácil lavarse las manos diciendo que se ha equivocado. En lugar de eso, un cristiano está llamado a ayudarle para que el que se ha equivocado, se de cuenta del mal que ha hecho y recapacite. La falta de libertad es, sin duda, una de las privaciones más grandes para el ser humano. Si a esto se añade la degradación a causa de las condiciones, a menudo desprovistas de humanidad, en las que viven estas personas, efectivamente es el caso de que un cristiano se sienta llamado a hacer todo lo posible para devolverles la dignidad.

Penso spesso ai carcerati … penso spesso, li porto nel cuore. Mi domando che cosa li ha portati a delinquere e come abbiano potuto cedere alle diverse forme di male. Eppure, insieme a questi pensieri sento che hanno tutti bisogno di vicinanza e di tenerezza, perché la misericordia di Dio compie prodigi. Quante lacrime ho visto scendere sulle guance di prigionieri che forse mai in vita loro avevano pianto; e questo solo perché si sono sentiti accolti e amati.

Visitar a las personas en prisión es una obra de misericordia que sobre todo hoy en día asume un valor particular debido a las diversas formas de justicialismo a la que estamos sometidos. Por lo tanto, que nadie señala con el dedo a nadie; al contrario seamos instrumentos de misericordia, compartamos y respetemos. Pienso a  menudo en los que están en la cárcel… los llevo en mi corazón. Y me  pregunto qué los ha llevado a delinquir  y cómo han podido sucumbir al mal en sus diferentes formas. Sin embargo, junto con estos pensamientos siento que todos necesitan  cercanía y ternura porque la misericordia de Dios hace maravillas. Cuántas lágrimas  he visto rodar por las mejillas de  prisioneros  que tal vez nunca  en su vida habían llorado; y  sólo porque se han sentido acogidos y amados.

È bello, sentire questo mi ha fatto bene. Questi carcerati volevano trovare Paolo prigioniero. È una cosa bella, a me ha fatto bene. E anche lì, in prigione, hanno pregato ed evangelizzato. È commovente la pagina degli Atti degli Apostoli in cui viene raccontata la prigionia di Paolo: si sentiva solo e desiderava che qualcuno degli amici gli facesse visita (cfr 2 Tm 4,9-15). Si sentiva solo perché la grande maggioranza lo aveva lasciato solo … il grande Paolo.

Y no olvidemos que también Jesús y los apóstoles pasaron por la experiencia de la prisión. En los relatos de la Pasión sabemos los sufrimientos a los que el Señor fue sometido: capturado, arrastrado como un malhechor, escarnecido, flagelado, coronado de espinas… ¡Él, el único Inocente! Y también san Pedro y san Pablo estuvieron en la cárcel (cfr Hch 12,5; Fil 1,12-17). El domingo pasado –que fue el domingo del Jubileo de los presos– por la tarde vinieron a reunirse conmigo un grupo de detenidos paduanos. Les pregunté qué harían al día siguiente, antes de volver a Padua. Me dijeron: “Iremos a la Prisión Mamertina para compartir la experiencia de san Pablo”. Fue muy hermoso escuchar esas palabras, me hicieron mucho bien. Estos presos querían encontrar a Pablo prisionero. Es algo bonito, y me ha hecho bien. Y también allí, en la presión, han rezado y evangelizado. Es conmovedora la página de los Hechos de los Apóstoles en las que es contado el encarcelamiento de Pablo: se sentía solo y deseaba que alguno de los amigos le visitara (cfr 2 Tm 4,9-15). Se sentía solo porque la mayoría le había dejado solo… el gran Pablo.

Como podemos ver, estas obras de misericordia son antiguas y sin embargo, son siempre actuales. Jesús dejó lo que estaba haciendo para ir a visitar a la suegra de Pedro; una obra antigua de caridad, realizada por Jesús. No caigamos en la indiferencia, seamos instrumentos de la misericordia de Dios. Todos podemos serlo y nos sentará mejor a nosotros que a los demás porque la misericorida pasa a través de un gesto, de una palabra, de una visita, y esta misericordia es un acto para devolver la alegría y la dignidad a aquellos que las han perdido.

Síntesis de la catequesis y saludo en español
[texto original: español]

Queridos hermanos y hermanas:

Muchos relatos de los evangelios nos muestran que la vida de Jesús se caracterizó por ser un continuo encuentro con las personas, fue especialmente cercano a los enfermos, a los que consoló y curó de sus enfermedades y dolencias. También los encarcelados fueron objeto de su cercanía; a los privados de libertad, Jesús les brindó la nueva y verdadera libertad que nace del encuentro personal con él y que da un sentido nuevo a la vida.

Por lo tanto, siguiendo el ejemplo Jesús, no podía faltar entre las obras de misericordia el visitar a los enfermos y a los encarcelados. Como cristianos estamos llamados a convertirnos en instrumentos de la misericordia de Dios, siendo cercanos y sin juzgar a nadie, para que nadie se sienta abandonado a su suerte ni tampoco acusado, sino que todos, sin exclusión, se sientan amados por Dios mediante gestos que expresen solidaridad y respeto. Estos gestos, cuando son hechos en nombre de Dios, se convierten en auténticos signos elocuentes y eficaces de su misericordia.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y Latinoamérica. Los animo a que sean valientes y abran el corazón a Dios y a los hermanos, de modo que sean instrumentos de la misericordia y ternura de Dios, que restituye la alegría y la dignidad a quienes la han perdido. Muchas gracias.

* * * *

Hoy celebramos la Dedicación de la Basílica de Letrán, la Catedral de Roma. Rezad por el Sucesor del apóstol Pedro, queridos jóvenes, a fin de que confirme siempre a los hermanos en la fe; sentid la cercanía del Papa en la oración, queridos enfermos, para afrontar la prueba de la enfermedad; enseñad de forma simple la fe a sus hijos, queridos recién casados, alimentándola con amor por la Iglesia y sus pastores.

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