Brille la caridad y la justicia en el mundo

francisco

Audiencia del Santo Padre Francisco a los miembros del consejo de Representación de Caritas Internationalis

17 de noviembre de 2016.- A las 11 horas de esta mañana, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico, el Santo Padre Francisco ha recibido en audiencia a los miembros del consejo de Representación de Caritas Internationalis.

Durante el encuentro, el Papa ha respondido, de forma improvida, a algunas preguntas formuladas por los participantes en la audiencia.

Ofrecemos a continuación el texto preparado por el Santo Padre para la ocasión y que ha sido entregado a los participantes:

Discurso del Santo Padre
[texto original: italiano – traducción Oficina de Prensa de la Santa Sede]

Queridos hermanos y hermanas:

Os saludo cordialmente a todos vosotros, miembros del Consejo de Representación y del personal de la Caritas Internationalis. Me alegra recibiros al final de vuestra reunión institucional y encontrar, a través de vosotros , a toda la familia de las Caritas nacionales y a cuantos en vuestros países respectivos se comprometen en el servicio de la caridad de la Iglesia. Agradezco al cardenal Antonio Tagle, vuestro presidente, las palabras con que ha introducido este encuentro.

La Iglesia “existe para evangelizar”, pero la evangelización requiere adaptarse  a diferentes situaciones, teniendo en cuenta la vida familiar y social, así como la vida internacional con especial atención a la paz, la justicia y el desarrollo (cfr Evangelii nuntiandi, 29). En  la apertura del Sínodo sobre la Nueva Evangelización, el Papa Benedicto XVI recordaba  que los dos pilares de la evangelización son “Confessio et Cáritas”; y yo mismo he dedicado un capítulo de la Exhortación apostólica Evangelii Gaudium a la dimensión social de la evangelización, reafirmando la opción preferente de la Iglesia por los pobres. Por esto, estamos llamados a actuar contra la exclusión social de los más débiles y a trabajar para su integración. Nuestras sociedades, a menudo, están dominadas por la cultura del “descarte”;  tienen necesidad superar la indiferencia y el repliegue sobre sí mismas para aprender el arte de la solidaridad. Ya que «nosotros, los fuertes -dice San Pablo-, debemos sobrellevar las flaquezas de los endebles y no buscar la satisfacción propia» (Rm 15, 1).

Esto nos da a entender la importancia de la misión de las distintas Cáritas nacionales y su papel específico en la Iglesia. Efectivamente, no son organismos sociales, sino organismos eclesiales que comparten la misión de la Iglesia. Como está escrito en vuestros Estatutos, estáis llamados a «ayudar al Papa y los obispos en su ministerio de la caridad» (art 1.4). Las emergencias sociales actuales requieren que se ponga en marcha lo que san Juan Pablo II definió como una «nueva imaginación de la caridad» (Novo millennio ineunte, 50): que se concretiza no sólo en la eficacia de las ayudas prestadas, sino  sobre todo en la capacidad de hacerse prójimo, acompañando con actitud de compartición fraternal a  los más desfavorecidos. Se trata de que resplandezcan  la caridad y la justicia en el mundo con la luz del Evangelio y de la enseñanza de la Iglesia, involucrando  a los mismos pobres  para que se conviertan en protagonistas de su propio desarrollo.

Os doy las gracias, por lo tanto,  en nombre de toda la Iglesia, por lo que hacéis por  los últimos. Os animo a continuar en esta misión, que hace que la Iglesia se sienta como una verdadera compañera de viaje, cercana al corazón y a las esperanzas de los hombres y de las mujeres de este mundo. Seguid llevando el mensaje del Evangelio de la alegría en todo el mundo, especialmente a aquellos que se dejan atrás, pero también a aquellos que tienen el poder de cambiar las cosas, porque cambiar es posible. La pobreza, el hambre, las enfermedades, la opresión no son inevitables y no pueden representar situaciones permanentes. Confiando en la fuerza del Evangelio podemos contribuir realmente a cambiar las cosas o al menos a mejorarlas. Podemos reafirmar la dignidad de cuantos  están a la espera de una señal de nuestro amor y  proteger y construir juntos “nuestra casa común”.

Os invito a tener siempre coraje  profético, a rechazar todo lo que humilla al ser humano, y todas las formas de explotación que lo degradan. Seguid dando esas pequeñas y grandes muestras de hospitalidad y solidaridad, que tienen la capacidad de iluminar la vida de los niños y los ancianos, de los migrantes y refugiados en busca de paz. Me alegra mucho saber  que Caritas Internationalis  hará una campaña sobre el tema de la migración. Espero que esta buena iniciativa abra tantos corazones a la acogida de los refugiados y los migrantes, para que realmente puedan sentirse “como en casa” en nuestras comunidades. Preocupaos por sostener, con renovado esfuerzo, los procesos de desarrollo y los caminos de la paz en los países de los que estos hermanos y hermanas escapan o de los que parten en busca de un futuro mejor.

Sed artesanos de paz y de reconciliación entre los pueblos, entre las comunidades, entre los creyentes. Poned en juego todas vuestras energías, vuestro compromiso, para trabajar en sinergia con las otras comunidades de fe que, como vosotros, ponen a la dignidad de la persona en el centro de su atención. Luchad contra la pobreza y, al mismo tiempo, aprended de los pobres. Dejad que os inspire y os guíe su vida simple y esencial, sus valores, su sentido de la solidaridad y de la compartición, su capacidad de recuperarse de las dificultades, y sobre todo  su experiencia vivida del Cristo que sufre, Él que es el único Señor y Salvador. Aprended, pues, también  de su vida de oración y de su confianza en Dios.

Espero que con el apoyo y la atención pastoral de los Obispos, seáis cada vez más  testigos de un ministerio generoso de caridad, ayudando a la comunidad de los creyentes a ser un lugar de anuncio del Evangelio, de celebración de la Eucaristía y de servicio a los pobres en la alegría.

Invoco la intercesión de María, nuestra Madre del cielo, y mientras os pido que recéis por mí, imploro de buen grado la bendición de Dios sobre vosotros y sobre cuantos os sostienen en vuestra obra.

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