Audiencia general: “Aconsejar y enseñar”

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23 de noviembre de 2016.- La audiencia general de esta mañana se ha celebrado a las 10 horas en el Aula Pablo VI donde el Santo Padre Francisco se ha encontrado con grupos de peregrinos y fieles provenientes de Italia y de todas las partes del mundo.

En el discurso en italiano, el Papa, continuando las catequesis sobre la misericordia, ha centrado su meditación en el tema “Aconsejar y enseñar” (cfr Lc 10, 21-22).

Tras haber resumido su catequesis en diversos idiomas, el Santo Padre ha dirigido sendos saludos a los grupos de fieles presentes.

La audiencia general ha concluido con el canto del Pater Noster y la Bendición Apostólica.

Catequesis del Santo Padre
[texto original: italiano – traducción de Iglesiaactualidad]

Queridos hermanos y hermanas, buenos días.

Finalizado el Jubileo, regresamos a la normalidad, pero todavía quedan algunas reflexiones sobre las obras de misericordia, y por ello continuaremos con ellas.

La reflexión sobre las obras de misericordia espirituales de hoy se refiere a dos acciones estrechamente vinculadas entre sí: dar buen consejo al que lo necesita y enseñar al ignorante, es decir, al que no sabe. La palabra ignorante es demasiado fuerte, pero hace referencia a aquellos que no saben algo y a quienes se debe enseñar. Son obras que se pueden vivir tanto en una dimensión sencilla, familiar, al alcance de todos -en especial la segunda, la de enseñar- en un nivel más institucional, organizado. Pensemos, por ejemplo, en cuantos niños todavía son analfabetos. Es incomprensible: en un mundo donde los avances técnicos y científicos han llegado tan lejos, hay niños analfabetos. Es una injusticia. Hay niños que sufren por la  falta de instrucción. Es una condición de gran injusticia que afecta a la dignidad misma de la persona. Sin instrucción, además,  se cae fácilmente presa de la explotación y de diversas formas de malestar social.

La Iglesia, a lo largo de los siglos, ha sentido la necesidad de involucrarse en el ámbito de la enseñanza porque su misión evangelizadora implica el compromiso de restituir la dignidad a los más pobres. Desde el primer ejemplo de una “escuela” fundada aquí en Roma por San Justino, en el siglo II, para que los cristianos conocieran mejor la Sagrada Escritura, hasta San José de Calasanz, que abrió las primeras escuelas gratuitas en Europa, tenemos una larga lista de santos que en varias épocas se han consagrado a la enseñanza de los más desfavorecidos, sabiendo que de esa forma habrían podido superar la miseria y la discriminación. Cuántos cristianos, laicos, hermanos y hermanas consagradas, sacerdotes han entregado su vida a la enseñanza, a educar a los niños y a los jóvenes. Es grandioso: yo os invito a rendirles homenaje con un aplauso. Estos pioneros de la enseñanza habían entendido plenamente la obra de misericordia y la habían convertido en un estilo de vida capaz de transformar la sociedad misma. A través de un trabajo simple y con pocas estructuras fueron capaces de devolver la dignidad a tanta gente. Y su enseñanza se orientaba a menudo al mundo del trabajo. Pensemos en san Juan Bosco que preparaba a los niños de la calle para que trabajasen, con el oratorio y después con las escuelas, con los oficios. Así surgieron muchas escuelas profesionales diferentes, que habilitaban al trabajo mientras educaban en los valores humanos y cristianos. La instrucción, por lo tanto, es en realidad una forma peculiar de evangelización.

A mayor instrucción,  más crece en las personas la certeza y la toma de conciencia, que todos necesitamos en nuestras vidas.  Una buena enseñanza nos enseña el método crítico, que también incluye algún tipo de duda, útil para plantear preguntas y verificar los resultados obtenidos, con miras a un mejor conocimiento. Pero la obra de misericordia de dar buen consejo al que lo necesita no se refiere a este tipo de duda. Manifestar misericordia a los que dudan equivale, en cambio,a calmar el dolor y el sufrimiento que proviene del miedo y de la angustia que se derivan de la duda. Por lo tanto, es un acto de amor verdadero para sostener a una persona en la debilidad causada por la incertidumbre.

Pienso que alguno podría preguntarme: “Padre, pero tengo muchas dudas sobre la fe, ¿qué debería hacer? ¿Usted no tiene nunca dudas?”. Tengo tantas… ¡Cierto es que en algunos momentos a todos nos vienen dudas! Las dudas en materia de fe, en sentido positivo, son una señal de que queremos conocer mejor y más a fondo a Dios, a Jesús, y el misterio de su amor por nosotros. “Pero, yo tengo esta duda: busco, estudio, veo o pido consejo para saber que tengo que hacer”. ¡Estas son las dudas que te hacen crecer! Es bueno que nos cuestionemos nuestra fe, porque así nos sentimos empujados a ir más a fondo. Sin embargo, también hace falta superar las dudas. Por eso es necesario escuchar la Palabra de Dios, y entender lo que nos enseña. Una forma de ayuda importante es la catequesis, en la que el anuncio de la fe viene a nuestro encuentro en la realidad de la vida personal y comunitaria. Y, al mismo tiempo, hay otra forma igualmente importante, la de vivir lo más posible la fe. No hagamos de la fe una teoría abstracta donde las dudas se multiplican. Más bien, hagamos de la fe nuestra vida. Intentemos practicarla en el servicio a los hermanos, especialmente a los más necesitados. Entonces tantas dudas se desvanecen, porque sentimos la presencia de Dios y de la verdad del Evangelio, en el amor que, sin nuestro mérito, mora en nosotros, y que compartimos con los demás.

Como hemos visto, queridos hermanos y hermanas, tampoco estas dos obras de misericordia están lejos de nuestras vidas. Cada uno de nosotros puede comprometerse en vivirlas poniendo en práctica la palabra del Señor, cuando dice que el misterio del amor de Dios no se revela a los sabios y a los inteligentes, sino a los pequeños (cfr Lc 10,21; Mt 11,25-26). Por lo tanto, la enseñanza más profunda que estamos llamados a transmitir y la certeza más segura para salir de la  duda, es el amor con que Dios nos ha amado (cfr 1 Jn 4,10). Un  amor grande, gratuito y  para siempre. ¡Dios nunca da marcha atrás con su amor! Va siempre hacia delante y espera; da su amor para siempre y tenemos que sentirnos responsables de él, para ser testigos ofreciendo misericordia a nuestros hermanos. Gracias.

Síntesis de la catequesis y saludo en español

Queridos hermanos y hermanas:

La catequesis de hoy está dedicada a dos obras de misericordia muy relacionadas entre sí: dar buen consejo al que lo necesita y enseñar al que no sabe. La falta de instrucción es una grave injusticia que atenta contra la dignidad de las personas. Cuántas personas y sobre todo niños, a causa del analfabetismo, caen víctimas de la explotación y de otras lacras sociales. La Iglesia ha sentido siempre la necesidad de comprometerse en el campo de la enseñanza para cumplir su misión de evangelización. Muchos santos han consagrado su vida a la educación de los más desfavorecidos, sabiendo que ese es el camino para superar la miseria y la discriminación.

“Dar buen consejo al que lo necesita” es un verdadero acto de amor hacia las personas que están desorientadas o tienen dudas. Todos podemos tener en algún momento dudas sobre la fe. La escucha de la Palabra de Dios y la catequesis nos ayudan a superar esas dudas. Pero además es importante concretar la fe en nuestra vida, para que no se convierta en algo teórico y abstracto. Cuando practicamos la fe, sirviendo a los hermanos y especialmente a los más necesitados, entonces muchas dudas desaparecen porque sentimos la presencia de Dios que nos ama.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Pidamos a la Virgen María que nos ayude a tener un corazón atento a las necesidades de las personas que nos rodean, para que también ellas puedan experimentar el amor que Dios les tiene. Muchas gracias.

* * *

El domingo pasado se cerró el Jubileo Extraordinario. No se ha cerrado, sin embargo, el corazón misericordioso de Dios para nosotros, pecadores, que no cesará de inundarnos con su gracia. Del mismo modo no se cierren nunca nuestros corazones y no dejemos de cumplir siempre las obras de misericordia corporales y espirituales. La experiencia del amor y del perdón de Dios que hemos vivido en este Año Santo permanezca en nosotros como sempiterna inspiración a la caridad hacia los hermanos.

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