Reflexión para el I Domingo de Adviento (A)

I DOMINGO DE ADVIENTO (A)
27 de noviembre de 2016

En vigilante espera

estad-preparados

Liturgia de la Palabra
Is 2, 1-5. El Señor congrega a todas las naciones en la paz eterna del Reino de Dios.
Sal 121. R. Vamos alegres a la casa del Señor.
Rom 13, 11-14. La salvación está más cerca de nosotros.
Mt 24, 37-44. Estad en vela para estar preparados.

Vivimos en un mundo acostumbrado a programar y prever todo. Tanto desde el punto de vista personal como comunitario es necesario que para la correcta organización de la vida individual o colectiva nos anticipemos a los futuros acontecimientos, sean posibles o probables. La anticipación a las situaciones, pues, es importante y nada hay de censurable en ello. Sin embargo, la misma realidad nos muestra que no es posible dominar de una manera absoluta los hechos que sucederán. Aunque se quiera, no se pueden pronosticar completamente los fenómenos de la naturaleza ni, mucho menos, el comportamiento del ser humano. Muestra de ello es la ya habitual sorpresa ante la variación de resultados económicos o electorales en relación con las estimaciones previas. Por otra parte, ciertos acontecimientos dolorosos, tales como una enfermedad o la pérdida de un ser querido, confirman con mayor densidad y dramatismo que, en términos absolutos, el devenir de nuestra vida se nos escapa.

Llamada a estar en vela

La vigilancia, a la que nos exhorta el tiempo de Adviento y, en particular, el pasaje evangélico propuesto por la liturgia de este domingo, nos advierten de que no todo en la vida es programable o pronosticable. Este período, que comenzamos el próximo domingo, se nos presenta como un tiempo de vigilante espera. Aunque en nuestras calles se funciona como si la Navidad hubiera llegado desde hace unos días, el Evangelio no nos habla hoy de la primera venida del Señor. El sentido del Adviento no se detiene únicamente en una mera preparación de la conmemoración del nacimiento del Salvador. En sus primeras semanas, este tiempo se nos ofrece, ante todo, como una preparación para la llegada del Hijo del hombre, tanto en el día a día de nuestra vida, como al final de los tiempos, en su venida definitiva como Señor y juez. Por eso, Jesús nos pide mantener la atención invitándonos a estar en vela, ya que no conocemos cuándo será la aparición definitiva del Señor. De hecho, el Evangelio nos presenta su venida como algo repentino que nos exige estar completamente despiertos. El hecho de vigilar no se refiere a vivir con desasosiego interior, como si el Señor viniera a robarnos algo de la paz con la que debemos enfrentar la vida, sino a no dejarnos embaucar y atrapar por tantos asuntos irrelevantes (la comida o la bebida de la que nos habla el texto evangélico), que, de no estar vigilantes, pueden centrar toda nuestra atención, desviándola de lo verdaderamente importante en nuestra vida. Así es como podremos estar preparados para ese momento en el que habremos de dar cuentas a Dios: «uno será tomado y otro dejado […] una desaparecerá y otra quedará».

La preparación de un encuentro

No comenzamos este nuevo tiempo únicamente como quien se dispone a preparar una visita o un importante aniversario. No se trata solamente de revivir el nacimiento de nuestro Salvador. Se nos invita de nuevo a contemplar el misterio de Cristo, presente en la historia del hombre. Hemos de ser conscientes de que estamos ante un tiempo privilegiado para preparar ese encuentro con el Señor. Ahora bien, ¿cómo hemos de preparar ese encuentro? En primer lugar, pidiéndole a Dios, como lo hacemos al comienzo de esta celebración eucarística, que avive en nosotros el deseo de salir al encuentro de Cristo, acompañados por las buenas obras. El Evangelio nos asegura que el Hijo del hombre vendrá. No es una posibilidad, sino una realidad segura en un futuro más o menos lejano. Como consecuencia, debemos caer en la cuenta de que el único eterno es Dios; nuestro tiempo es, en cambio, limitado.

Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia Adjunto de Madrid


Otros recursos

Para profundizar con el Catecismo de la Iglesia Católica (CEC), según las indicaciones del Directorio homilético:

CEC 668-677, 769: la tribulación final y la venida de Cristo en gloria
CEC 451, 671, 1130, 1403, 2817: “¡Ven, Señor Jesús!”
CEC 2729-2733: la vigilancia humilde del corazón

Del magisterio del Santo Padre Benedicto XVI:

Celebración de las primeras vísperas (1-12-2007)
Celebración de las primeras vísperas (27-11-2010)
Homilía. Visita pastoral al Hospital romano de «San Juan Bautista» de la Soberana Orden Militar de Malta (2-12-2007)
Ángelus (2-12-2007)

Del magisterio del Santo Padre Francisco:

Ángelus (1-12-2013)

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