Saludo al Santo Padre del cardenal Angelo Sodano, Decano del Colegio Cardenalcio

sodano17122016

Capilla Paulina, 17 de diciembre de 2016

Santo Padre,

El deseo común de estar cerca del Sucesor de Pedro en un día especial de su vida reunido hoy entorno a Usted a los hermanos cardenales de la Curia Romana, con ganas de expresarle la totalidad de su participación en este evento.

De hecho, en el día de su 80 cumpleaños, todos sentimos el deseo de exclamar con el Salmo 118: “Este es el día que hizo el Señor, regocijémonos y alegrémonos en él”.

Luego, el salmista invita a los fieles a la fiesta, diciéndoles: “Id adelante en procesión con ramas frondosas hasta el altar del Señor”. En este mismo espíritu nosotros los cardenales residentes en Roma, hoy nos reunimos en torno a Usted. No pudimos venir con ramas frondosas, pero todos nosotros hemos llegado aquí con el más ferviente deseo de orar con Ustedes en este día tan importante de su vida.

Santo Padre, hoy, como en una película, que pasarán por Usted las caras de sus queridos padres Mario y Maria Regina, los familiares y todas las demás personas que han contribuido a su formación.

El pensamiento se dirige a todos los que han estado a lo largo de su vida, hasta aquel 13 de marzo de 2013, cuando el Espíritu Santo inspiró a los cardenales presentes en el cónclave para pedirle que acepte la misión de dirigir a la Iglesia universal, en este momento importante en la historia.

Hoy hemos querido concelebrar con Usted la Santa Misa, para dar gracias al Señor que le ha elegido para esta misión y por todo el amor con que la está llevando a cabo cada día.

Jesús resucitado, aparecido a los discípulos, dirigió de manera particular a Simón Pedro estas famosas palabras: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?” y el Apóstol de inmediato respondió: “Señor, tú sabes te quiero” (Jn 21, 15).

Con este amor Su Santidad lleva a cabo cada día su misión en el mundo. Sepa, pues, que todos nosotros estamos junto a Usted, más aún hoy en este hermoso día de su vida. Le acompaña siempre a nuestra oración, bien conscientes de lo que repetimos en la Santa Misa todos los días: “llenos de su Espíritu Santo, formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu”.

Con estos sentimientos que ahora recogemos a su alrededor y le decimos a coro: ¡”Ad multos annos”!

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