Palabras del Santo Padre Francisco al rezo del Ángelus Domini, 18.12.2016

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18 de diciembre de 2016.- A las 12 horas de hoy el Santo Padre Francisco se ha asomado a la ventana del estudio del Palacio Apostólico Vaticano para el rezo del Ángelus Domini con los fieles y peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro.

Estas son las palabras del Papa al introducir la oración mariana:

Antes del Ángelus
[texto original: italiano – traducción: Iglesiaactualidad]

Queridos hermanos y hermanas, buenos días.

La liturgia de hoy, que es la del cuarto y último domingo de Adviento, está caracterizada por el tema de la cercanía, la cercanía de Dios a la humanidad. El pasaje del Evangelio (cfr Mt 1, 18-24) nos muestra a las dos personas que más que cualquier otra están envueltas en este misterio de amor: la Virgen María y su esposo José. Misterio de amor, misterio de cercanía de Dios con la humanidad.

María es presentada a la luz de la profecía que dice: «Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo» (v. 23).  El evangelista Mateo reconoce que aquello ha acontecido en María, quien ha concebido a Jesús por obra del Espíritu Santo (cfr v. 18).  El hijo de Dios “viene” en su vientre para convertirse en hombre y Ella lo acoge. Así, de manera única, Dios se ha acercado al ser humano tomando la carne de una mujer: Dios se ha acercado al ser humano tomando la carne de una mujer. También a nosotros, de manera diferente, Dios se acerca con su gracia para entrar en nuestra vida y ofrecernos en don a su Hijo. Y nosotros, ¿qué hacemos? ¿Lo acogemos, lo dejamos acercarse o lo rechazamos, lo echamos? Como a María, que ofreciéndose libremente al Señor de la historia, se le ha permitido cambiar el destino de la humanidad, así también nosotros, acogiendo a Jesús y tratando de seguirlo cada día, podemos cooperar con su diseño de salvación sobre nosotros mismos y sobre el mundo. Por lo tanto María se nos presenta como el modelo al cual mirar y apoyo sobre el cual contar en nuestra búsqueda de Dios, en nuestra cercanía a Dios, con este dejar que Dios se acerque a nosotros, y en nuestro compromiso por construir la civilización del amor.

El otro protagonista del Evangelio de hoy es San José. El evangelista pone en evidencia cómo José por sí solo no pueda darse una explicación del acontecimiento que ve verificarse frente a sus ojos, o sea el embarazo de María. Precisamente entonces, en aquel momento de la duda, también del miedo Dios se le acerca con un mensajero suyo y él es iluminado sobre la naturaleza de aquella maternidad: «porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo» (v. 20).  Así, frente al evento extraordinario, que ciertamente suscita en su corazón tantas interrogantes, se confía totalmente en Dios que se le acerca y, siguiendo su invitación, no repudia a su comprometida sino que la toma consigo y la desposa. Acogiendo a María, José acoge conscientemente y con amor a Aquel que ha sido concebido en ella por obra admirable de Dios, para quien nada es imposible. José, hombre humilde y justo (cfr v. 19), nos enseña a confiarnos siempre en Dios, que se nos acerca: cuando Dios se nos acerca debemos confiarnos. José nos enseña a dejarnos guiar por Él con voluntaria obediencia.

Estas dos figuras, María y José, que han sido los primeros en acoger a Jesús mediante la fe, nos introducen en el misterio de la Navidad. María nos ayuda a colocarnos en actitud de disponibilidad para acoger al Hijo de Dios en nuestra vida concreta, en nuestra carne. José nos insta a buscar siempre la voluntad de Dios y a seguirla con total confianza. Ambos se dejaron acercar por el Señor.

«La virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”» (Mt 1,23). ).  Así dice el ángel: “Emanuel se llamará el niño, que significa Dios-con-nosotros” o sea Dios cerca a nosotros. Y a Dios que se acerca yo le abro la puerta – al Señor- cuando siento una inspiración interior, cuando siento que me pide hacer algo más por los demás, cuando me llama a la oración. Dios-con-nosotros, Dios que se acerca. Que este anuncio de esperanza, que se cumple en Navidad, lleve a cumplimiento la espera de Dios también en cada uno de nosotros, en toda la Iglesia, y en tantos pequeños que el mundo desprecia, pero que Dios ama y a los cuales se acerca.

Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas,

Saludo a todos los fieles, romanos y peregrinos que han venido desde diversos países, a las familias, a los grupos parroquiales, a las asociaciones.

Os pido rezar por el diálogo en la República Democrática del Congo que se desarrolle con serenidad, para evitar todo tipo de violencia y por el bien del país

En particular saludo al nutrido grupo de Unitalsi de Roma, que ha dado vida a un pesebre viviente que incluye a personas con discapacidad, así como a los estudiantes del Instituto Calabrés de Política Internacional.

El próximo domingo será Navidad. En esta semana tratemos de encontrar un momento para detenernos, para estar un poco en silencio, e imaginar a la Virgen y a San José mientras van a Belén: el camino, la fatiga, pero también la alegría, la conmoción, y luego su ansiedad por encontrar un lugar, su preocupación…, y así sucesivamente. En esto nos ayuda mucho el Pesebre. Tratamos de entrar en la verdadera Navidad, la de Jesús, que se acerca – el Dios con nosotros, cercano a nosotros – para recibir la gracia de esta fiesta, que es una gracia de cercanía, de amor, de humildad y de ternura.

Y en esos momentos, acordaros también de rezar por mí.

 

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