Los chismorreos destruyen una parroquia

fran15012017

Visita pastoral a la parroquia romana de «Santa Maria a Setteville»
Homilía del Santo Padre

15 de enero de 2017.- En la tarde de hoy, II Domingo del Tiempo Ordinario, el Santo Padre Francisco se ha dirigido en visita pastoral a la parroquia de Santa Maria a Setteville, en Setteville di Guidonia (Roma).

A su llegado, sobre las 15.40 horas, el Papa ha saludado al vicepárroco, don Giuseppe Berardino, 50 años, gravemente enfermo de esclerosis lateral amiotrófica desde hace más de dos años. Tras una oración en silencio, el Papa ha administrado al vicepárroco el Sacramento de la Unción de enfermos.

A continuación, el Papa se reunió con las diversas realidades pastorales de la parroquia, y en particular: treinta personas ancianas y enfermas, entre ellos tres niños con síndrome de Down; los niños de catequesis, entre ellos muchos jóvenes de cursos post-confirmación y un grupo de Scout, con los que se reunió durante más de media hora.

El Santo Padre ha saludado también a 45 niños, todos ellos bautizados durante el 2016, y ha recordado, a sus padres, la importancia de la familia. Después, se ha reunido con un centenar de fieles que ayudan al párroco, don Luigi Tedoldi, en las actividades pastorales. Para ellos, el Papa dio varias recomendaciones, centrándose en el valor de la misión.

Entonces, después de saludar a los sacerdotes y a los cinco seminaristas de la parroquia, el Santo Padre Francisco se ha trasladado a la sacristía a confesar cuatro penitentes: una pareja de jóvenes, que se encargan del cuidado del vicepárroco, un joven del curso post-confirmación y al padre de un niño enfermo.

Aproximadamente a las 17.40 horas, el Papa ha presidido, en la iglesia parroquial, la celebración de la Santa Misa. Tras la proclamación del Evangelio, el Santo Padre ha prnunciado la homilía.

Alrededor de las 19.00 horas, antes de salir de la parroquia, el Papa saludó a los numerosos fieles se reunieron delante de la iglesia desde el mediodía, y que siguieron la visita a través de los pantallas.

A las 19.40 horas, el Santo Padre ha regresado al Vaticano.

Homilía del Santo Padre
[texto original: italiano – traducción: Iglesiaactualidad]

El Evangelio nos presenta a Juan [el Bautista] en el momento en el que da testimonio de Jesús. Al ver a Jesús que venía hacia él y dijo: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo» (Jn 1, 29-30). Este es el Mesías. Da testimonio. Y algunos de los discípulos, al oír este testimonio -discípulos de Juan- siguieron a Jesús; se fueron tras Él y estaban alegres: «Hemos encontrado al Mesías» (Jn 1, 41). Han sentido la presencia de Jesús. Pero, ¿por qué han encontrado a Jesús? Porque hubo un testigo, porque había un hombre que dio testimonio de Jesús.

Lo mismo sucede en nuestras vidas. Hay muchos cristianos que dicen que Jesús es Dios; hay muchos sacerdotes que profesan que Jesús es Dios, muchos obispos … Pero, ¿todos dan testimonio de Jesús? O, ¿ser un cristiano es una forma de vida como cualquier otra, como ser fan de un equipo? “Pero sí, yo soy cristiano…”. O como tener una filosofía: “Yo guardo estos mandamientos, yo soy cristiano, tengo que hacer esto…”. Ser cristiano, en primer lugar, es dar testimonio de Jesús. La primero de todo. Y esto es lo que hicieron los Apóstoles: los apóstoles daban testimonio de Jesús, y por esto el cristianismo se ha extendido por todo el mundo. Testimonio y martirio: es lo misma. Se da testimonio en lo pequeño, y algunos hacen todo lo posible, por dar su vida en el martirio, como los Apóstoles. Pero los apóstoles no había hecho un curso para convertirse en testigos de Jesús; no habían estudiado, no habían ido a la universidad. Ellos sintieron el Espíritu dentro y siguieron la inspiración del Espíritu Santo; fueron fieles a este. Pero eran pecadores, ¡todos! Los Doce eran pecadores. “No, Padre, sólo Judas!”. No, pobre hombre… No sabemos lo que sucedió después de su muerte, porque la misericordia de Dios estaba incluso en aquel momento. Pero todos eran pecadores, todos. Envidia, los celos que tenían entre ellos: “No, yo tengo que ocupar el primer puesto y tu el segundo”; y dos de ellos hablaron con su madre para fuese a hablar con Jesús, que dirá el primer lugar a sus hijos… Ellos eran así, con todos los pecados. También eran traidores, porque cuando Jesús fue capturado, todos huyeron, llenos de miedo; se ocultaron: tenían miedo. Y Pedro, que sabía que era el jefe, sintió la necesidad de acercarse un poco para ver lo que estaba ocurriendo; y cuando la sirvienta del sacerdote le dijo: “Pero tu eres…”, él dijo, “¡No, no, no!”. Negó a Jesús, traicionó a Jesús. ¡Pedro! El primer Papa. Traicionó a Jesús. ¡Y estos son los testigos! Sí, porque eran testigos de la salvación que trae Jesús, y todos, por esta misma salvación se convirtieron, se dejaron salvar. Es hermoso cuando, en la orilla del lago, Jesús hace el milagro [la pesca milagrosa] y Pedro dice: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador» (Lc 5, 8). Ser testigo no significa ser santo, pero sí ser un pobre hombre, una pobre mujer que dice: “Sí, yo soy un pecador, pero Jesús es el Señor y doy testimonio de Él, y yo trato de hacer el bien todos los días, para corregir mi vida, para ir por el camino correcto”.

Me gustaría dejaros un mensaje. Esto lo entendemos todos, lo que dije: testigos pecadores. Sin embargo, la lectura del Evangelio, no encuentro un tipo de pecado en los Apóstoles. Algunos eran violentos, que querían prender fuego a un pueblo que no les había recibido… Tenían tantos pecados: traidores, cobardes … Pero no encuentro uno particular: no eran chismosos, no hablaban mal de los demás, no hablaba mal un del otro. En esto eran buenos. No es “spennavano”. Pienso en nuestras comunidades: cuántas veces, este pecado, de “sacar la piel al otro”, de hablar mal, de creerse superiores a los otros y hablanr. Esto, en el Evangelio, no lo han hecho. Hicieron cosas malas, han traicionado al Señor, pero no esto. Incluso en una parroquia, en una comunidad donde se sabe… este ha hecho trampa, este ha hecho esa cosa… pero entonces él confiesa, se convierte… Todos somos pecadores. Sin embargo, una comunidad donde hay chismosos, es una comunidad incapaz de dar su testimonio.

Sólo diré esto: ¿queréis una parroquia perfecta? No chismorreéis. Nada. Si tienes algo en contra de uno, ves y díselo a la cara, o díselo al párroco; pero no entre vosotros. Esta es una señal de que el Espíritu Santo está en una parroquia. Otros pecados, todos los tenemos. Hay una colección de pecados: se toma esto, se lleva lo otro, pero todos somos pecadores. Pero lo que destruye, como el gusano, una comunidad son la chismorreos a la espalda.

Quisiera que en este día de mi visita a esta comunidad hicieseis el propósito de no chismorrear. Y cuando llegue el impulso de decir una chismorreo, muerdete la lengua: se hinchará, pero hará mucho bien, porque en el Evangelio estos testigos de Jesús -pecadores: incluso traicionado al Señor-, ellos nunca han hablado mal el uno del otro. Y esto es hermoso. Una parroquia donde no hay chismorreos es una parroquia perfecta, es una parroquia de los pecadores, sí, pero de testigos. Y este es el testimonio que dieron los primeros cristianos: “Cómo se amaban”. Amarse al menos en esto. Comenzar con esto. El Señor os dé este regalo, esta gracia: nunca, nunca hablar mal el uno del otro.

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Una respuesta a “Los chismorreos destruyen una parroquia

  1. Reblogueó esto en Monicionista litúrgicoy comentado:
    Valiosas palabras del santo Padre… para velar por la comunión de la Iglesia (de la parroquia) vale la pena apostarlo todo.

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