Audiencia del Santo Padre a los organizadores de la Exposición “Antiquorum habet”

francisco

19 de enero de 2017.– A las 12.30 horas de esta mañana, en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico, el Santo Padre Francisco ha recibido en audiencia a los organizadores de la Exposición “Antiquorum habet”, cuya sede fue el Senado de la República Italiana (Roma) del 13 de marzo al 2 de julio.

Ofrecemos a continuación las palabras que el Papa ha pronunciado tras el saludo del Presidente del Senado, Sr. Piero Grasso:

Discurso del Santo Padre
[texto original: italiano – traducción: Iglesiaactualidad]

Señoras y Señores,

Me complace daros la bienvenida. Os saludo cordialmente, empezando por el Presidente del Senado, Sr. Pietro Grasso, a quien agradezco sus amables palabras.

Este encuentro me brinda la oportunidad de expresar mi agradecimiento por la exposición sobre la historia de los Jubileos, que tuvo lugar en el Senado de la República el año pasado y que documentaba muchos aspectos de los Años Santos, desde el primero, convocado  por el Papa Bonifacio VIII con la bula Antiquorum habet. Desde 1300 en adelante, cada Jubileo ha marcado la historia de Roma: desde la arquitectura hasta la acogida de los peregrinos; del arte a las actividades de ayuda social y de caridad. Pero hay un elemento esencial, el corazón de cada Año Santo, que nunca debe perderse de vista: en el Jubileo se dan cita la bondad de Dios y la fragilidad del hombre, que necesita siempre el amor y el perdón del Padre. Es propio de Dios ser misericordioso, y especialmente en esto se manifiesta su omnipotencia. Usted [dirigiéndose al Presidente Grasso] ha hablado de la acogida como del núcleo de cada Jubileo; esta es la gran acogida: cuando Dios nos acoge sin preguntar tantas cosas; nos perdona, nos abraza, nos besa y nos dice estas hermosas palabras: “Hijo mío, hija mía”.

Mientras doy las gracias  a los organizadores y a los voluntarios de la Exposición, y al Senado que ha sido su sede, por la obra de sensibilización histórica y cultural brindada a los visitantes, deseo a cada uno de vosotros que la experiencia del Jubileo siga aportándoos frutos espirituales abundantes y duraderos. Se lo encomiendo a la Virgen María, Madre de la Misericordia.

Gracias, Sr. Presidente, por esta visita. Rezo por su alto servicio institucional y por el trabajo de todos vosotros. Os bendigo junto con vuestros seres queridos .Y vosotros también, por favor, rezad por mí. Muchas gracias.

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