Reflexión para el IV Domingo del tiempo ordinario (A)

IV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO (A)
29 de enero de 2017

Bienaventurados

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Liturgia de la Palabra
– Sof 2, 3; 3, 12-13. Dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre.
– Sal 145. R. Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
– 1 Cor 1, 26-31. Dios ha escogido lo débil del mundo.
– Mt 5, 1-12a. Bienaventurados los pobres en el espíritu.

El paso de los años ha favorecido nuevas formas de comunicación. Hoy ya no existe impedimento para relacionarse con alguien aunque esté a miles de kilómetros de nosotros. Uno de los aspectos dónde más se percibe este progreso es en la facilidad para obtener información inmediata y en la transmisión de saberes. La informática y, en concreto, internet parecen ya un medio irrenunciable no solo para interactuar entre nosotros, sino también para poder estar al día en cualquier conocimiento que debamos adquirir. Hemos de aprovechar estas oportunidades, pero no podemos absolutizarlas. Retrocedamos 2.000 años y fijémonos en el método que utiliza Jesús para anunciar el Evangelio. Él era un maestro y, como tal, tenía discípulos. «Se acercaron sus discípulos» y «les enseñaba diciendo…». Aparte de Jesús, conocemos otros casos en la antigüedad, en la Escritura y fuera de ella, donde los discípulos se asociaban a un maestro concreto. Un discípulo no era alguien que asistía sin más a una conferencia para recopilar el mayor número de datos. El objetivo del discipulado no era exclusivamente el de compartir un saber. Al mismo tiempo se buscaba, además, conformar la vida del discípulo con la de su mentor. En resumidas cuentas, se trataba de una relación predominantemente personal.

La cátedra de Moisés

Por varios motivos, la escena que hoy se nos presenta nos pone delante un ejemplo paradigmático del Maestro enseñando a los discípulos. Durante los domingos anteriores hemos profundizado en la identidad del Mesías y en sus primeras manifestaciones como hijo de Dios. Ahora llega el momento de comprender que solo es posible entender a Cristo y su mensaje mediante el discipulado, es decir, si estamos dispuestos a seguirlo y a caminar junto a él. Mateo nos quiere subrayar al comienzo del pasaje que el Maestro va a enseñarnos algo importante. Como invitándonos a tomar sitio, la introducción a las bienaventuranzas permite formarnos una idea del contexto. La referencia a sentarse y al monte remite, sin duda, a la cátedra, como lugar desde donde se enseña, y a Moisés y el Sinaí. Si Moisés constituía el modelo de la Ley, Mateo quiere poner de manifiesto que Jesús es el nuevo legislador y que hoy comienza solemnemente su magisterio.

«Vuestra recompensa será grande»

Ahora bien, debemos preguntarnos qué marca la diferencia entre la enseñanza de Jesús y la de otras autoridades de la época. Vemos, en primer término, que el mensaje del Señor es positivo, dado que comienza llamando a los hombres a la bienaventuranza, a la felicidad. La salvación que nos viene a traer el Señor está dirigida en último término a que seamos dichosos. Pero algo llama la atención: se llama bienaventurados precisamente a los que a los ojos del mundo son considerados desgraciados. Parece algo paradójico. En realidad, lo que Jesús plantea constituye una revolución con respecto a los valores dominantes tanto para la sociedad judía de entonces como para el mundo actual. Jesús no está, por ejemplo, defendiendo la desigualdad social; está llamándonos a todos a no vivir apegados a los bienes materiales. Tampoco desea que lloremos o que seamos perseguidos o nos insulten o persigan. El Señor quiere provocar que dirijamos nuestra mirada a la segunda parte de la afirmación que hace: «Porque de ellos es el reino de los cielos», «porque ellos serán consolados», «porque vuestra recompensa será grande». Solo así se comprende que alguien pueda elegir la sobriedad y la moderación frente al derroche, la paz frente a la venganza o la esperanza frente a la desesperación. Sin embargo, esto no basta con saberlo. Llevar esto a cabo únicamente es posible haciéndonos discípulos del Maestro. La buena noticia es que a través de la vida de la Iglesia esta posibilidad se ha transformado en realidad.

 Daniel A. Escobar Portillo
 Delegado episcopal de Liturgia Adjunto de Madrid


Otros recursos

Para profundizar con el Catecismo de la Iglesia Católica (CEC), según las indicaciones del Directorio homilético:

CEC 459, 520-521: Jesús, modelo de las Bienaventuranzas para todos nosotros
CEC 1716-1724: la vocación a las Bienaventuranzas
CEC 64, 716: los pobres, los humildes y los “últimos” traen la esperanza del Mesías

Del magisterio del Santo Padre Benedicto XVI:

Ángelus (30-01-2011)

Jesús de Nazaret. Desde el Bautismo a la Transfiguración, págs. 97-129

Del magisterio del Santo Padre Francisco:

Santa Misa. Solemnidad de Todos los Santos (01-11-2015)

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