Nuestra misión es poner a Jesús en medio de su pueblo

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Santa Misa en la fiesta de la Presentación del Señor
y XXI Jornada Mundial de la Vida Consagrada
Homilía del Santo Padre y síntesis

2 de febrero de 2017.- A las 17.30 horas de hoy, fiesta de la Presentación del Señor y XXI Jornada Mundial de la Vida Consagrada, el Santo Padre Francisco ha presidido, en la Basílica Vaticana, la celebración de la Santa Misa con miembros de institutos de vida consagrada y de sociedades de vida apostólica. Han concelebrado con el Santo Padre sacerdotes miembros de órdenes, congregaciones e institutos religiosos.

Ofrecemos a continuación el texto de la homilía pronunciada por el Santo Padre tras la proclamación del Evangelio:

Homilía del Santo Padre
[texto original: italiano – traducción oficial]

TEXTO COMPLETO: Homilía del Santo Padre Francisco en la Fiesta de la Presentación del Señor

Síntesis de la homilía

En su homilía, el Santo Padre recordó la escena de la Presentación de Jesús en el Templo narrada en el Evangelio de San Lucas y cómo Simeón “conducido por el Espíritu”, no sólo pudo ver, sino que también tuvo el privilegio de abrazar la esperanza anhelada por el pueblo de Israel. “Hoy – precisó el Pontífice – la liturgia nos dice que con ese rito, a los 40 días de nacer, el Señor fue presentado en el templo para cumplir la ley, pero sobre todo para encontrarse con el pueblo creyente”. Y este encuentro de Dios con su pueblo despierta la alegría y renueva la esperanza.  Por ello, el canto de Simeón, dijo el Papa, es el canto del hombre creyente que, al final de sus días, es capaz de afirmar: Es cierto, la esperanza en Dios nunca decepciona, Él no defrauda. “Este canto de esperanza – señaló el Obispo de Roma – lo hemos heredado de nuestros mayores. Ellos nos han introducido en esta dinámica. En sus rostros, en sus vidas, en su entrega cotidiana y constante pudimos ver como esta alabanza se hizo carne”. Alentando a los consagrados el Sucesor de Pedro dijo que, somos herederos de los sueños de nuestros mayores, herederos de nuestros ancianos que se animaron a soñar; y, al igual que ellos, hoy queremos nosotros también cantar: Dios no defrauda, la esperanza en Él no desilusiona. Dios viene al encuentro de su Pueblo”.

Esta actitud – advirtió el Papa Francisco – nos hará fecundos pero sobre todo nos protegerá de una tentación que puede hacer estéril nuestra vida consagrada: la tentación de la supervivencia. “Un mal que puede instalarse poco a poco en nuestro interior, en el seno de nuestras comunidades”. Por ello, la actitud de supervivencia nos vuelve reaccionarios, miedosos, nos va encerrando lenta y silenciosamente en nuestras casas y en nuestros esquemas. Nos proyecta hacia atrás, hacia las gestas gloriosas —pero pasadas— que, lejos de despertar la creatividad profética nacida de los sueños de nuestros fundadores, busca atajos para evadir los desafíos que hoy golpean nuestras puertas. “La tentación de supervivencia – agregó el Pontífice – nos hace olvidar la gracia, nos convierte en profesionales de lo sagrado pero no padres, madres o hermanos de la esperanza que hemos sido llamados a profetizar”. En pocas palabras, dijo el Papa, la tentación de la supervivencia transforma en peligro, en amenaza, en tragedia, lo que el Señor nos presenta como una oportunidad para la misión.

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