La esperanza cristiana, fuente de ayuda recíproca y de consuelo

fran08022017

8 de febrero de 2017.- La audiencia general de esta mañana se ha celebrado a las 9.30 horas en el Aula Pablo VI donde el Santo Padre Francisco se ha reunido con grupos de peregrinos y fieles provenientes de Italia y de todas las partes del mundo.

En el discurso en italiano el Papa, continuando con el ciclo de catequesis sobre la esperanza cristiana, ha centrado su meditación en el tema: La esperanza, fuente de ayuda recíproca y de consuelo (cfr 1Ts 5,12-22).

Tras haber resumido su catequesis en distintos idiomas, el Santo Padre ha dirigido expresiones de saludo a los grupos de fieles presentes. Después ha dirigido tres llamamientos: por la Beatificación, celebrada ayer, de Justo Takayama Ukon, laico japones; por la Jornada de oración y reflexión contra la trata de personas; y por la XXV Jornada Mundial del Enfermo que se celebrará el 11 de febrero.

La audiencia general ha concluido con el canto del Pater Noster y la Bendición Apostólica.

Catequesis del Santo Padre
[texto original: italiano – traducción: Iglesiaactualidad]

Queridos hermanos y hermanas, buenos días.

El miércoles pasado vimos que San Pablo, en la Primera Carta a los Tesalonicenses, exhorta a permanecer arraigados en la esperanza de la resurrección (cfr. 5, 4-11), con esa bella palabra «estaremos siempre con el Señor» (4, 17). En el mismo contexto, el Apóstol muestra que la esperanza cristiana no tiene sólo un aspecto personal, individual, sino comunitario, eclesial. Todos nosotros esperamos; todos nosotros tenemos esperanza, también comunitariamente.

Por esto, la mirada es enseguida extendida por Pablo a todas las realidades que componen la comunidad cristiana, pidiéndoles orar los unos por los otros y de sostenerse recíprocamente. Ayudarse recíprocamente. Pero no solamente ayudarse en las tantas necesidades de la vida diaria, sino ayudarnos en la esperanza, sostenernos en la esperanza. Y no es una casualidad que empiece refiriéndose a aquellos a quienes se ha confiado la responsabilidad y la guía pastoral. Ellos son los primeros  llamados a dar esperanza, y no porque sean mejores que los  otros, sino  en virtud de un ministerio divino que va mucho más allá de sus fuerzas. Por eso necesitan también el respeto, la comprensión y el apoyo benévolo de todos.

La atención es puesta en los hermanos con mayor riesgo de perder la esperanza, de caer en la desesperación. Nosotros siempre tenemos noticias de gente que cae en la desesperación y hacen mal las cosas… La desesperación los lleva a tantas cosas malas. Se refiere a quienes están desanimados, a los débiles, a los que se sienten derribados por el peso de la vida y de sus pecados y ya no son capaces de levantarse. En estos casos, la cercanía y el calor de toda la Iglesia deben ser aún más intensos  y amorosos tomando la forma  de la compasión,  que no es sentir lástima: la compasión es padecer con el otro, acercarse al que sufre, con una palabra, una caricia pero que salgan del corazón: eso es la compasión. Para quien necesita conforto y consuelo. Es de suma importancia: la esperanza cristiana no puede prescindir de la caridad auténtica y concreta. El mismo Apóstol de los gentiles, en la Carta a los Romanos, dice con el corazón en la mano: «Nosotros, los fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los endebles y no buscar la satisfacción propia» (15,1). Sobrellevar, sobrellevar las debilidades de los demás. Este testimonio no está encerrado en los confines de la comunidad cristiana: resuena en toda su fuerza también fuera de ella, en el contexto social y civil, como una llamada a no crear muros sino puentes, a no devolver mal por mal, sino a vencer el mal con el bien, la ofensa con el perdón -el cristiano nunca puede decir: ¡me lo pagarás!, nunca; la ofensa se vence con el perdón-, para vivir en paz con todos. ¡Esta es la Iglesia! Y así obra la esperanza cristiana, cuando asume los rasgos fuertes y al mismo tiempo tiernos del amor. El amor es fuerte y tierno. Es hermoso.

Se comprende entonces que no se aprende a esperar solos. Nadie aprende a esperar solo. No es posible. La esperanza, para alimentarse, tiene necesidad de un “cuerpo”, en el que todos los miembros se sostienen y se animan. Esto significa que, si esperamos, es porque muchos de nuestros hermanos y hermanas nos han enseñado a hacerlo y han mantenido viva nuestra esperanza. Y entre estos están los pequeños, los pobres, los sencillos, los marginados. Sí, porque no conoce la esperanza el que se encierra en su propio bienestar: espera solo en su bienestar y eso no es esperanza, es seguridad relativa; ; no conoce la esperanza quien se cierra en su propia satisfacción, quien se siente siempre bien… Los que esperan son los que experimentan todos los días las pruebas, la precariedad y sus propios límites. Son estos hermanos nuestros los que nos dan  el testimonio más hermoso, más fuerte, porque se mantienen firmes en la confianza en el Señor, sabiendo que, más allá de la tristeza,  de la opresión y  de la inevitabilidad de la muerte, la última palabra será suya, y será una palabra de misericordia,  de vida y de paz. Quien espera, espera escuchar un día estas palabras: “Ven, ven conmigo, hermano; ven, hermana, para toda la eternidad”.

Queridos amigos, si —como hemos dicho— la morada natural de la esperanza es un “cuerpo” solidario “en el caso de la esperanza cristiana este cuerpo es la Iglesia, mientras que el aliento vital, el alma de esta esperanza es el Espíritu Santo. Por eso san Pablo nos invita al final a  invocarlo  continuamente. Si no es fácil creer, mucho menos es esperar. Es más difícil esperar que creer, es más difícil. Pero cuando el Espíritu Santo mora en nuestros corazones, hace que entendamos  que no hay que temer, que el Señor está cerca y cuida de nosotros; y es Él quien modela nuestras comunidades, en un perenne Pentecostés, como signos vivos de esperanza para la familia humana. Gracias.

Síntesis y saludo en español

Queridos hermanos y hermanas

Siguiendo con la lectura de la Carta a los Tesalonicenses, reflexionamos hoy con san Pablo sobre la dimensión comunitaria y eclesial de la esperanza cristiana.

La esperanza, para alimentarse, tiene necesidad de un “cuerpo”, en el que todos los miembros se sostienen y se animan. Nosotros formamos parte de un cuerpo que es la Iglesia, y estamos llamados a sostenernos mutuamente en la esperanza. De aquí la necesidad de rezar unos por otros, en especial por aquellos que tienen una responsabilidad o se encuentran en dificultad.

Muchos hermanos nuestros nos enseñan a esperar y a mantener viva la esperanza. Los pobres y los humildes nos dan un gran testimonio de esto, porque experimentan cada día muchas pruebas, pero saben que más allá de la tristeza está el Señor, que es rico en misericordia y en paz.

La Iglesia, este cuerpo al que pertenecemos, está animada por el Espíritu Santo. Su presencia en nosotros nos alienta a no temer algún mal, pues el Señor está a nuestro lado y cuida siempre de nosotros.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los venidos de España y Latinoamérica. Los animo a invocar la presencia del Espíritu Santo en sus vidas, como también en medio de sus familias y comunidades, para que se avive en nosotros la llama de la caridad y nos haga signos vivos de la esperanza para toda la familia humana.

* * *

Ayer en Osaka, Japón, fue proclamado beato Justo Takayama Ukon, fiel laico japonés, muerto mártir en Manila en 1615. Antes que hacer concesiones, renunció a honores y riquezas aceptando la humillación y el exilio. Permaneció fiel a Cristo y al Evangelio; por eso representa un admirable ejemplo de fortaleza en la fe y de entrega en la caridad.

Hoy se celebra la Jornada de oración y reflexión contra la trata de personas, que este año está dedicada en particular a los niños y a los adolescentes y animó  a todos los que de diferentes maneras ayudan a los menores esclavizados y abusados a liberarse de esa opresión. Deseo que cuantos tienen responsabilidades de gobierno combatan con decisión esta plaga, dando voz a nuestros hermanos más pequeños, humillados en su dignidad. Es necesario hacer todos los esfuerzos posibles para acabar con este crimen vergonzoso e intolerable.

El próximo sábado, memoria de la Bienaventurada Virgen María de Lourdes, se celebrará la XXV Jornada Mundial del Enfermo. La ceremonia principal tendrá lugar en Lourdes y estará presidida por el cardenal Secretario de Estado. Invito a rezar, por intercesión de nuestra Santa Madre, por todos los enfermos, especialmente por los más graves y solos,  y también por todos los que los cuidan.

Volviendo a la celebración de hoy, la Jornada de oración y reflexión contra la trata de personas, que se celebra hoy porque hoy es la fiesta de santa Josefina Bakhita. Esta muchacha esclavizada en África, explotada, humillada, no perdió la esperanza y siguió su fe, acabando por llegar como migrante a Europa. Y aquí sintió la llamada del Señor y se hizo monja. Recemos a santa Josefina Bakhita por todos los migrantes, los refugiados, los explotados que sufren tanto, tanto.

Y hablando de migrantes expulsados, explotados quisiera rezar hoy con vosotros, de forma especial por nuestros hermanos y hermanas Rohinya: expulsados de Myanmar, vagan de un sitio a otro porque nos les quieren… Son gente buena, gente pacífica. No son cristianos, son buenos, ¡son nuestros hermanos y hermanas! Hace tantos años que sufren. Han sido torturados, asesinados, sencillamente porque siguen sus tradiciones, su fe musulmana. Recemos por ellos. Os invito a rezar por ellos a nuestro Padre  que está en los cielos, todos juntos, por nuestros hermanos y hermanas Rohinya.

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