Audiencia general: La esperanza no defrauda

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15 de febrero de 2017.- La audiencia general de esta mañana se ha celebrado a las 9.20 horas en el Aula Pablo VI donde el Santo Padre se ha reunido con grupos de peregrinos y fieles provenientes de Italia y de todas las partes del mundo.

En el discurso en italiano el Papa, continuando con el ciclo de catequesis sobre la esperanza cristiana, ha centrado su meditación en el tema “La esperanza no defrauda” (cfr. Rm 5, 1-5).

Tras haber resumido su catequesis en distintos idiomas, el Santo Padre Francisco ha dirigido saludos especiales a los grupos de fieles presentes.

La audiencia general ha concluido con el canto del Pater Noster y la Bendición Apostólica.

Catequesis del Santo Padre
[texto original: italiano – traducción: Iglesiaactualidad]

Queridos hermanos y hermanas, buenos días.

Desde pequeños nos enseñan que no está bien gloriarse. En mi tierra, a quienes presumen los llaman “pavos”. Y es justo, porque presumir de aquello que se es o de aquello que se tiene, además de ser soberbia, expresa también una falta de respeto en relación a los demás, especialmente con aquellos que son menos afortunados que nosotros. En este pasaje de la Carta a los Romanos, en cambio, el Apóstol Pablo nos sorprende, en cuanto nos exhorta dos veces a vanagloriarnos. Entonces, ¿de qué es justo gloriarse? Porque si él nos exhorta a jactarnos, de algo es justo vanagloriarse. ¿Y cómo es posible hacer esto, sin ofender a los demás, sin excluir a alguien?  ¿Y cómo se puede hacer sin ofender, sin excluir a nadie?

En primer lugar, estamos invitados a gloriarnos de la abundancia de la gracia de la que estamos imbuidos en Jesucristo, por medio de la fe. Pablo quiere que entendamos que si aprendemos a leer todo a la luz del Espíritu Santo, nos damos cuenta de que todo es gracia. Todo es don. Si prestamos atención, tanto en la historia como en nuestras vidas -no actuamos solamente nosotros, sino sobre todo Dios. Es Él el protagonista absoluto, que crea todo como un regalo de amor, que teje la trama de su plan de salvación y lo conduce a la plenitud para nosotros, a través de su Hijo, Jesús. A nosotros se nos pide que nos demos cuenta de todo ello, que lo aceptemos con gratitud  y lo convirtamos en motivo de alabanza, de bendición y de gran alegría. Si lo hacemos, estamos en paz con Dios y experimentamos la libertad. Y esa paz se extiende a todas las áreas y todas las relaciones de nuestras vidas: estamos en paz con nosotros mismos, estamos en paz con la familia, en nuestra comunidad, en el trabajo y con las personas que encontramos todos los días en nuestro camino.

Pero Pablo insta a gloriarse también en las tribulaciones. Esto no es fácil de entender. Esto nos parece más difícil y puede parecer que no tenga nada que ver con la condición de paz apenas descrita. En cambio, es el presupuesto más auténtico, más verdadero. No hay que entender la  paz que el Señor nos brinda y nos da como la ausencia de preocupaciones,  de decepciones, de fracasos, de sufrimientos. De ser así, en el caso de que consiguierámos estar en paz, ese momento terminaría pronto y caeríamos inevitablemente en el desconsuelo. En cambio, la paz que viene de la fe es un regalo: es la gracia de experimentar que Dios nos ama y que está siempre a nuestro lado, que  no nos  deja solos  ni siquiera un momento en nuestra vida. Y esto, como dice el Apóstol, genera paciencia, porque sabemos que incluso en los momentos más duros y turbulentos, la misericordia y la bondad del Señor son más grandes que cualquier otra cosa y nada nos arrancará de las manos y de la comunión con Él.

Entonces, es por eso que la esperanza cristiana es sólida, es por eso que no defrauda. Jamás defrauda. ¡La esperanza no defrauda! No está fundada sobre aquello que nosotros podemos hacer o ser, y mucho menos en lo que nosotros podemos creer. Su fundamento, es decir el fundamento de la esperanza cristiana, es lo más fiel y seguro que hay, el amor que Dios nutre por cada uno de nosotros. Es fácil decir: Dios nos ama. Todos lo decimos. Pero pensad un poco: ¿Cada uno de nosotros es capaz de decir: estoy seguro de que Dios me ama? No es tan fácil decirlo, pero es verdad. Es un buen ejercicio éste de decirse a uno mismo: Dios me ama. Esta es la raíz de nuestra seguridad, la raíz de la esperanza.   Y el Señor ha derramado en nuestro corazón el Espíritu, que es el amor de Dios,  para que como artífice y garante, alimente en nosotros la fe y mantenga viva esa esperanza y esa seguridad. Dios me ama. ¿Pero en este momento horrible? Dios me ama. ¿Y a mí que he hecho esto y aquello? Dios me ama. Esa seguridad no nos la quita nadie. Y tenemos que repetirlo como una oración :Dios me ama. Estoy seguro de que Dios me ama. Estoy segura de que Dios me ama.

Ahora entendemos por qué el apóstol Pablo nos exhorta a gloriarnos siempre de todo esto. Yo me glorío del amor de Dios, porque me ama. La esperanza que se nos ha dado no nos separa de los demás, ni mucho menos nos lleva  a desacreditarlos o a marginarlos. Se trata, en cambio, de un don extraordinario del que estamos llamados a ser “canales”, con humildad y sencillez, para todos. Por lo tanto nuestro mayor orgullo es tener a Dios como un Padre que no tiene favoritos, que no excluye a nadie, sino que abre su casa a todos los seres humanos, empezando por los últimos y, los alejados, para que, como hijos suyos  aprendamos a consolarnos y a apoyarnos  los unos  a los otros. Y no os olvidéis: la esperanza no defrauda.

Síntesis de la catequesis y saludo en español

Queridos hermanos:

En la carta a los Romanos, san Pablo nos dice que la esperanza no defrauda. El motivo es que está fundada sobre el cimiento más sólido que existe: el amor que Dios nos tiene, y que ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado. Por eso podemos gloriarnos y alegrarnos, porque por medio de la fe nos damos cuenta de que Dios siempre está presente en nuestra vida; de que todo es obra de su amor. Si con fe acogemos su designio de salvación, que lleva a cabo a través de su Hijo Jesucristo, entonces estamos en paz con Dios y experimentamos la libertad. Pero se trata de una paz que se vive incluso en medio de preocupaciones, fracasos y sufrimientos. La esperanza es un don que nos ayuda a experimentar que, incluso en los momentos más duros y difíciles, Dios nos ama y no nos deja solos nunca ni un instante.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. En particular a los formadores y alumnos del Seminario Diocesano de Orihuela-Alicante, Monseñor Murgui tiene un buen seminario. Pidamos a María, Madre de misericordia, que interceda por nosotros para que nos ayudemos mutuamente con el testimonio de nuestra fe y perseverancia, y así crezca nuestra esperanza. Que el Señor los bendiga. Muchas gracias.

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