Presentado el escudo episcopal de Mons. D. Abilio Martínez Varea, obispo de Osma-Soria

escudo-episcopal

4 de marzo de 2017.- De acuerdo a la heráldica para Obispos, en el escudo episcopal de Mons. D. Abilio Martínez Varea aparece el capelo o sombrero del cual penden, a derecha e izquierda, idénticas series de seis borlas verdes.

El escudo está partido, primero, en campo de plata con un cáliz surmontado de un racimo de uvas al natural. El cáliz recuerda a la Eucaristía, “fuente y culmen de la vida cristiana” (LG 11); las uvas hacen referencia a la tierra de la que os oriundo el nuevo Obispo, La Rioja.

En el segundo cuartel, en campo de plata, encontramos tres flores de lis de gules puestas en palo, partido de sable con dos fajas de plata. Se trata de la representación heráldica del apellido “Martínez”.

El entado en punta de gules, con un castillo de oro aclarado de azur, representa a la ciudad de Osma en cuyo territorio, ya en el S. VI, se enclavaba la antigua Sede episcopal de Osma, hoy de Osma-Soria, con la que el nuevo Obispo se desposa.

Finalmente, el jefe general del escudo es de azur con una estrella de ocho puntas de oro cargado de una N. Esta parte del escudo episcopal representa a la Virgen de Nieva, patrona de Autol, localidad natal del nuevo Obispo. Para Mons. Martínez Varea, “los mejores recuerdos que tengo de mi infancia son de los momentos en que hacíamos la novena en honor a la Virgen de Nieva; a Ella siempre he encomendado mi vocación y mi ilusión sacerdotal”.

El lema episcopal: “Fidelis est qui vocat vos” (1 Ts 5, 24)

El lema episcopal elegido por el nuevo Obispo de Osma-Soria (“El que os llamó es fiel”) está tomado de la primera carta que escribió el apóstol San Pablo a la comunidad cristiana de Tesalónica, concretamente del capítulo cinco, versículo 24.

Mons. Abilio Martínez Varea ha querido recoger en su lema la certeza de que sólo la fidelidad de Dios puede sostener y hacer fructificar el ministerio episcopal. A lo largo de la Escritura, una y otra vez, se remarca que la fidelidad forma parte del ser de Dios, de la manera que Él es. Dios no rompe su alianza con la humanidad, más bien al contrario pues la lleva a plenitud por amor en la alianza nueva y eterna que hace por medio de su Hijo Jesucristo. Dios nunca abandona a su pueblo a pesar de la infidelidad de su pueblo.

Cronológicamente, las primeras cartas de San Pablo están dirigidas a los tesalonicenses, evangelizados por el apóstol en el curso de su segundo viaje (cfr. Hch 17, 1-10) desde el otoño del 49 a la primavera del 50. Obligado por los ataques de los judíos a salir para Berea, desde donde llegó a Atenas y Corinto, desde esta última ciudad escribió sin duda la 1 Ts en el verano del 50. Silas y Timoteo están con él, y las buenas noticias traídas por este último, después de una segunda visita a Tesalónica, sirven de ocasión a San Pablo para desahogar su corazón y tratar algunos temas de enorme trascendencia.

Delegación episcopal de Medios de Comunicación Social
Diócesis de Osma-Soria

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