Reflexión para el Domingo de Ramos en la Pasión del Señor (A)

DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR (A)
9 de abril de 2017

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Liturgia de la Palabra
Procesión:
– Mt 21, 1-11. Bendito el que viene en nombre del Señor.
Misa:
– Is 50, 4-7. No escondí el rostro ante ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado.
– Sal 21. R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
– Flp 2, 6-11. Se humilló a sí mismo; por eso Dios lo exaltó sobre todo.
– Mt 26, 14 — 27, 66. Pasión de nuestro Señor Jesucristo.

Domingo de Ramos, domingo de estrenos, de procesiones primeras y de mirar mucho a las nubes del cielo con el paraguas los prevenidos y los cofrades con el deseo. Escuchamos dos relatos aparentemente contradictorios: la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén entre vivas y hosannas, y el proceso amañado e injusto de la Pasión del Señor que termina en agonía y muerte por crucifixión.

Aquel Rey no entró en una limusina de las de entonces: Jesús no tenía ni escolta ni coche oficial, no era un general de un imperio prepotente que entraba cargado de medallas tras una conquista de victoria. Llegó en un humilde borriquillo, como quien monta en semejante trajín su palabra bondadosa y los gestos de la paz que fue paseando en aquellos tres años inolvidables. Pero la entronización de quien tan humilde entra en la santa Ciudad será la cruz, que paradójicamente es patíbulo de una muerte indigna y también almena airosa de una salvación que inmerecidamente recibimos del Señor.

Un relato que podremos ahondar en estos días especialmente queridos por el Pueblo cristiano, porque en esa trama se describe después de dos mil años lo que ahora a todos y a cada uno nos sigue embargando con su sinfín de agobios y durezas, y al tiempo que nos sigue llenando de esperanza ante lo que esa llave en forma de cruz es capaz de abrir como puerta de salida bienhadada.

Dios pasa “entre” nosotros sin pasar “de” nosotros. Ese Dios humanado nos dirige una palabra de aliento habiendo experimentado nuestro desaliento, nos dice Isaías en la primera lectura. Él enciende una luz alumbradora sabiendo en carne propia cómo son nuestros apagones oscurecidos, y proclama una vida nueva no sin antes haber masticado la muerte amordazadora. Por eso Jesús no tiene una humanidad prestada o virtual, sino que abrazó nuestra realidad con todas las consecuencias. Como dice la carta a los Hebreos, no tenemos un Dios “que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado” (Heb 4,15).

Dios pasa entre nosotros, Él se ha hecho pascua singular, dándonos motivos de esperanza: la que se deriva de que somos amados realmente por el Señor, que conoce mi nombre, que sigue mis senderos, que escucha mis latires y que me sigue invitando al cielo. No es un Dios intruso, metijón y molesto, sino alguien que tiernamente me acoge, pacientemente me acompaña y espera salvarme con todo su empeño.

Quedan atrás tantos recodos del camino en los que Jesús pasó haciendo el bien. Sus encuentros con la gente, su peculiar modo de abrazar el problema humano, unas veces brindando sus gozos como en Caná, otras llorando sus sufrimientos como en Betania; en ocasiones curando todo tipo de dolencias, o iluminando todo tipo de oscuridad o saciando todo tipo de hambres, y en otras airado contra los comerciantes en el templo y contra los fariseos en todas partes. Jesús que bendice, que enseña, que reza, que cura, que libera… Él ha traído el calor de su casa –el hogar trinitario– a nuestros fríos inhumanos, plantando en nuestro suelo el corazón de Dios como una gran tienda en la que cobijarse de tantas intemperies y en la que aprender a ser y a quererse.

En la procesión de mi vida, este amor absoluto de Dios es el que manifiesta su paso, discreto y concreto, con el que me acompaña como nadie y para siempre. Dios pasa por mí, sin pasar de mí jamás. En este paso que es la procesión de la vida, todos somos cofrades, y a todos nos sale al encuentro el Señor como en estos días santos vamos a recordar con inmensa gratitud. En estos días algo nos dirá a cada uno Dios. Dichoso quien se asoma y adentra en la Semana Santa, dejándose herir por la dulzura de su belleza en el relato de su drama.

Domingo de Ramos, domingo de estrenos. Que sea la vida cristiana reestrenada por la gracia que nos renueva.

† Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo


Otros recursos

Para profundizar con el Catecismo de la Iglesia Católica (CEC), según las indicaciones del Directorio homilético:

CEC 557-560: la entrada de Jesús en Jerusalén
CEC 602-618: la Pasión de Cristo
CEC 2816: el Señorío de Cristo obtenido por medio de su Muerte y Resurrección
CEC 654, 1067-1068, 1085, 1362: el Misterio Pascual y la Liturgia

Del magisterio del Santo Padre Benedicto XVI:

Homilía. Domingo de Ramos – XXIII Jornada Mundial de la Juventud (16.03.2008)

Homilía. Domingo de Ramos – XXVI Jornada Mundial de la Juventud (17.04.2011)

Jesús de Nazaret. Desde la Entrada en Jerusalén hasta la Resurrección (Ed. Encuentro, 2011), págs. 11-22

Del magisterio del Santo Padre Francisco:

Homilía. Santa Misa del Domingo de Ramos (13.04.2014)

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