Reflexión para el Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

DOMINGO DE PASCUA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR
16 de abril de 2017

“Si habéis resucitado con Cristo buscad los bienes de allá arriba”

resurrexit

Liturgia de la Palabra
– Hch 10, 34a. 37-43. Hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos.
– Sal 117. R. Este es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.
– Col 3, 1-4. Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo.
o bien: 1 Cor 5, 6b-8. Barred la levadura vieja para ser una masa nueva.
– Secuencia. Ofrezcan los cristianos.
– Jn 20, 1-9. Él había de resucitar de entre los muertos.
o bien, en las Misas vespertinas: Lc 24, 13-35. Quédate con nosotros, porque atardece.

¡”Este es el día en que actuó el Señor, sea nuestra alegría y nuestro gozo”! Hoy, domingo de Pascua de resurrección, Jesucristo ha vuelto a la vida, rotas las cadenas de la muerte, y se hace presente entre sus discípulos, ahora nosotros. Hoy es el domingo de los domingos, la fiesta de todas las fiestas. Hoy brilla un sol que no conoce ocaso, el Resucitado que, al salir del sepulcro, brilla sereno para toda la humanidad. Hoy todo canta el aleluya pascual. Celebremos esta gran fiesta que se prolongará durante la cincuentena de días hasta culminar en Pentecostés.

Nosotros sabemos ya lo que aquel hecho significaba, pero Pedro y Juan, los primeros discípulos que acudieron alertados por María Magdalena estaban desconcertados. Al ver la losa quitada del sepulcro pensaron que habían robado el cuerpo de su Maestro. No recordaban ya sus palabras cuando anunciaba la pasión y muerte y decía que resucitaría al tercer día (cf. Mt 16, 21 y par.). Inspeccionaron el interior del sepulcro, vieron los lienzos con que habían envuelto el cuerpo de Jesús y el sudario que había cubierto su rostro, pero cuerpo no estaba allí.  Cuántas veces nosotros, atravesando situaciones difíciles, tampoco somos capaces de ver la luz ni de interpretar positivamente los signos de una realidad que inicialmente nos desconcierta.

Los discípulos, al principio, no entendían nada, pero Juan, el más joven que, al llegar al sepulcro, por respeto había cedido el paso a Pedro, “vio y creyó” como nos dice el evangelio (Jn 20, 8). Ante la mirada de ambos se mostraba una misma realidad, el sepulcro vacío, la ausencia de Jesús. Pero Juan creyó porque la luz del Espíritu Santo le hizo comprender el sentido de las palabras del Señor cuando decía, por ejemplo: “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré” refiriéndose no al templo de Jerusalén sino a su cuerpo (cf. Jn 2, 20-21). Es el propio evangelista el que ha dejado consignado en su evangelio, escrito cuando ya era un anciano, que “se acordaron de que lo había dicho, y creyeron a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús” (2, 22). Por eso nosotros, aunque no hemos visto lo que vieron Pedro y Juan y los primeros testigos del sepulcro vacío, sin embargo hemos escuchado muchas veces las palabras de la Escritura y somos iluminados igualmente por el mismo Espíritu Santo para creer en la resurrección de Jesucristo. Y no solo en la resurrección. También en la presencia y en la acción de Dios en los momentos difíciles de nuestra vida. Por eso es tan importante la fe, aunque no deje de ser oscura. Nunca debemos perder la esperanza, porque sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien” (Rm 8, 20).

Jesucristo resucitado brota para todos los que hemos sido bautizados en su muerte y resurrección una  fuerza renovadora capaz de transformarnos interiormente para que ya no vivamos como antes, bajo la presión de las malas inclinaciones, el egoísmo, la soberbia, la pereza espiritual, el culto al cuerpo, la impiedad, el olvido de Dios… Es necesario creer en Jesucristo y en el poder de su resurrección para superar la atonía y la falta de vigor espiritual y apostólico de muchos cristianos. Esta atonía causa lo que el papa Francisco ha llamado en el mensaje de la Cuaresma de este año la “globalización de la indiferencia”, que consiste en pensar que yo estoy relativamente bien y a gusto, y me olvido de quienes no están bien”. Esta actitud egoísta  se extiende en la sociedad ante los problemas, los sufrimientos y las injusticias que padecen tantas personas, incluso de nuestro entorno.

La fe en Jesucristo resucitado dinamiza nuestra vida. Él nos ofrece la posibilidad de renovar nuestras aspiraciones y deseos, nuestros propósitos y nuestra conducta, para hacerlos coherentes con los bienes que nos ha procurado con su muerte y resurrección y que el Espíritu Santo actualiza sin cesar en todos los creyentes. ¡Feliz Pascua de Resurrección! ¡Amén! ¡Aleluya!

† Julián López Martín
Obispo de León


Otros recursos

Para profundizar con el Catecismo de la Iglesia Católica (CEC), según las indicaciones del Directorio homilético:

CEC 638-655, 989, 1001-1002: la Resurrección de Cristo y nuestra resurrección
CEC 647, 1167-1170, 1243, 1287: la Pascua, el Día del Señor
CEC 1212: los Sacramentos de la Iniciación cristiana
CEC 1214-1222, 1226-1228, 1234-1245, 1254: el Bautismo
CEC 1286-1289: la Confirmación
CEC 1322-1323: la Eucaristía

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s