Comunicado de prensa de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales

05.05.2011.vaticano

Ciudad del Vaticano, 2 de mayo de 2017

La Academia Pontificia de las Ciencias Sociales ha tenido su sesión plenaria del  28 de abril al de 2 mayo de 2017 sobre el tema “Hacia una sociedad participativa:. Nuevas vías para la integración social y cultural”. El Papa Francisco envío un mensaje especial, fechado el 24 de abril y publicado en L’Osservatore Romano el 29 de abril, que ha sido el telón de fondo y el hilo conductor de los trabajos.

Los participantes en la Asamblea Plenaria han abordado la cuestión de la sociedad participativa definiendo en primer lugar los conceptos de participación,  lucha contra la exclusión e integración social y cultural, para  luego considerar los fenómenos empíricos, sus causas y las posibles soluciones. Se trata de conceptos y procesos multidimensionales que no son idénticos entre sí y, sin embargo conectados de varias maneras.

La participación puede ser institucional o espontánea. La exclusión puede ser activa (intencional, como en el caso de la discriminación por motivos de origen étnico o religioso) o pasiva (debido a causas accidentales, como una fuerte crisis económica). En ambos casos es el resultado de procesos que se han analizado en sus mecanismos generativos, dado que la integración social y cultural es el resultado de la modificación de estos mecanismos, que son económicos, sociales, culturales y políticos. El objetivo de la inclusión de las personas y comunidades en  la sociedad no puede perseguirse  c​​on medidas forzadas o  de una forma estandarizada  (por ejemplo, con  sistemas escolares que no toman en cuenta las diferencias culturales y las culturas locales). Una participación social real es posible sólo a condición de que haya libertad religiosa.

Los trabajos han puesto de manifiesto la preocupación por la propagación de la fragmentación social, por un lado y , al mismo tiempo, por la incapacidad de los sistemas políticos para gobernar la sociedad. Estos dos fenómenos se están extendiendo en muchos países y crean situaciones de fuerte desintegración social, en la se hace cada vez más difícil  crear formas de participación social basadas en los principios de  justicia,  solidaridad y  fraternidad.

Las causas de estas tendencias perturbadoras que actúan en contra de una sociedad más participativa se han identificado en la crisis de la representación política, en las crecientes desigualdades sociales,en los desequilibrios demográficos a nivel mundial,  en la creciente migración y el alto número de refugiados, en el papel ambivalente de las tecnologías de información y comunicación, en los conflictos religiosos y culturales.

Ciertamente, el factor más importante  en contra de la participación social es la creciente desigualdad social  entre élites restringidas y la masa de la población. Las estadísticas sobre la distribución de la riqueza y las oportunidades de vida indican las enormes diferencias entre los países entre sí y en el interior de los mismos. Suscita gran preocupación  el hecho de que en Europa y América, la clase media se haya debilitado mucho , a diferencia de otros países como India y China, donde se ha fortalecido. Hay que señalar que cuando la clase media sufre contratiempos, la democracia participativa está en peligro.

A pesar de todo esto, se puede trabajar para una mejor  “sociedad participativa” siempre que se consiga instaurar una verdadera cooperación subsidiaria entre un sistema político que se haga sensible a la voz de los que no está representados, una economía civilizada y formas asociativas de sociedad civil basadas en redes de reciprocidad. Es necesario crear formas circulares de participación  “top-down” a “bottom-up” ( de arriba abajo y viceversa), valorizando las realidades intermedias basadas en el principio de colegialidad.

En esencia, una sociedad participativa es aquella que defiende y promueve los derechos humanos, consciente de  que la legislación sobre ellos no puede lograr  ningún proyecto utópico de transformación social, sino  crear solamente condiciones positivas dentro de las cuales las personas y los grupos pueden actuar  con ética, es decir, tener la oportunidad de dedicarse al bien recíproco, y de poner a punto  nuevas iniciativas sociales   que generen  una mayor inclusión social.

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