Visita pastoral del Santo Padre a Génova (27 mayo 2017) – Encuentro con los jóvenes de la Misión Diocesana

francisco

27 de mayo de 2017.– A las 12.30 horas de esta mañana, el Santo Padre Francisco se ha reunido con los jóvenes de la Misión Diocesana en el Santuario de la Madre de la Guardia.

A su llegada, el Papa ha sido recibido por el Rector del Santuario, Rvdo. Mons. Marco Granara.

Antes de responder a las preguntas que le han sido dirigidas por cuatro jóvenes, el Santo Padre ha invitado a los presentes a rezar en silencio a la Virgen.

Al finalizar, el Papa ha dirigido un breve saludo a los presos de la cárcel de Génova que han seguido el encuentro vía televisión.

Después, en la Sala del Caminetto en el interior del Santuario, el Santo Padre ha almorzado con los pobres, los refugiados, los sintechos y los detenidos.

Oración a Nuestra Señora de la Guardia

 

Os invito a rezar a la Virgen en silencio: cada uno le diga aquello que tiene en el corazón. Ella es nuestra mamá, la madre de Jesús. En silencio, cada uno le dice aquello que siente en el corazón.

Respuestas del Santo Padre a las preguntas

¡Buenos días! Estoy “volado” porque Emanuele dice que estamos frenéticos. No sé cómo responder. El Cardenal ha dicho que vuestro amor es turbulento y alegre. Es hermoso. Siempre me gusta encontrar a los jóvenes. Saber qué piensan, qué creen, qué objetivos tienen. Queréis respuestas personales, no “preescritas”. Queréis diálogo. Que la respuesta toque el corazón.

Chiara, gracias por compartir la experiencia misionera vivida durante este año. Sentir la invitación de Jesús es una alegría plena. “Jesús dice: “ésta alegría plena nadie os la quitará”. Alegría, que no es lo mismo que diversión. No es superficial. Está dentro. Sale del corazón. Es lo que vosotros habéis vivido este año. Y te doy las gracias. Y quiero preguntaros: ¿cómo habéis sentido que esta experiencia os ha transformado? ¿Es verdadero, o son sólo palabras?. Porque ir a misionar significa dejarse transformar por el Señor.

Siempre que desarrollamos estas actividades, nos alegramos cuando todo vá bien. Pero hay otra transformación que nace dentro de cada uno. Misionar nos lleva a aprender a mirar con ojos nuevos. Los ojos se renuevan. Miramos de una forma nueva nuestra vida, nuestra familia, nuestra ciudad, nuestro entorno.

La experiencia misionera nos abre los ojos y el corazón. Dejamos de ser “turistas” de la vida, para ser hombres y mujeres; jóvenes que aman la vida de forma comprometida. Cuántas veces vemos a los turistas, los turistas de la vida que toman fotografías pero no miran. Una cosa es mirar las fotografías y otra mirar la realidad. Es una tentación para los jóvenes. Mirar de forma superficial y tomar fotografías. Quiero decir que -no toco la realidad, no miro las cosas como son-. Dejar esta actitud de turistas, para llegar a un compromiso serio con la vida. El tiempo que empleamos como misioneros, nos prepara para mirar con atención.  Cuando no sabemos mirar, terminamos ignorando. No miramos los corazones. -Mi corazón no se ha acercado-. Es la superficialidad.

La misión nos acerca al corazón de las personas, y destruye la hipocresía.

Encontramos adultos hipócritas, y es feo. Pero es cosa de mayores. Pero encontrar un joven que empieza la vida con hipocresía es suicida. Es no dejar el camino de turista. Hacer que se ve, pero en realidad no mirar el corazón de la gente con autenticidad y transparencia.

Tú has dicho que la misión es bella, pero cuando voy a misionar, no es mi decisión, me envía siempre otro. Es Jesús quien te alimenta y está siempre contigo, trabaja en tu corazón y te cambia; te hace ver la vida con ojos nuevos, no de “turista”.

Vivir cerrados no ayuda, no sirve. Debemos vivir en misión. Escucho a Jesús y voy hacia la gente, con una transformación de mi personalidad que me hace sentir de otra manera. Jesús sentía a la gente. Cuando iba por el camino, siempre rodeado por una multitud, una vez dijo “ alguien me ha tocado” y los apóstoles le recriminan dicéndole que hay mucha gente alrededor. Pero Jesús no se había acomodado a la presencia multitudinaria, comprendía la intención de la gente. Una mujer le había tocado porque quería curarse.

Así nosotros debemos conocer a la gente como es, porque tenemos el corazón abierto. Somos misioneros.

También nos ayuda mirar el rostro, mirarnos a los ojos y ver que somos hermanos entre nosotros.

-Te ayuda a no ser maniqueo: unos son buenos y los otros malos-. La misión nos purifica. Todos somos pecadores. Necesitamos el anuncio de cristo.

La misión nos cambia la mirada, nos hace ver el pueblo de Dios.

Nos quita de la cabeza que hay grupos de puros o impuros. Todos somos pecadores, que llevamos al Espíritu Santo dentro, y éste nos puede hacer santos.

¿Cómo podemos ser misioneros con los coetáneos, con aquellos que viven situaciones difíciles, que son víctimas de la droga, del alcohol, de la violencia o del engaño del maligno?

Lo primero es amarlos. No podemos hacer nada sin amor. Una muralla de amor, porque los planes que tengas, sin amor…el amor es dar la vida. “Nadie tiene más amor que el que dá la vida por sus hermanos”. Si no tienes el corazón dispuesto a amar como el Señor nos enseña, no podrás hacer una misión; sólo una aventura como turista.

Prepararse es ir con el corazón a amar. Una de las cosas que pregunto cuando tengo oportunidad, es : ¿ayudas a los demás? ¿dás limosna? Si, suelen contestar. La gente es buena. Pregunto también: ¿cuándo das limosna, tocas la mano de quien recibe tu limosna? Se quedan sin saber qué decir; ¿miras a los ojos, o tienes prisa? Amar es tener la capacidad de apretar esa mano sucia y mirar a los ojos de las personas que viven en una situación de degradación, y decir, -para mi, tú eres Jesús-. Este es el inicio del amor.

Si no, más vale quedarse en casa que ir a misionar.

¿Habéis comprendido por qué tengo que amar a esta gente en situaciones difíciles, víctimas de la droga, del alcohol, de la violencia o del engaño del maligno?

Hay una certeza que es examinarles en la esperanza. Para los misioneros es necesaria una cierta testarudez en la esperanza. Cada persona que atraviesa una situación difícil, ha sido maltratada. Tiene una historia de dolor, de herida, que no podemos ignorar. Esta es la locura de la fé. La locura de la cruz que dice Pablo. La locura del anuncio del Evangelio. Ahí está Jesús. Esto es mirar como mira Jesús. Aprender a mirar como Él mira. Cuando Jesús nos enseña, con las preguntas que nos harán cuando tengamos que dar cuenta de nuestras acciones, nos muestra que Él era esa gente,  cada uno de aquellos necesitados. Es el misterio del amor desde el Corazón de Jesús.

En una ocasión en Argentina, visitaba a los presos de las cárceles. Una vez he saludado a uno que había matado a más de 50 personas. Me quedé pensando, -tú eres Jesús-. Antes de ir, Él me había dicho: si vas a la cárcel, ahí estoy yo.

Hace falta esta locura de la cruz. Jesús hace milagros. No es un brujo que cura. Está en cada uno de nosotros.

Tal vez alguno de vosotros está ahora en pecado mortal. Pero Jesús está ahí esperando contigo. No nos deja. Es testarudo en la Esperanza.

-Voy, toco, escucho, veo a Jesús que trabaja en el corazón de los descartados de la sociedad.-

No te sientas mal por tocar esas manos sucias. Todos estamos sucios. Si después de todo me has salvado, te doy las gracias, porque yo podría ser ese. Si me hubieras dejado de la mano….Esta es la gracia que debemos anunciar.

No adjetivar nunca a las personas. Amar es la testarudez en la esperanza, llevar el mensaje a gente con nombre, no con adjetivo. La sociedad habla con desprecio – no porque es un borracho, es un drogadicto….- Nunca adjetivar. Sólo Dios puede juzgar, y lo hará en el Juicio final. Nosotros nunca.

Voy a la misión para llevar un gran amor. Después de la transformación por medio del Amor.

Somos habitantes de la cultura del vacío , de la soledad, buscamos a la gente, pero por dentro estamos solos, necesitamos el ruido del mundo para no sentir soledad.

Es lo contrario de la alegría, del gozo del que estamos hablando.

Este aislamiento es el objetivo de la misión. Fraternidad. Debo estar dispuesto a amar a todos. No hay alegría plena, mientras hay tantos hermanos con la mirada y el rostro desfigurado por un vacío que se defiende con la exclusión, ignorando a la gente.

Si queremos ser misioneros, llevar en nosotros la alegría, nunca debemos aislar, ignorar, adjetivar.

Gracias Lucca, por tu pregunta.

Génova es una ciudad portuaria, con un puerto que ha recibido y dejado ir tantas naves. Génova ha generado grandes navegantes. Para ser discípulo de Jesús hay que tener el mismo corazón del navegante: tener horizonte y valor.

Nunca serás buen misionero sin horizonte ni valor. La perspectiva del horizonte, y el valor, son las virtudes primordiales del navegante. Tenemos delante de nosotros a los navegantes del siglo XV, que salieron de aquí.

Hoy día tenéis oportunidad de conocer todas las nuevas técnicas de información, pero estas en vez de informaros, muchas veces os saturan, y cuando se está saturado, se pierde la capacidad de vislumbrar el horizonte. Estad atentos. Los medios intentarán “venderte” cosas, hacer que pienses como ellos quieren. La contemplación. La capacidad de contemplar con perspectiva. Tener un criterio propio y no lo que te sirven “en bandeja”. Este es el reto. Esta actitud nos debe conducir a la oración, y en ella pedirle al Señor. –por favor no dejes de retarme, de abrir mi entendimiento hacia nuevos horizontes que requieren también de mi valor-.

A los genoveses, tierra de navegantes, les digo que adelante.

Esta es la oración que os propongo. Señor, rétame. Jesús, importúname. Dame el valor de poder responderte, a ti, al reto que pones delante de mi.

El Jesús que importuna, es el Jesús que está vivo. El Espíritu Santo está en el corazón, y  guía a los jóvenes que se dejan importunar por Jesús. No aceptan las respuestas simples, buscan la profundización. Tienen el valor de preguntarse cosas. Aprender a retar al presente.

Una vida espiritual sana genera jóvenes despiertos que frente a esta cultura, se preguntan ¿ésto es normal, o no es normal?

Tantas veces, y lo digo con tristeza, los jóvenes son víctima de los vendedores de humo. Uno de los primeros valores que debéis tener es el de preguntaros, qué es normal y qué no lo es. Buscar siempre la verdad.

La indiferencia crece cada día. ¿Es normal? Con los vecinos, amigos, barrio, trabajo o escuela….? ¿Es normal que los migrantes, heridos por el egoísmo, vivan y atraviesen condiciones tan difíciles? EL Mediterráneo (y no lo digo por Italia, que son muy generosos), se ha convertido en un cementerio. ¿Es normal?

¿Es normal que tantos países cierren sus fronteras a esta gente, que huye de la barbarie de la guerra y buscan su seguridad? ¿Es normal que se le cierren las puertas? Hace falta valor.

Colón, era vuestro. Salió de aquí. Este loco que quería llegar desde aquí, hasta allí. Su razonamiento ha vencido un gran reto. Tuvo valor. No se pueden cerrar las puertas al sufrimiento. Implícate. Y si no puedes, apártate, baja la cabeza, y pídele coraje al Señor. Retar al presente, es tener el coraje de cuestionar cosas que no son normales. Cosas que no quiere Dios y nosotros tampoco.

Este es Jesús, el intempestivo, que siembra en nuestro corazón la inquietud de hacernos estas preguntas, y esto, es hermoso. Vosotros tenéis la capacidad de buscar horizontes y tenéis el valor. Como decimos en mi tierra, os lanzo el guante a la cara….vosotros veréis.

Termino con una sugerencia. En la mañana rezad esta oración muy simple: Señor, te pido por favor, no me dejes de retar.  Jesús por favor ven a importunarme un poco y dame el valor de poder responderte. ¡Gracias!

Saludo a los presos

Quisiera dirigir también un saludo y la bendición a todos los presos de Génova y de Liguria que han seguido este encuentro.

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