El Cristo de Medinaceli «nos ama, nos libera y nos dice que somos hermanos»

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2 de marzo de 2018.- El madrileño barrio de las Letras ha visto cómo a pesar del frío y la lluvia reinantes en esta jornada invernal las calles aledañas a la basílica de Medinaceli se han visto llenas de colas de miles de personas que se acercan a besar los pies del Cristo. Como todos los primeros viernes de marzo, devotos de toda procedencia, clase y condición han acudido y acuden durante todo el día a manifestar su devoción.

Una tradición de la que no es ajena la Casa Real y con la que ha cumplido esta mañana Su Majestad el Rey, don Felipe VI, que poco antes de las once de la mañana abandonaba el templo después de haber besado los pies a Jesús de Medinaceli.

Tampoco la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, ha querido faltar a esta cita, y se ha acercado a cumplimentar al Cristo cerca de la una del mediodía.

Poco antes finalizaba la solemne celebración de la Eucaristía que a partir de las doce ha presidido el cardenal D. Carlos Osoro Sierra, arzobispo de Madrid, y a la que han asistido representantes de la casa ducal de Medinaceli.

El prelado ha comenzado su homilía dando gracias «al Señor por permitirnos vivir este acto lleno de profundidad, como es el besapié a esta imagen nuestra del Cristo de Medinaceli», asegurando que «acudimos a este Santo Cristo precisamente porque encontramos que junto a él nada perdemos, que sus mandatos son fieles, que lo que nos ha prometido nos lo da, que nos adorna con su santidad».

«Es inexplicable esta fila y este templo lleno de fieles, dijo. Cristianos que desde lugares diversos de Madrid, de situaciones muy distintas, venís a besar el pie del Cristo de Medinaceli porque creéis en su amor». Por eso, en primer lugar, invitó a los fieles a contemplar su rostro, que «tiene tal fuerza, nos contagia tal serenidad… Esos ojos que están medio cerrados, ese rostro que indica sufrimiento, pero con una gran serenidad», y que manifiesta «que a todos los hombres nos atiende. Contempladlo queridos hermanos».

En segundo lugar, «es el testigo fiel de un Dios que manifiesta que no se olvida del hombre, que abraza a cada uno, que nos quiere decir que somos hermanos, que en una humanidad como la que estamos viviendo en estos momentos de la historia –rota, dividida, enfrentada en muchas situaciones– este Cristo nos ama, nos libera y nos dice que somos hermanos, y que la gloria y el poder del hombre está en acogerle en nuestro corazón, en dejarle entrar en nuestra vida, en dejarle que nos haga partícipes de su amor, de su entrega, de su fidelidad, de la ayuda que Él nos presta». Porque «cuando dejamos entrar a Cristo en nuestra vida, vemos las cosas de un modo distinto».

Por último, animó a los presentes a preguntar a Jesús: «¿eres tú el Rey, Señor?, ¿el que nosotros esperamos para liberar esta tierra y este mundo?, ¿el que colma todos los anhelos que existen en el corazón del ser humano?». «¿Es a Ti a quien esperamos?» «Porque el arma que tiene es el amor, la donación, el servicio, el buscar a quien más esté sufriendo, para arrodillarnos ante todo ser humano, porque todo ser humano es imagen de Dios».

«Esta imagen que veneramos es la imagen de Jesús. Él es la verdad. Él cambia nuestro corazón, nuestra vida. Nos atiende. Seguro que venís llenos de peticiones. Pensad que las atiende, que nos escucha». Exhortó a dejarse amar por Cristo. «Que al besar el pie del Cristo de Medinaceli, sintáis que besáis al Hijo de Dios hecho hombre, que nos da su vida para que creamos», concluyó.

Salud, la petición más frecuente

Miles de devotos están pasando a lo largo de la jornada a poner sus peticiones a los pies de este Cristo. Como Eugenia, que lleva acudiendo a esta cita desde hace más de 30 años. Haciendo cola desde las seis de la mañana bajo la lluvia, acompañada por su hijo, esperaba la llegada de su otra hija para entrar y pedir al Cristo, salud para ella y para sus hijos. O como Pilar, que acude cada primer viernes de mes a besar los pies del Cristo desde que era una cría y venía con su madre. Este año, lo hace acompañada por su hermana y sus sobrinas. Todas ellas, sin perder la sonrisa a pesar de la espera, para implorar a su Cristo «que cuide a la familia, a todas».

También Ángela lleva más de 20 años fiel a esta cita con el Jesús de Medinaceli. Desde hace unos años, acude acompañada por un grupo de 12 amigas, todas ellas procedentes del mundo de la salud. Y eso es lo que le van a pedir al Cristo: primero, salud; después, lo que salga.

Juani es un poco más explícita en sus peticiones. Esta extremeña confiesa que su devoción al Jesús de Medinaceli comenzó después de su matrimonio, cuando se vino a vivir a Madrid. Desde entonces, no ha faltado a la cita con el Cristo, a quien este año le va a pedir salud, paz, buenos gobernantes y que haya más fe en el mundo.

O Eloísa, madrileña que desde hace varios años vive en Malpica de Tajo, un pueblo al lado de Talavera. Fiel a su Cristo, desde que se fue de la capital de España no ha faltado ningún año a esta cita, acudiendo en peregrinación con vecinas de la localidad toledana. Emocionada, se despide hasta el año que viene.

O Dolores, que con sus 89 años a punto de cumplir 90, no se olvida de Jesús de Medinaceli. Desde hace cuatro años en silla de ruedas, no sale de casa nada más que para ir al médico, y para acudir a la basílica el primer viernes de marzo. «No se le pasa la fecha», asegura su hija.

Experiencia enriquecedora

Para el padre Benjamín Echeverría, provincial de los franciscanos capuchinos encargados de la custodia y atención del Jesús de Medinaceli, es «una experiencia enriquecedora». Su jornada comenzó a las doce de la noche del jueves 1 de marzo con la celebración de la primera Eucaristía en la basílica. Y, a continuación, en la cripta, atendiendo al confesionario. Confiesa que vienen muchos autobuses de peregrinos desde distintos puntos de España, aunque este año debido a las malas condiciones climatológicas, el número de peregrinaciones ha disminuido. Lo que ha beneficiado a las personas que hacen cola para entrar en la basílica y besar los pies del Cristo.

Explica que los peregrinos suelen pasar por la cripta a confesarse y después participan en la Eucaristía. Mientras que los devotos acuden a besar los pies del Cristo, a quien en muchos casos ofrecen velas y flores. «Vienen a dar gracias, a pedir al Cristo…». Asegura que «lo más bonito es la emoción con la que se acercan muchas personas. Impresiona ver sus caras ilusionadas, con lágrimas, agradecidas por el bien que les ha hecho el Cristo», a quien sobre todo piden salud y trabajo.

También Pedro, cofrade desde hace unos años, asegura que esta jornada es para él «muy emocionante». Lo que más le impresiona es «la devoción de la gente, la fe que tienen, soportando esas largas colas. Es espectacular. Y verles besando ese pie, el sentimiento que expresan… salen emocionados, con cara de felicidad».

«No acabaremos antes de las 2:30 de la madrugada», asegura feliz. Y es que, un año más, la basílica mantendrá sus puertas abiertas hasta que el último peregrino o devoto haya podido besar los pies del Cristo.

InfoMadrid

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