Consistorio Ordinario Público del Colegio Cardenalicio

consistorio19072018

19 de julio de 2018.- A las 10 horas de esta mañana, en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico Vaticano, durante la celebración de la Hora Tercia, el Santo Padre Francisco ha presidido el Consistorio Ordinario Público para la canonización del beato Nuncio Sulprizio, laico.

Durante el consistorio, el Papa ha decretado que el beato sean inscrito en el Libro de los Santos el domingo 14 de octubre de 2018, día en que también serán canonizados los beatos: Pablo VI (Giovanni Battista Montini), Sumo Pontífice; Óscar Arnulfo Romero Galdámez, arzobispo de San Salvador, mártir; Francisco Spinelli, sacerdote diocesano; Vincente Romano, sacerdote diocesano; María Catalina Kasper, virgen; y Nazaria Ignacia de Santa Teresa de Jesús (en el siglo: Nazaria Ignacia March Mesa), virge.

El Papa Francisco llegó a las 10 horas a la Sala del Consistorio donde le esperaban treintaicinco​ cardenales, entre los cuales Angelo Sodano, Decano del Colegio Cardenalicio, y Pietro Parolin, Secretario de Estado. También estaba presente el arzobispo de Pescara-Penne (diócesis de origen de Sulprizio), S.E. Mons. Tommaso Valentinetti; Mons. Luis María Rodrigo Ewart, ayudante de estudio de la Prefectura de la Casa Pontificia; padre Bogusław Stanisław Turek y monseñor Carmelo Pellegrino, respectivamente, subsecretario y promotor de la de de la Congregación para las Causas de los Santos; don Antonio Paone, postulador de la causa y párroco de San Domenico Soriano de Nápoles, donde se custodia el cuerpo del beato.

Seguidamente tuvo lugar la celebración de la Hora Tercia, con los salmos 118, 78 y 79 recitados de forma alterna y la proclamación de la lectio brevis tomada del Libro de la Sabiduría (19, 22). Después el cardenal Angelo Amato, SDB, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos ha presentado la causa y un breve perfil biográfico del joven nacido en Pescosansonesco en Abruzzo el 13 de abril de 1817 y muerto en Nápoles el 5 de mayo de 1836 con tan solo diecinueve años. Huérfano desde la primera infancia, fue confiado al cuidado de su abuela materna. A los nueve también perdió la ayuda de esta última y un tío lo llevó a trabajar a su taller como herrero. Pero la fatiga demasiado pesada para la edad lo debilitaba de salud. Debido a una herida en la tibia, fue hospitalizado primero en L’Aquila, luego en Nápoles, donde fue hospedado hasta su muerte en la casa de un coronel del ejército borbónico. León XIII lo propuso como un modelo para la juventud trabajadora.

El Papa Francisco, después de recibir la opinión de los cardenales, decidió inscribir el nombre del beato en el Libro de los santos.

Finalmente, el Maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias, monseñor Guido Marini, invitó a monseñor Leonardo Sapienza, Protonotario Apostólico, a redactar el instrumento público ad perpetuam rei memoriam.

Luego, alrededor de las 10.20 horas, el Pontífice concluyó la reunión con el rezo del Ave María.

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