Visita pastoral del Santo Padre a las diócesis de Piazza Armerina y de Palermo – Encuentro con los jóvenes

VISITA PASTORAL DEL SANTO PADRE FRANCISCO A LAS DIÓCESIS DE PIAZZA ARMERINA Y DE PALERMO CON OCASIÓN DEL 25 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL BEATO PINO PUGLISI

ENCUENTRO CON LOS JÓVENES

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15 de septiembre de 2018.- A las 17.50 horas de esta tarde, en la Plaza Politeama, el Santo Padre Francisco ha encontrado a  los jóvenes.

Al final del encuentro el Papa se trasladó al aeropuerto «Falcone-Borsellino» de Palermo – Punta Raisi en Cinisi. En el camino se detuvo brevemente en el lugar donde el juez Giovanni Falcone y su escolta fueron asesinados, depositando un ramo de flores. Llegado al aeropuerto, después de despedirse de las autoridades que lo habían recibido a su llegada, el Santo Padre partió a las 19.09 para regresar a Roma.

Ofecemos a continuación el discurso que el Santo Padre ha dirigido a los jóvenes:

Discurso del Santo Padre

Queridos amigos, buenas tardes.

Me alegra encontraros al final de esta jornada. Un día un poco cansado, pero hermoso, muy bonito. ¡Gracias a los palermitanos! Gracias por las tres preguntas. Conocía las tres preguntas y había escrito algunas respuestas, pero me gustaría enfatizar, y si se me ocurre otra idea hablar en el momento.

La primera, la tuya, era sobre cómo escuchar la voz del Señor y madurar una respuesta. Pero yo preguntaría: ¿Cómo se escucha al Señor? ¿Cómo se escucha? ¿Dónde habla el Señor? ¿Tienes el número de teléfono del Señor para llamarlo?… ¿Cómo se escucha al Señor? Os diré esto, y en serio: El Señor no se escucha estando en un sillón. ¿Entendido? Sentado, cómodo, sin hacer nada, y me gustaría escuchar al Señor. Te aseguro que escucharás cualquier cosa excepto al Señor. El Señor, con la vida cómoda, en un sillón, no puede ser escuchado. Permanecer sentados, en la vida, -escuchad esto, es muy importante para vuestra vida de jóvenes-  permanecer sentado crea interferencia con la Palabra de Dios, que es dinámica. La Palabra de Dios no es estática, y si estás estático no puedes oírlo. A Dios lo descubres caminando. Si no estás en camino para hacer algo, trabajar para otros, dar  testimonio, hacer el bien, nunca escucharás al Señor. Para escuchar al Señor debemos estar en camino, no esperando que algo suceda mágicamente en la vida. Lo vemos en la fascinante historia de amor que es la Biblia. Aquí el Señor continuamente llama a los jóvenes. Siempre, continuamente. Y le gusta hablar a los jóvenes mientras están en camino -por ejemplo, pensad en los dos discípulos de Emaús- o mientras están ocupados-  pensad en David que estaba cuidando el rebaño, mientras que sus hermanos estaban en casa tranquilos, o en la guerra. Dios detesta  la pereza y ama la acción. Grabáoslo en el corazón y en la mente: Dios detesta la pereza y ama la acción. La gente perezosa no puede heredar la voz del Señor. ¿Entendido? Pero no se trata de moverse para mantenerse en forma, de correr todos los días para entrenar. No, no se trata de eso. Se trata de mover el corazón, poner el corazón en camino. Pensad en el joven Samuel. Estaba de día y de noche en el templo, y, sin embargo, estaba en constante movimiento, porque no estaba inmerso en sus asuntos, sino a la búsqueda. Si quieres escuchar la voz del Señor, ponte en marcha, vive en búsqueda. El Señor habla a aquellos que buscan. Aquellos que buscan, caminan. Estar a la búsqueda es siempre saludable; sentirse ya llegados, especialmente para vosotros, es trágico. ¿Entendido? ¡Nunca sintáis que habéis llegado, nunca! Me gusta decir, retomando la imagen del sillón, me gusta decir que es malo ver a un joven jubilado, jubilado. ¡Es feo! Un joven debe estar en camino, no  jubilado. La juventud te empuja a esto, pero si te jubilas a los 22 años, ¡has envejecido demasiado temprano, demasiado temprano!

Jesús nos  da un consejo para escuchar la voz del Señor: «Buscad y encontraréis» (Lc 11: 9). Sí, pero ¿dónde buscar? No en el teléfono, como dije: allí las llamadas del Señor no llegan. No en la televisión, donde el Señor no tiene canal. Ni siquiera en la música ensordecedora y en el aturdimiento que atonta: allí se interrumpe la línea con el cielo. El Señor tampoco se busca en el espejo -esto es un peligro, escuchadme bien: el Señor tampoco se busca en el espejo- donde estando solos corréis el peligro de decepcionaros de lo que sois. Esa amargura que sentís, a veces, que conduce a la  tristeza: «¿Pero quién soy? ¿Qué hago? No sé qué hacer…» y te lleva a la tristeza. No. En camino, siempre en camino. No lo busquéis en vuestra habitación, encerrados en vosotros mismos para pensar en el pasado o deambular con el pensamiento en un futuro desconocido. No, Dios habla ahora en la relación. En el camino y en la relación con los demás. No os encerréis en vosotros mismos, confiad en Él, confiadle todo a Él, buscadlo en la oración, buscadlo en el diálogo con los demás, buscadlo siempre en movimiento, buscadlo en el camino. Comprenderéis que Jesús cree en vosotros más de lo que vosotros creéis en vosotros mismos. Esto es importante :Jesús cree en vosotros más de lo que vosotros creéis en vosotros mismos.  Jesús os ama más de lo que os amáis a vosotros mismos. Buscadlo en el camino: os espera. Formad un grupo, haced amigos, caminad, encontraos, haced Iglesia así, caminad. El Evangelio es escuela de vida, el Evangelio siempre nos lleva al camino. Creo que esta es la manera de prepararse para escuchar al Señor.

Y entonces, escucharás la invitación del Señor para hacer una cosa u otra… En el Evangelio vemos que a alguno le dice: «Sígueme». A otro le dice: «Ve y haz esto…». El Señor te hará escuchar lo que quiere de ti, pero sólo si no estás sentado, si estás en camino, si buscas a los otros y tratas de dialogar y hacer comunidad con otros, y sobre todo si rezas. Reza con tus palabras: con lo que te sale del corazón. Es la oración más hermosa. Jesús siempre nos llama a remar lejos: no te contentes con mirar el horizonte desde la playa, no, adelante. Jesús no quiere que te quedes sentado, te invita a salir al campo. Él no quiere que estés detrás de la escena para espiar a los demás o en las gradas para comentar : él te quiere en el escenario. ¡Entra en juego! ¿Tienes miedo de que te salga mal? Que te salga mal, paciencia. A todos nos ha pasado. Pasar vergüenza  no es el drama de la vida. El drama de la vida es no dar la cara, ¡ese es el drama! ¡ Es no dar la vida! Mejor cabalgar hermosos sueños y que algo salga mal, que convertirse en jubilados de vida tranquila -barrigones, allí, cómodos-. Mejor buenos idealistas que perezosos realistas: ¡mejor ser Don Quijote que Sancho Panza!

Y otra cosa que puede ayudaros, lo dije de paso, pero quiero repetirlo: ¡Soñad a lo grande! ¡Soñad a lo grande, grande! Porque en los grandes sueños encontrarás muchas, tantas palabras del Señor que te está diciendo algo.

Caminar, buscar, soñar… Un último verbo que ayuda a escuchar la voz del Señor es servir, hacer algo por los demás. Siempre para los demás, no replegado en sí mismo, como aquellos que se llaman: Yo, mi, me, conmigo” esa gente que vive para sí misma, pero que termina como el vinagre, tan malo…

La segunda pregunta. Veamos si escribí algo… Realmente, vuestra  isla es un lugar de encuentro de muchas culturas… Yo no conozco Sicilia, es la primera vez: He estado en Lampedusa y ahora, aquí. Incluso vuestro idioma, vuestros dialectos tienen raíces de muchos idiomas, muchos, porque ha sido una encrucijada de culturas y todas han dejado una huella cultural. Sois un pueblo [fruto del] encuentro de culturas y personas. Me gustó escucharlo, escuchar cuando dijisteis, cuando dijiste, que Sicilia está en el centro del Mediterráneo, siempre ha sido un punto de encuentro. No es solo una hermosa tradición cultural, es un mensaje de fe. Vuestra vocación seguramente será la de ser hombres y mujeres de encuentro. Encontrar y hacer que se encuentren; alentar los encuentros, porque el mundo de hoy es un mundo de confrontaciones ; de guerras, de enfrentamientos… Las personas no se entienden … Y la fe se basa en el encuentro, en el encuentro con Dios. Dios no nos dejó solos, vino a nuestro encuentro. Él viene a nuestro encuentro, Él nos precede, para encontrarse con nosotros. La fe se funda en el encuentro. Y [en] el encuentro  entre nosotros, ¿Cuánto importa la dignidad de los demás? Dios quiere que nos salvemos juntos, no solos, que seamos felices juntos, no egoístamente solos; que nos salvamos como pueblo Esta palabra, «pueblo»: vosotros sois un pueblo con una gran identidad y debéis estar abierto a todos los pueblos que, como en otros tiempos, vienen a vosotros. Con esa labor de integración, de aceptación, de respeto de  la dignidad de los demás, de la solidaridad… Para nosotros no son buenas intenciones para las personas educadas, sino rasgos distintivos de un cristiano. Un cristiano que no es solidario no es cristiano. La solidaridad es un rasgo del cristiano. Lo que falta hoy, de lo que hay hambre, es el amor: no el amor sentimental, que podemos ver en las telenovelas, sino el concreto, el amor del Evangelio. Y os diré, a ti y a todos aquellos que han preguntado contigo: ¿Cómo está tu amor? ¿Cómo está el termómetro de tu amor?

Se nos da muy bien hacer distinciones, incluso justas y buenas, pero a veces olvidamos la simplicidad de la fe. ¿Y qué nos dice la fe? «Dios ama a los que dan con alegría» (2 Cor 9, 7). Amor y alegría: esto es acogida. Para vivir no se puede solo distinguir, a menudo para justificarnos a nosotros mismos; debemos involucrarnos ¿Lo digo en dialecto? En el dialecto humano: ¡Hay que ensuciarse  las manos! ¿Entendido? Si no sois capaces de ensuciaros las manos, nunca seréis acogedores, nunca pensaréis en el otro, en las necesidades de los demás. Queridos, «la vida no se explica, ¡se vive!» Dejamos las explicaciones para más tarde; pero vivir la vida. La vida se vive. Esto no es mío, lo dijo un gran autor de esta tierra. Es aún más válido para la vida cristiana: la vida cristiana se vive. La primera pregunta es: ¿Pongo a disposición mi capacidad, mis talentos, todo lo que sé hacer? ¿Tengo tiempo los demás? ¿Soy acogedor con los demás? ¿Activo algo de amor concreto en mis jornadas?

Hoy todo parece estar conectado, pero en realidad nos sentimos demasiado aislados, distantes. Ahora os hago pensar, a cada uno de vosotros, en la soledad que tenéis en vuestro corazón: ¿Cuántas veces os encontráis solos con esa tristeza, con esa soledad? Este es el termómetro que os indica que la temperatura de la acogida, del ensuciarse las manos, de servir a los demás es demasiado baja. La tristeza es una indicación de la falta de compromiso [dice compromiso], ¡y sin compromiso nunca podréis ser constructores de futuro! ¡Debéis ser constructores de futuro, el futuro está en vuestras manos! Pensadlo bien: el futuro está en vuestras manos. No puedes llamar por  el móvil  a una compañía que os haga el futuro: el futuro lo tenéis que hacer, con vuestras manos, con vuestro corazón, con vuestro amor, con vuestras pasiones, con vuestros sueños. Con los demás.  Acogedor y al servicio de los demás.

Necesitamos hombres y mujeres reales, no personas que pretenden ser hombres y mujeres. Hombres y mujeres reales que denuncian los negocios sucios y la explotación. ¡No tengáis miedo de denunciar, de gritar! Necesitamos hombres y mujeres que viven relaciones libres y liberadoras, que amen a los más débiles y se apasionen por la legalidad, un espejo de la honestidad interna. Necesitamos hombres y mujeres que hagan lo que dicen, -hacer lo que se dice- y digan que no al gattopardismo generalizado. Hacer lo que quiero llevar adelante, y no dar una pincelada de pintura y seguir así, no. La vida no está hecha de pinceladas de pintura; la vida se hace con el compromiso, con  la lucha, con la denuncia, con la discusión, con el jugarse la vida por un ideal; en sueños… Haced así, y así se sale adelante. Ser acogedor significa ser uno mismo, estar al servicio de los demás, ensuciarse las manos y todo lo que dije. ¿De acuerdo? ¿De acuerdo, de verdad?

Y ahora, la última pregunta -escribí algo mientras hablabas…-: ¿cómo vivir la juventud en esta tierra? Me gusta decir que estáis llamado a ser albas de esperanza. La esperanza se levantará en Palermo, en Sicilia, en Italia, en la Iglesia a partir de vosotros. Tenéis en vuestro corazón y en vuestras manos la posibilidad de hacer que nazca y crezca la esperanza. Para ser albas de esperanza, hay que levantarse todas las mañanas con un corazón joven y esperanzado, luchando por no sentirse viejo, por no ceder a la lógica de lo irredimible. Es una lógica perversa: esto no funciona, nada cambia, todo está perdido… Esta es una lógica perversa, es el pesimismo, según el cual no hay salvación para esta tierra, todo está acabado. ¡No! No al fatalismo, no al pesimismo, y sí a la esperanza, sí a la esperanza cristiana. Y vosotros tenéis en vuestras manos la capacidad de generar esperanza, de mantener la esperanza. Por favor, no a la resignación! Escuchadme bien: un joven no puede resignarse. ¡No a la resignación! Todo puede cambiar «. Pero, Padre, ¿a dónde debería llamar, para cambiar todo?» Llama a tu corazón, a tus sueños, a tu capacidad de hombre, de mujer para sacar adelante un fruto. De generar. Cómo generarás un hijo o una hija mañana, de generar también una nueva civilización, una civilización acogedora, una civilización fraterna, una civilización del amor. ¡Todo puede cambiar!

Sed hijos libres. Mientras hablabas, pensaba que estamos viviendo un momento de crisis. Es verdad Todos lo sabemos. Tantas crisis diferentes, pero es el mundo el que está en crisis; muchas pequeñas guerras, pero el mundo está en guerra; muchos problemas financieros, pero los jóvenes están sin trabajo… Es un mundo de crisis; un mundo en el que también podemos ver la desorientación que te lleva a la crisis. La palabra crisis significa que te hacen bailar en la incertidumbre; la palabra crisis dice que no puedes permanecer quieto porque todo se cae, todo está perdido. ¿Cuáles son vuestros valores?

He hablado de vuestra esperanza, del futuro: vosotros sois la esperanza. He hablado del presente: vosotros tenéis la esperanza en vuestras manos. Pero os pregunto: en este tiempo de crisis, ¿tenéis raíces? Que cada uno responda en su corazón: «¿Cuáles son mis raíces?». ¿O las has perdido? «¿Soy un joven con raíces, o ya soy un joven desarraigado?». Primero, hablé de jóvenes en sillones, jóvenes jubilados, jóvenes tranquilos que no se ponen en camino. Ahora te pregunto: ¿eres un joven con raíces o desarraigado? Hablamos sobre esta tierra de tanta cultura: ¿pero estás arraigado en la cultura de tu pueblo? ¿Estás enraizado en los valores de tu gente, en los valores de tu familia? ¿O estás un poco «en el aire, un poco» sin raíces, perdona la palabra, un poco «gaseoso», sin fundamentos, sin raíces? «Pero, Padre, ¿dónde puedo encontrar las raíces?». En tu cultura: ¡encontrarás muchas raíces! En diálogo con otros… Pero sobre todo, y -quiero subrayar esto-, hablad con los ancianos. Hablad con los viejos. Escuchad a los viejos. «¡Padre, ellos siempre dicen las mismas cosas!». Escucharlos. Discutid con los viejos, porque si discutís con los viejos, hablarán más profundamente y te dirán cosas. Deben darte las raíces, raíces que luego, -en tus manos,- producirán esperanza que florecerá en el futuro. De manera diferente, pero con raíces. Sin raíces, todo está perdido: uno no puede ir y crear esperanza sin raíces. Un poeta nos dijo: «Lo que el árbol tiene de florido proviene de lo que ha enterrado», desde las raíces. Buscad las raíces.

Y si alguien piensa que los viejos son aburridos, que siempre repiten las mismas cosas, yo les aconsejo: Id donde están , dejadles hablar, discutid con ellos. Y comenzarán a deciros cosas interesantes, que os darán fuerza, os darán fuerzas para continuar. «¿Pero tengo que hacer lo mismo que ellos hicieron?» ¡No! Toma de ellos la fuerza, la pertenencia. Un joven que no tiene pertenencia  en una sociedad, en una familia, en una cultura, es un joven sin identidad, sin rostro. En tiempos de crisis debemos soñar, debemos ponernos en camino, debemos servir a los demás, debemos ser acogedores, debemos ser jóvenes para encontrarnos, debemos ser jóvenes con esperanza en las manos, con el futuro en las manos y debemos ser jóvenes que tomen de las raíces la capacidad de hacer florecer la esperanza en el futuro. Os lo pido, no seáis desarraigado, «gaseosos», porque sin raíces no tendréis pertenencia y no tendréis identidad.

Me gusta veros aquí, en la Iglesia, portadores alegres de esperanza, de la esperanza de Jesús que supera el pecado. No os diré que sois  santos, no. Sois  pecadores, todos, como yo, como todos. Pero es la fuerza de Jesús la que vence al pecado y te ayuda a seguir adelante. La esperanza que supera la muerte Soñamos y vivimos la cultura de la esperanza, la cultura de la alegría, la cultura de pertenecer a un pueblo, a una familia, la cultura que sabe cómo sacar de raíz la fuerza para florecer y dar fruto. Muchas gracias por escuchar, por vuestra paciencia… Estáis de pie… Disculpad, yo os he hablado sentado, pero a esta hora me dolían los tobillos. ¡Gracias! Y no  os olvidéis: raíces, el presente en las manos y  trabajad para la esperanza del futuro, para tener pertenencia e identidad. ¡Gracias!

Ahora me gustaría daros la bendición. Sé que entre vosotros hay jóvenes católicos, cristianos, de otras tradiciones religiosas e incluso algunos agnósticos. Por esto bendeciré a todos, y le pediré a Dios que bendiga esa semilla de inquietud que hay en vuestro corazón.

Señor, Señor Dios, mira a estos jóvenes.  Tú conoces a cada uno de ellos. Tú sabes lo que piensan, Tú sabes que quieren seguir adelante, para hacer un mundo mejor. Señor, hazlos buscadores del bien y de la felicidad; hazlos activos en su viaje y en su encuentro con los demás; hazlos osados ​​al servir; hazlos humildes para buscar las raíces y llevarlas adelante para dar fruto, tener identidad, tener pertenencia. ¡Que el Señor, el Señor Dios, acompañe a todos estos jóvenes en el camino y los bendiga a todos! Amén.

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