XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos: Intervención de Briana Regina Santiago

 

4 de octubre de 2018.- Ofrecemos a continuación la intervención de Briana Regina Santiago, de las “Apóstolas de la Vida Interior” (Estados Unidos de América), Auditora del Sínodo de los Obispos, esta mañana durante la Segunda Congregación General.

Intervención de Briana R. Santiago

Santo Padre, y todos los aquí presentes, me llamo Briana Santiago, tengo 27 años y soy de San Antonio, Texas. Acabo de comenzar el quinto año de formación con la comunidad de consagradas “Apóstolas de la Vida Interior”, y el cuarto año de estudios filosóficos y teológicos en la Pontificia Universidad Lateranense aquí en Roma.

Los jóvenes de hoy estamos en búsqueda; búsqueda del significado de la vida, búsqueda de trabajo, búsqueda de nuestro camino o vocación, búsqueda de nuestra identidad. “Los jóvenes sueñan con seguridad, estabilidad y realización personal… con  encontrar un lugar al cual puedas sentir que pertenecen” [1]. Heridos por la soledad, la fragilidad familiar y la ansiedad existencial, pedimos a la Iglesia que nos acompañe como “testimonios vivos, que evangelicen con su propia vida” [2]. Reconocemos la utilidad del “intercambio de información, ideales, valores, e intereses “que es posible a través de Internet, pero también cómo la tecnología utilizada de manera inhumana puede crear “una realidad paralela ilusoria que ignora la dignidad humana” [3].

La mayor parte de lo que acabo de enumerar es el resultado de la reflexión realizada durante la reunión pre-sinodal de marzo pasado. Participé recibiendo a los jóvenes de habla inglesa que estaban conectados a través de las redes sociales, y estuve presente físicamente entre los trescientos delegados mientras se llevaba a cabo la reflexión. Comparto con vosotros que me sorprendió la cantidad de deseos que los jóvenes teníamos en común no obstante la diferencia de proveniencia y  culturas. Había mucha alegría en aquella aula : la alegría de conocer y ser conocidos, que se sentía en las risas, las canciones y las charlas durante los descansos. Los jóvenes queremos diálogo, autenticidad, participación y allí fuimos recibidos por adultos que estaban disponibles y deseosos de saberlo lo que llevamos en nuestros corazones. Fue una experiencia de fraternidad entre personas muy diferentes, algunas de ellas también pertenecientes a otras religiones o no creyentes, que vivieron siete días de comunión y de intercambio mutuo.

Reconocemos que hay tantas necesidades en el mundo, tantos temas sobre los cuales debemos reflexionar y dialogar, y por eso estamos todavía  más agradecidos de que en este momento de la historia la Iglesia se centre en nosotros y en todo lo que nos concierne. Es un honor y para nosotros también una gran responsabilidad, ser transparentes y conscientes de nuestra fragilidad para ayudarnos no solo a nosotros mismos, sino también a las generaciones que vendrán después de nosotros.

En un nivel más personal, comparto con vosotros que el Señor me ha traído a Roma para discernir seriamente la vida consagrada, no solo porque mi familia es católica practicante, sino también gracias a cada persona que se hizo Providencia en mi camino. Mi párroco en San Antonio se convirtió en uno de nosotros, y cerca de él vi una Iglesia acogedora que cuidaba hasta del  miembro más pequeño, y me conmovió ese amor. Mis catequistas no hablaban solo de reglas, sino también de su relación personal con Cristo, que ha cambiado mi imagen de Dios de juez a Padre. Después en la universidad, conocí a una mujer consagrada que se tomó en serio todo lo que viví y me acompañó, ayudándome a rezar y desarrollar mi vida interior. Como en mi caso, creo que todos nosotros, los jóvenes, necesitamos ser primero escuchados, y luego guiados para entrar más profundamente en nosotros mismos. «En resumen, [queremos] que nos encuentren allí donde estamos “intelectual, emocional, espiritual, social y físicamente” [4].

Me uno a todos vosotros con la esperanza de que el Espíritu descienda sobre cada uno de nosotros e ilumine lo que nos acerque cada vez más a la felicidad, al encuentro con Cristo en la plenitud de la vida y el amor.

______________________

[1] Del documento final de la Reunión pre-sinodal sobre Los jóvenes, la fe y el discernimiento, 2018.

[2] Id.

[3] Id.

[4] Id.

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