Reflexión para el II Domingo de Adviento

II DOMINGO DE ADVIENTO
(Año C)

GRITA UNA VOZ

✠ Francisco CERRO CHAVES
Obispo de Coria-Cáceres

El evangelista Lucas, introduce, la figura de Juan Bautista como hijo de Zacarías, desde una realidad histórica de espacio y de tiempo, con personajes concretos, como luego se hará con la genealogía de Jesús y lo hace como la voz que clama en el desierto, una voz que grita. Ha quedado claro y no se sitúa en la ambigüedad Juan el Bautista, él no es la Palabra, sino la voz que grita. Grita conversión, grita volver al camino de los mandamientos, a la Ley del Señor.

En el Jordán, lugar de los grandes acontecimientos del pueblo de Israel y de la peregrinación de la fe, subraya que viene a “preparar el camino del Señor”. Su profunda humildad le hace que sea solamente el que prepara, el que indica que el Señor está cerca de nosotros. Allana los senderos que tantas generaciones han estropeado y dañado. La presencia de Juan viene a indicarnos el camino que debemos seguir. No nos quedemos cruzados de brazos. No pensemos que esta Humanidad no tiene solución. Sería incluso blasfemo pensar que vivimos en unja lejanía tan grande de Dios porque los acontecimientos no nos son favorables y que hay que resignarse y pensar que no tiene solución. Juan Bautista lo que hace es ser como esas señales de tráfico que nos indican la manera de llegar a nuestro destino, al encuentro con el Señor.

Pero ¿dónde se encuentra la salida para Juan?  En la conversión para el perdón de los pecados. La salida para el pueblo expectante es saber que el Señor VENDRÁ. No está lejos. Sabemos que su presencia hará que nuestra soledad no se convierta en una soledad poblada de aullidos, sino que vendrá para llenar y colmar todas nuestras esperanzas. Nunca viene el Señor para que entremos en caminos tortuosos, sino para que entremos en el camino de la Vida verdadera.

Acoger al que viene. Está cerca nuestra liberación. Hay que abrir de para en par el corazón a los que viene en su nombre y, sobre todo, al Nombre sobre todo nombre, Jesús.

Preparemos este tiempo que nos toca vivir con la esperanza cierta de que el Señor siempre cumple sus promesas. A veces se hace esperar, pero siempre irrumpe en nuestra vida con su salvación, que nos rodea por todas partes.

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