Durante la guerra de Siria, los cristianos nunca renegaron de su fe

10 de diciembre de 2018.- Este lunes, 10 de diciembre, el arzobispo sirocatólico de Alepo, monseñor Antoine Chadha, y el arzobispo de Madrid, cardenal D. Carlos Osoro Sierra, han mantenido un encuentro durante el cual el prelado sirio ha agradecido al de Madrid el donativo para la reconstrucción de su país recaudado en la colecta de celebraciones finales del Plan Diocesano de Evangelización (PDE).

Tras la reunión, ambos se han desplazado a la catedral de Santa María la Real de la Almudena. A los pies del altar de la patrona de Madrid, y ante la mirada atenta de un grupo de jóvenes procedente de un centro educativo de la archidiócesis, monseñor Chadha ha proclamado el Evangelio en lengua siria. A continuación, ha ofrecido unas palabras de esperanza, como testigo de la dureza que está viviendo en Siria durante estos años de guerra: «En Alepo pasamos cinco años de guerra; durante los que hemos vivido muchos momentos difíciles, con cortes de luz, agua, gas y comunicaciones». Cinco años «donde quedamos en las tinieblas y en la oscuridad». Sin embargo, la gente de Alepo, los cristianos de Siria, «durante este momento de dificultad, de guerra, de explosiones y de matanza, nunca olvidaron que son cristianos, nunca renegaron de su fe».

Los cristianos, ha destacado, «se mantuvieron sólidos delante del Señor, ofreciendo su vida al sacrificio y por el Evangelio». Así, a nosotros, «que estamos viendo este momento tan terrible que sufrió Siria», esto «nos hizo aprender que el sacrificio para Dios no se cuenta como un valor material, sino que es por ofrecimiento total a Jesús, quien ofreció su vida en la Cruz».

El arzobispo de Alepo ha recordado a todas las familias católicas que «quedaron en la tristeza» por perder a sus hijos, padres, amistades o familiares, y que «nunca llegaron a decir una palabra de blasfemia contra el adversario». Y lo hicieron a ejemplo de Cristo, «quien nos enseñó a perdonar y a amar hasta a nuestros enemigos». Enseñanza que «nos dejó dentro de los corazones», y que «no fue en vano».

Con dolor, monseñor Chadha ha revelado las situaciones en las que se ha encontrado «cuerpos en las calles, sangre derramada, manos y piernas cortadas». Un realidad «de esta guerra feroz» que «hemos aguantado durante muchos años, que sigue hasta hoy y que no terminó…».  Una guerra «sin necesidad», y llevada a cabo «solo por el interés personal de los poderosos».

Hoy «queremos pedir a Jesús que nos dé paz; nada más», ha destacado. «Paz en nuestro país donde nació Cristo, en Jerusalén, donde Cristo fundó su Iglesia». Nuestra Iglesia «sigue perseguida», y «continúa viviendo con este amor hacia la Cruz y hacia la salvación». Estos cristianos «que fueron matados por la Iglesia y por el Evangelio», son «la base de un nacimiento nuevo, de una cristiandad nueva, de unos cristianos sólidos en su fe». Esto, ha aseverado, «es lo que queremos decir hoy: que cuando el ser humano pasa un momento difícil, hay que aprender de ese sufrimiento para llegar a la paz». Y hoy, también, «exigimos respeto y justicia al ser humano», que «cada persona tiene derecho a vivir, a sentir, a disfrutar de esta vida con una sonrisa en la cara».

«Solo queremos que la paz reine», ha confesado monseñor Chadha. «No queremos más guerras, ni matanzas; únicamente queremos respeto, igualdad y amor, que es lo que nos enseñó Jesús». Y con esta promesa, ha pedido a todos los presente que digan al mundo que «Cristo va a seguir vivo dentro de nuestros corazones porque, si no, nuestra Iglesia no sirve». Porque «cuando tenemos a Cristo, nadie puede ir en contra de nosotros».

Esta esperanza «nos anima a seguir adelante», y «así seguiremos hasta el final». Finalmente, ha alentado a todos a rezar por ellos, como ellos lo harán por los fieles asistentes… «Y así, Cristo, reinará por la eternidad».

Acto seguido, el arzobispo de Madrid ha tenido unas palabras de saludo y agradecimiento con su homólogo de Alepo y con su iglesia martirial. A la luz de la Palabra, ha subrayado que «el Evangelio tiene tres elementos fundamentales en nuestra vida para un cristiano: sale, provoca y canta».

Ante las dificultades, la Iglesia «permanece y sigue viva», porque «la Virgen tiene una significación especial para ellos». Ella, «cuando recibió la noticia de Jesús, no se quedó en casa, se puso en camino; y lo hizo atravesando una región montañosa, difícil, con dificultades para llegar hasta donde estaba su prima Isabel». Y hoy la Iglesia sigue haciendo lo mismo, y lo hace en Alepo: «Sigue caminando, a pesar de las dificultades; allí la Iglesia sale y sigue encontrándose con las personas».

La Iglesia también «provoca», ha dicho, «pero no lo hace de cualquier manera». Ojalá los cristianos, cuando salgamos, «hagamos saltar de alegría a quienes estén a nuestro lado» y que «donde hay guerra, pongamos paz» y «donde hay odio, pongamos fraternidad, perdón y reconciliación». Y «ojalá hagamos el canto de la Virgen María, el canto del Magníficat». Un canto, tal y como ha incidido el cardenal, «que nos recuerda que lo más grande que hay es ser y sabernos hijos de Dios», y por ello «hermanos».

Los cristianos de Madrid «han dado la mano a los hermanos cristianos de Alepo». Y allí, en Alepo, ha recordado, «el arzobispo y los cristianos siguen rezando el Magníficat» y «siguen sintiendo que la grandeza más grande del ser humano está en Dios, el único Salvador que tenemos».

Finalmente, el arzobispo de Alepo ha realizado un canto en arameo a la Virgen de la Almudena, ha puesto en sus pies todos los deseos de paz que abundan en su corazón y ha realizado una ofrenda floral de acción de gracias a la patrona de Madrid.

InfoMadrid

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