Reflexión para el III Domingo de Cuaresma

III DOMINGO DE CUARESMA
Año C

CONVERTIRSE ES VIVIR

✠ Francisco CERRO CHAVES
Obispo de Coria-Cáceres

Caminando hacia la Pascua se nos vuelve a insistir en la necesidad de convertirse para no perecer.

La conversión en la Sagrada Escritura tiene como dos pulmones por donde respirar y hacer que el Corazón se transforme en sintonía con el Corazón de Cristo.

El primer pulmón por el que respirar la esperanza de la conversión es de san Juan. Convertirse está en la contemplación, en los ojos asombrados de tanto amor. Es como narra el prólogo de Juan, convertirse es como estaba el Verbo en el seno del Padre embebido contemplado el rostro de la Misericordia entrañable.

El otro pulmón de la conversión está en San Pablo, convertirse es arrancar el corazón de piedra para tener un corazón con los sentimientos del Corazón de Cristo.

La conversión en clave paulina enlaza con los profetas y las promesas del Antiguo Testamento, arrancare de cuajo el corazón de piedra y te daré un corazón de carne, capaz de asombrarse y estremecerse. La nueva alianza no estará escrita en la piedra, sino en el Corazón del Señor, cien por cien divino y cien por cien humano; por ello se le revolvían las entrañas cuando veía a las ovejas que abandonadas vagaban sin sentido por peligros y oscuridades.

Siempre la conversión a la santidad será nuestra asignatura pendiente. La advertencia de Jesús sigue siendo válida, sino os convertís pereceréis de la misma manera.

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